La petrolera británica BP ha cesado con carácter inmediato a su presidente, Albert Manifold, a causa de "serias preocupaciones" relacionadas con su conducta, supervisión y gobernanza, informó la compañía a través de un comunicado oficial. Manifold apenas llevaba unos meses al frente de la presidencia, cargo que asumió en octubre del año pasado, y ahora abandona la empresa de manera súbita ante la gravedad de las acusaciones.
Amanda Blanc, consejera independiente sénior de BP, reconoció que Manifold había aportado dinamismo y enfoque a la transformación estratégica de la compañía, pero que el consejo se sintió "sorprendido y decepcionado" al descubrir conductas y fallos de supervisión inaceptables, lo que motivó la decisión de destituirlo. Aunque BP no ha concretado las irregularidades, el Financial Times señala que el directivo mostraba un carácter demasiado agresivo y paternalista con sus subordinados, y ejercía un control excesivo pese a no ostentar el cargo de CEO.
Además, según fuentes cercanas a BP, Manifold habría restringido el acceso a información a otros miembros del consejo y limitado la capacidad de la nueva directora ejecutiva, Meg O'Neill, de reunirse con consejeros no ejecutivos. Estos hechos causaron una tensión interna importante en el seno de la empresa.
Ian Tyler, consejero de BP, ha sido designado presidente interino mientras se busca un sustituto definitivo. Tyler aseguró que el equipo directivo mantiene la confianza en la estrategia trazada y que la compañía sigue avanzando en la mejora de resultados operativos y disciplina financiera para incrementar el valor para los accionistas.
El mandato de Manifold comenzó tras relevar a Helge Lund, en un momento marcado por problemas estratégicos y de gestión en BP. Sin embargo, su posición ya se había debilitado cuando más del 18 % de los accionistas votaron en contra de su nombramiento, tras la recomendación negativa del fondo Glass Lewis, que cuestionó la calidad de la gobernanza bajo su liderazgo.
La salida abrupta de Manifold ha afectado significativamente a la cotización de BP, que llegó a caer un 7 % en una sesión en la bolsa de Londres y finalizó el día con una caída del 4 %. La incertidumbre sobre la estabilidad interna y futuras decisiones estratégicas preocupa a los mercados.
Bajo la nueva CEO, Meg O'Neill, primera mujer al frente de la petrolera desde abril de este año, BP reportó un beneficio neto récord en el primer trimestre, impulsado por la escalada de precios del petróleo derivados del conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, la empresa sigue enfrentando retos para consolidar un rumbo estable tras varios cambios abruptos en la alta dirección en los últimos años.
La sucesión rápida de líderes muestra las dificultades para equilibrar la ambiciosa transición hacia energías más limpias con el tradicional negocio del petróleo y gas. Previamente, Bernard Looney abandonó el cargo tras problemas personales, y su sucesor, Murray Auchincloss, modificó la estrategia centrada en renovables para reforzar el negocio fósil debido a presiones financieras.
Estos vaivenes estratégicos y la reciente agitación en el consejo han provocado especulaciones en el sector. Incluso, la rival Shell consideró lanzar una oferta pública de adquisición por BP a comienzos de 2025, aunque finalmente descartó la operación.
BP se encuentra en una fase crítica, con desafíos internos y externos que exigen una gestión cohesionada para recuperar confianza y estabilidad, tanto en el consejo como frente a inversores y el mercado energético global.
Para más detalles sobre la evolución de BP y su gestión puedes consultar el análisis completo en Financial Times y las actualizaciones oficiales en la página de BP.