William Saliba y Gabriel Magalhães son hoy dos de los mejores centrales de Europa. Forman la columna vertebral de un Arsenal que ha liderado la Premier League durante buena parte de esta temporada y que arrolló al Atlético de Madrid por 4-0 en la fase de grupos de la Champions League, con el brasileño abriendo el marcador. Lo que pocos saben es que, antes de convertirse en piezas clave del proyecto de Mikel Arteta, ambos defensas estuvieron a punto de recalar en el Metropolitano. El artífice de ese intento fue Andrea Berta, el mismo director deportivo que ahora los gestiona en Londres.
Berta acumuló durante sus años en el Atlético de Madrid un patrón de trabajo muy reconocible: apostar por jugadores jóvenes y con proyección antes de que los grandes clubes europeos pusieran el foco en ellos, compensando así la brecha económica que separaba al conjunto rojiblanco de las potencias del continente. Esa filosofía le llevó a interesarse por Saliba en el verano de 2019, cuando el central francés tenía apenas 18 años y dos temporadas en el primer equipo del Saint-Étienne a sus espaldas, la primera de ellas siendo todavía menor de edad. Berta vio en él un central con potencial de líder defensivo, el tipo de jugador que podía suceder a la mítica pareja formada por Diego Godín y Filipe Luis Miranda, referentes del Atlético durante años.
Sin embargo, cuando el acuerdo parecía posible, el Arsenal se cruzó en la operación con una oferta de 30 millones de euros. El Atlético no pudo —o no quiso— igualar esa cifra, y Saliba firmó con los londinenses. Berta tuvo que reorientar su búsqueda y acabó incorporando a Mario Hermoso para cubrir esa posición. Hoy, con 25 años y más de 30 internacionalidades con la selección francesa, Saliba es considerado uno de los mejores defensas centrales del mundo.
Un año después, en 2020, la historia se repitió con Gabriel Magalhães. El central brasileño militaba en el Lille y acumulaba 30 partidos en la Ligue 1, suficientes para que Berta detectara en él un perfil similar al de Miranda: físico, dominador en el juego aéreo y con personalidad para liderar una línea defensiva. Las dudas giraban en torno a si sus 22 años eran suficiente garantía para rendir bajo las exigencias del Cholo Simeone, pero el italiano consideró que el potencial justificaba la apuesta. El Arsenal, de nuevo, cerró la operación antes de que el Atlético pudiera actuar, pagando 26 millones de euros, una cifra que a día de hoy parece una ganga a la vista del rendimiento del jugador.
Este patrón de frustración no fue exclusivo de la pareja defensiva. Andrea Berta vivió situaciones similares con otros objetivos durante su etapa en el Atlético. En el verano de 2023, el club rojiblanco exploró la posibilidad de incorporar a Martín Zubimendi, pero la Real Sociedad mantuvo una postura firme con una cláusula cercana a los 60 millones de euros, cifra inasumible en aquel momento para las arcas del Atlético. Con Mosquera, el interés llegó cuando el defensa del Celta tenía 19 años y una cláusula de 25 millones, y aunque el nombre llegó a ponerse sobre la mesa, el club optó finalmente por Robin Le Normand, recién coronado como campeón de Europa con España. Con Mikel Merino, el desenlace fue distinto: el centrocampista tenía decidido salir de la Real Sociedad, el Atlético esperó semanas su respuesta y al final el jugador rechazó la oferta, lo que obligó al club a activar el fichaje de Conor Gallagher en agosto de 2024.
El caso de Saliba y Gabriel ilustra con claridad las limitaciones estructurales que enfrentaba el Atlético en el mercado de fichajes frente a clubes con mayor músculo financiero. Según los datos que maneja la industria del fútbol, la diferencia de ingresos por derechos televisivos entre la Premier League y LaLiga sigue siendo uno de los factores que más condicionan la capacidad de gasto de los clubes españoles en comparación con los ingleses. En ese contexto, la estrategia de Berta de adelantarse al mercado tenía toda la lógica, aunque no siempre fue suficiente para frenar a rivales con carteras más profundas.
Lo que sí queda claro es la coherencia del ojo clínico del directivo italiano. Los cuatro jugadores que intentó sin éxito para el Atlético —Saliba, Gabriel, Zubimendi y Merino— acabaron siendo fichajes del Arsenal en distintos mercados. Berta los identificó antes que nadie, los trabajó durante meses y, en la mayoría de los casos, fue el propio Arsenal quien se los arrebató. Ahora, desde el otro lado, es él quien maneja ese presupuesto. El 4-0 en la Champions fue, entre otras cosas, un recordatorio de lo que pudo ser y no fue.