El sector asegurador español afronta una reconfiguración silenciosa pero profunda. No se trata de grandes fusiones ni de adquisiciones llamativas, sino de un rediseño de las alianzas que durante años han vinculado a bancos y aseguradoras en los llamados acuerdos de bancaseguros. Tres factores convergen para acelerar ese proceso: el Compromiso Danés, la nueva norma contable internacional IFRS17 y la irrupción de la inteligencia artificial. El resultado previsible es que la banca gane peso y control en un negocio que hasta ahora ha compartido en condiciones más igualitarias con sus socios aseguradores.
El Compromiso Danés es, en este contexto, la palanca más inmediata. Esta figura regulatoria, enmarcada en la normativa de Solvencia II, permite a los bancos aplicar un tratamiento de capital mucho más favorable sobre sus participaciones en negocios aseguradores, siempre que cumplan ciertas condiciones: contar con la autorización del supervisor, disponer de un modelo de negocio integrado y, sobre todo, ejercer el control efectivo de la entidad aseguradora. Ese último requisito es el que cambia las reglas del juego. Para acceder a las ventajas de capital, los bancos necesitan dejar de ser socios minoritarios o paritarios y convertirse en accionistas de control. Entidades como Santander y BBVA ya han solicitado la aplicación de este mecanismo, lo que anticipa movimientos concretos en sus respectivas alianzas aseguradoras.
Por qué la banca quiere tomar el control
Hasta ahora, el modelo habitual de bancaseguros funcionaba con participaciones cercanas al 50% para cada parte. Los bancos aportaban la red de distribución y el acceso masivo a clientes; las aseguradoras ponían el conocimiento técnico y la gestión del riesgo. Era una relación de equilibrio que ha funcionado durante décadas. Sin embargo, el nuevo marco regulatorio introduce un incentivo claro para que los bancos superen ese umbral del 50% y asuman el control.
La lógica es financiera: si controlar más del negocio asegurador permite reducir el consumo de capital regulatorio, el retorno sobre ese capital mejora de forma directa. En un entorno donde la rentabilidad es el gran objetivo de la banca europea, acceder a ese ahorro de capital equivale a liberar recursos que pueden destinarse a otros fines o simplemente mejorar los ratios que miran los analistas. La presión para avanzar en esta dirección es, por tanto, estructural y no coyuntural.
Para las aseguradoras, la ecuación es más compleja. Perder el control de una alianza no significa necesariamente perder negocio, pero sí implica ceder la capacidad de decisión sobre aspectos estratégicos. La negociación sobre cómo se redistribuye el valor acumulado en estos acuerdos será uno de los capítulos más delicados de los próximos años en el sector.
La contabilidad y la IA como aceleradores
Más allá del Compromiso Danés, la entrada en vigor de la norma IFRS17 introduce un cambio relevante en cómo se presenta el negocio asegurador dentro de los balances bancarios. Esta norma contable internacional no altera los flujos de caja reales, es decir, no cambia cuánto dinero entra por primas ni cuánto sale por siniestros, pero sí modifica el resultado contable y, lo que es igualmente importante, hace visible el valor futuro del negocio de seguros en el balance. Para un banco que quiere mostrar a analistas e inversores un plan de negocio sólido, ese mayor reconocimiento contable es un argumento adicional para reforzar su apuesta aseguradora.
La inteligencia artificial añade otra dimensión al análisis. Su impacto en el sector asegurador es todavía más indirecto pero potencialmente muy significativo. Al mejorar el conocimiento del cliente, la IA permite afinar la suscripción de riesgos, reducir la siniestralidad y optimizar la gestión de los siniestros ya producidos. Todo ello se traduce en menores necesidades de provisiones y, en última instancia, en una reducción del riesgo percibido por los supervisores. Dado que los requerimientos de capital son proporcionales al riesgo, una aseguradora más eficiente tecnológicamente puede liberar capital de forma estructural. Las grandes compañías del sector ya están invirtiendo en estas herramientas, no para sustituir sus redes comerciales físicas, sino para potenciarlas.
Consolidación de corredurías y llegada de grandes brókers
Paralelo a la reconfiguración de los acuerdos de bancaseguros, el mercado español de distribución de seguros atraviesa su propia transformación. El capital riesgo lleva tres o cuatro años comprando corredurías medianas y pequeñas en España, repitiendo un patrón que ya se vivió hace una década en Reino Unido, Alemania y el Benelux. La diferencia de madurez entre el mercado español y los más avanzados de Europa se estima en unos siete u ocho años, lo que sugiere que el proceso de consolidación local tiene todavía recorrido.
La fase actual, centrada en corredurías de menor tamaño, debería dar paso a otra en la que emerjan tres, cuatro o cinco grandes plataformas plurinacionales capaces de operar a escala europea. Ese sería el punto de entrada natural para los grandes brókers internacionales de origen americano o asiático, que por ahora tienen una presencia limitada en Europa pero que podrían participar en la consolidación continental una vez que los campeones regionales estén formados. La salida a bolsa de alguno de estos vehículos es otra posibilidad, aunque más dependiente de las condiciones del mercado de capitales en cada momento.
España, en definitiva, está en medio de un ciclo de transformación que afecta simultáneamente a la estructura de propiedad de las alianzas aseguradoras, a la forma en que se contabiliza y gestiona el riesgo, y a los canales a través de los cuales se distribuyen los productos. Los próximos dos o tres años definirán quiénes tienen el control y en qué condiciones.