Las conversaciones directas entre Estados Unidos e Irán celebradas en Islamabad, las primeras desde 2015 y las de mayor nivel desde la Revolución Islámica de 1979, se han interrumpido sin alcanzar un acuerdo tras 21 horas de negociación maratoniana. El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, anunció la suspensión del diálogo en la madrugada del domingo hora local, señalando que Teherán rechazó las condiciones planteadas por Washington. No obstante, ninguna de las dos partes ha dado por roto el proceso: los equipos técnicos siguen trabajando sobre los textos propuestos y existe una oferta final sobre la mesa.
Una jornada histórica que no alcanzó el objetivo
La reunión se celebró en el hotel Serena, situado en la Zona Roja de la capital paquistaní, con Pakistán ejerciendo de mediador en un formato a tres bandas que incluyó también sesiones bilaterales directas. La delegación iraní, compuesta por más de 70 personas y encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el ministro de Exteriores, Abás Aragchí, se sentó frente a un equipo estadounidense liderado por Vance y flanqueado por los negociadores habituales de la Casa Blanca, Jared Kushner y Steve Witkoff. El simple hecho de que la cita se materializara —estuvo a punto de cancelarse en los días previos— representaba un hito diplomático tras seis semanas de conflicto armado.
Vance agradeció expresamente la labor del primer ministro y del jefe del ejército de Pakistán, a quienes calificó de "anfitriones increíbles", y reconoció que las discusiones fueron "sustantivas". Sin embargo, subrayó que persisten diferencias significativas, entre ellas la exigencia de Washington de obtener una "confirmación afirmativa de que Irán no buscará dotarse de armas nucleares". Según sus palabras, la delegación estadounidense se marchó dejando sobre la mesa "una propuesta muy sencilla" que describió como su "oferta final y definitiva".
Versiones cruzadas y desconfianza profunda
Durante toda la jornada, la información fluía de manera contradictoria. Cada detalle que divulgaba una parte era negado o matizado por la otra, evidenciando la enorme distancia entre las posiciones y la desconfianza acumulada durante décadas. Mientras un alto funcionario de la Casa Blanca confirmaba a los medios desplazados que las negociaciones seguían activas de madrugada, Irán publicaba en la red social X que las conversaciones continuarían "pese a algunas diferencias persistentes", aunque daba por cerrada la primera ronda tras más de 14 horas.
Desde Teherán, la agencia de noticias Fars atribuyó la falta de acuerdo a las "exigencias irrazonables" de Washington y señaló que el control del estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los puntos de fricción principales. No obstante, la misma fuente oficial indicó que los equipos de expertos de ambos países continúan buscando puntos en común y que el mediador paquistaní trabaja para aproximar posturas, con la intención de reanudar las conversaciones cuando los borradores estén listos.
Desde el otro lado, Donald Trump declaró en la tarde del sábado (hora de Washington) que, "independientemente de lo que suceda, ganamos", calificando las conversaciones de "muy profundas". El presidente estadounidense ha argumentado repetidamente que la República Islámica ha perdido gran parte de su capacidad militar, incluida buena parte de su fuerza aérea y su armada, y que sus instalaciones de armamento han sufrido daños graves.
Los grandes temas sobre la mesa
Las listas de demandas reflejan la complejidad del conflicto. La delegación iraní llegó exigiendo la inclusión de Líbano en cualquier alto el fuego, la descongelación de fondos y el levantamiento de sanciones, el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz y el pago de reparaciones de guerra. Estados Unidos, por su parte, insiste en la apertura del estrecho al tráfico marítimo internacional, el desmantelamiento del programa nuclear iraní, la desarticulación de su arsenal de misiles y el fin del apoyo de Teherán a grupos armados en Oriente Próximo.
El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del comercio mundial de crudo, se ha convertido en una pieza central de la negociación. De forma paralela a las conversaciones, tres superpetroleros cruzaron el paso estratégico en lo que supuso el primer tránsito significativo de crudo desde que Irán lo bloqueara. Además, según informó el Comando Central de las Fuerzas Armadas de EE. UU. (Centcom), dos destructores estadounidenses se adentraron por primera vez desde el inicio del conflicto en aguas del estrecho para iniciar una operación de retirada de minas. Teherán negó categóricamente esa presencia militar a través del portavoz del Comando General Central Jatam al Anbia, el coronel Ebrahim Zolfagari.
Según The New York Times, citando fuentes militares, Irán no habría podido reabrir Ormuz al tráfico marítimo pese a que formaba parte de sus compromisos en la tregua de 15 días pactada el martes anterior, porque no logra localizar todos los artefactos explosivos que colocó allí ni dispone de los medios para retirarlos.
Un conflicto con un coste humano y económico enorme
La reunión de Islamabad debía sentar las bases para futuras rondas negociadoras que pongan fin a un conflicto que ha dejado más de 3.000 muertos en Irán, según la Organización de Medicina Forense del país, y otros 2.000 en Líbano, además de provocar una escalada en los precios del petróleo que ha afectado a 14 países. También servía como prueba para la continuidad de la tregua entre un régimen iraní que se niega a mostrar debilidad y una Administración Trump que días antes había llegado a amenazar con "aniquilar toda una civilización".
Irán acudió sin que se hubiera producido un alto el fuego en Líbano, lo que analistas interpretan como una victoria parcial para Washington que debilita la posición de Hezbolá, la milicia aliada de Teherán que entró en la guerra hace un mes en defensa del régimen iraní. La portavoz del Gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, resumió la postura de su país antes de la reunión con una frase elocuente: "Negociaremos con la mano en el gatillo".
Pese a la retórica triunfalista de Trump, voces como la de Nate Swanson, antiguo director para Irán en el Consejo Nacional de Seguridad y actualmente analista en el Atlantic Council, advierten de que Washington también llega debilitado a esta tregua, con "graves daños a la economía global, perjuicios en las relaciones con aliados tradicionales en el Golfo y Europa, y un potencial daño permanente a su reputación internacional". El derribo de un avión estadounidense la semana pasada por parte de defensas iraníes dejó claro que la capacidad militar de Teherán no está completamente neutralizada.
El diálogo no se ha roto, pero tampoco ha avanzado lo suficiente. Lo que ocurra con la oferta final de Washington y con los borradores que manejan los equipos técnicos determinará si este primer contacto histórico fue el inicio de un proceso de paz o simplemente un paréntesis en la escalada bélica.