La economía mundial ha mantenido una sorprendente resistencia ante múltiples crisis recientes, desde la inflación postpandemia hasta conflictos geopolíticos que han afectado los mercados energéticos globales. Sin embargo, la solidez actual es en parte reflejo de una buena dosis de suerte, advierte el último Informe Económico Anual del Banco de Pagos Internacionales (BPI).
El documento señala que las economías han superado impactos significativos: una guerra comercial menos dañina de lo esperado tras las políticas arancelarias de Donald Trump, el auge de la inteligencia artificial que impulsó la inversión estadounidense y el comercio global, y un severo shock energético tras el cierre del estrecho de Ormuz por el enfrentamiento con Irán, el mayor en la historia petrolera reciente.
Esta combinación de factores ha mantenido la dinámica económica, pero a costa de generar vulnerabilidades estructurales. Cuatro debilidades claves emergen de este análisis. Primero, un aumento persistente de la inflación que pone a prueba la capacidad de los bancos centrales para estabilizar precios sin causar un daño económico mayor. Si un nuevo choque eleva la inflación de nuevo, el margen de maniobra será limitado.
En segundo lugar, existe la posibilidad de que el actual impulso inversor en inteligencia artificial se desacelere por la creciente oposición pública o por resultados inferiores a lo esperado, lo que podría provocar una caída brusca de la inversión, repitiendo patrones observados en anteriores ciclos tecnológicos.
Tercero, el escenario financiero muestra fragilidad debido a primas de riesgo muy bajas, elevados niveles de apalancamiento y el rápido crecimiento del sector no bancario, con poca regulación y creciente opacidad. El endeudamiento privado está muy cerca de niveles críticos previos a la crisis financiera de 2007.
Finalmente, la situación fiscal de los países desarrollados es preocupante. La mayoría enfrenta grandes déficits estructurales y una deuda pública que no se veía en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El aumento de los precios energéticos y el envejecimiento poblacional agravan estas tensiones, mientras los tipos de interés han dejado atrás la era de tasas cercanas a cero.
El BPI destaca, además, el papel clave y riesgoso de los hedge funds en la financiación gubernamental, que dependen de un alto apalancamiento y pueden desencadenar pánicos financieros similares a los ocurridos al inicio de la pandemia o durante la crisis de septiembre de 2022 en Reino Unido.
Para las autoridades monetarias, estos factores plantean retos considerables. Los shocks fiscales pueden restringir la política monetaria, y la respuesta a perturbaciones financieras probablemente implicará intervenciones públicas que aumentan el riesgo moral. A esto se suma la preocupación por herramientas financieras emergentes como las stablecoins, que podrían no cumplir su función monetaria en momentos críticos.
En definitiva, la economía global exhibe una resiliencia que ha sido parcialmente favorecida por la fortuna, pero esta suerte no es eterna. El fortalecimiento estructural y la potenciación de la robustez financiera y social se presentan como tareas urgentes para garantizar la estabilidad futura en un contexto marcado por incertidumbres crecientes.
Para profundizar, el informe completo del Banco de Pagos Internacionales puede consultarse directamente en su página oficial, mientras análisis recientes sobre los impactos en sectores específicos están disponibles en medios especializados como Financial Times.