La temporada de resultados del segundo trimestre de 2026 ha evidenciado que la inversión masiva en inteligencia artificial está presionando la liquidez de las principales compañías tecnológicas. Meta, Alphabet, Amazon y Microsoft han elevado sus previsiones de gasto en infraestructuras de IA hasta 745.000 millones de dólares, un 75% más que en 2025, totalizando una inversión conjunta superior a un billón de dólares desde 2023.
Este incremento en el gasto de capital refleja un cambio radical en el modelo de negocio de estas empresas, que han pasado de ser plataformas con bajo uso de activos físicos a compañías que dependen intensamente de infraestructuras tangibles como centros de datos y chips especializados. Como explica Shay Boloor, estratega jefe en Futurum Equities, la IA está impulsando esta transformación hacia un modelo híbrido que requiere enormes inversiones físicas.
El impacto más visible se registra en la caída del flujo de caja libre, que se ha desplomado hasta su nivel más bajo en una década. Durante el último trimestre, solo Microsoft y Meta generaron más ingresos que gastos, mientras que Alphabet y Amazon mostraron flujos negativos. Amazon, que ha aumentado su previsión de capex para 2026 a 220.000 millones de dólares, experimentó un consumo de efectivo de 7.600 millones solo en el último trimestre.
Alphabet presentó por primera vez un flujo de caja libre negativo desde su salida a Bolsa, con una caída de 5.900 millones de dólares, reflejando la fuerte presión que supone el gasto continuado en infraestructura. La directora financiera Anat Ashkenazi reconoció que esta situación continuará hasta que se complete esta fase de construcción.
Meta también sufrió un desplome en su flujo de caja libre, cayendo un 91% respecto al año anterior, hasta apenas 784 millones de dólares, mientras que su previsión de ingresos para el siguiente trimestre decepcionó a los analistas. En cambio, Microsoft logró resultados sólidos en la nube, con un aumento del gasto de capital del 70% hasta 41.000 millones en el último trimestre y una cartera de arrendamientos de centros de datos valorada en 130.000 millones de dólares.
Esta gran oleada de inversiones responde a la creciente demanda de capacidad de cálculo para la IA, tecnología que ya comienza a generar retornos significativos en áreas como servicios en la nube y publicidad digital. Los ingresos por servicios en la nube mostraron crecimientos interanuales notables: Google Cloud aumentó un 82%, Amazon Web Services un 37% y Microsoft Azure un 43%. Meta, aunque sin negocio directo en la nube, incrementó sus ingresos publicitarios en un 28%, impulsados por la inteligencia artificial.
Además de la inversión directa, las empresas están adquiriendo compromisos financieros a largo plazo que consolidan su apuesta por la IA durante los próximos años. Meta firmó contratos por valor de 233.000 millones de dólares y sumó otros 68.000 millones en julio. Microsoft y Alphabet incrementaron sus compromisos hasta los 678.000 millones y 514.000 millones respectivamente, reflejando una demanda empresarial sólida y continua.
Este cambio pone de manifiesto una evolución estructural en el sector tecnológico. Compañías que durante años destacaron por sus modelos ligeros en activos enfrentan ahora el desafío de ser las mayores inversoras físicas del planeta. Los mercados, sin embargo, están pendientes de la capacidad de estas empresas para equilibrar un gasto elevado con la rentabilidad, una tarea que será decisiva para su desempeño en los próximos años.
La reacción en Bolsa ha sido variable: Alphabet y Meta sufrieron caídas significativas tras presentar resultados que generaron dudas sobre la sostenibilidad del gasto y la rentabilidad inmediata. En cambio, Amazon y Microsoft se beneficiaron de la confianza de los inversores gracias a los buenos resultados en sus divisiones cloud y sus sólidas carteras de contratos futuros.
Este contraste evidencia que el mercado no penaliza el gasto en IA per se, sino la falta de visibilidad sobre beneficios a futuro. Así, las grandes tecnológicas entran en una etapa en la que deberán demostrar que su milmillonaria apuesta por la inteligencia artificial puede traducirse en crecimiento sostenible y generación de valor a largo plazo. Más información en Bloomberg y Reuters, fuentes habituales para seguimiento del sector tecnológico.