Ronda Rousey regresa a las artes marciales mixtas después de casi diez años de ausencia del octógono. Lo hace en un combate que ya genera una enorme expectación: el 16 de mayo se medirá a Gina Carano en un enfrentamiento que Netflix retransmitirá en directo y que sus promotores han bautizado como la mayor superpelea femenina en la historia de las MMA. La cita reúne a dos figuras que hace tiempo dejaron la competición para labrarse una carrera en Hollywood, pero que ahora regresan al deporte que las hizo famosas.
El anuncio de la pelea se produjo en febrero de 2026, pero las declaraciones de Rousey en los días previos al combate han disparado la atención mediática. En una entrevista concedida al portal TMZ, la luchadora estadounidense fue directa al describir su estado mental antes del combate: dejó claro que su único objetivo dentro de la jaula será imponerse a Carano por todos los medios que el reglamento permita, y que será responsabilidad del árbitro poner fin al enfrentamiento cuando llegue el momento. Las palabras, propias del lenguaje hiperbólico habitual en la promoción de combates de artes marciales, no tardaron en viralizarse.
Rousey también quiso contextualizar su motivación más allá de la rivalidad deportiva. Según explicó, el combate tiene para ella una carga simbólica: quiere que Carano, una de las pioneras de las MMA femeninas, sea testigo del nivel al que ha llegado la disciplina que ambas contribuyeron a popularizar. La luchadora describió el enfrentamiento como una oportunidad para demostrar su capacidad y, al mismo tiempo, rendir homenaje a una trayectoria compartida dentro de un deporte que durante años luchó por ganarse el respeto del gran público.
Dos carreras marcadas por el deporte y el cine
El perfil de las dos combatientes añade interés a un combate que trasciende el ámbito puramente deportivo. Ronda Rousey, de 39 años, fue durante varios años la luchadora de MMA más dominante del planeta. Campeona de la UFC en la categoría de peso gallo, protagonizó algunas de las victorias más rápidas y contundentes de la historia de la organización. Tras su retirada del octógono, dio el salto a la lucha libre profesional y se convirtió en una figura destacada de la WWE, donde compitió hasta 2023. En paralelo, desarrolló una carrera cinematográfica que incluye títulos como 'Los mercenarios 3', 'Fast & Furious 7' o 'Mile 22'. Fuera de los focos, es madre de dos hijas pequeñas.
Gina Carano, de 43 años, lleva sin competir en MMA desde 2009, lo que convierte su regreso en un reto físico considerable. Conocida en España principalmente por su papel de Cara Dune en la serie 'The Mandalorian', Carano fue también una figura relevante del deporte antes de decantarse definitivamente por la interpretación, con apariciones en producciones como 'Fast & Furious 6' y 'Deadpool'. Su trayectoria fuera del ring ha estado marcada en los últimos años por una notable exposición mediática de carácter extradeportivo, lo que ha contribuido a que su nombre mantenga una presencia constante en la conversación pública.
La WWE, una etapa cerrada para Rousey
Al margen del combate contra Carano, Rousey también ha aprovechado las semanas previas para zanjar cualquier especulación sobre un posible regreso a la lucha libre profesional. En declaraciones recogidas en el pódcast Bertcast, la deportista reconoció que su segunda etapa en la WWE no cumplió sus expectativas. Describió ese periodo como una experiencia decepcionante, ligada a lo que definió como la era de Vince McMahon, y descartó volver a la compañía en el futuro. Sus palabras suponen un cierre definitivo a un capítulo que muchos aficionados esperaban que se reabriera.
El combate del 16 de mayo llega en un momento en el que las MMA femeninas gozan de una visibilidad sin precedentes. La irrupción de nuevas generaciones de luchadoras, unida al interés de plataformas como Netflix por los eventos deportivos en directo, ha creado el escenario perfecto para que un enfrentamiento como este alcance una audiencia masiva a escala global. Si los datos de visualización acompañan, el modelo podría consolidarse como una vía habitual para grandes eventos de artes marciales fuera del circuito tradicional de la UFC o Bellator.
Por el momento, la expectación está servida. Rousey y Carano representan dos generaciones y dos estilos distintos dentro de un deporte que ellas mismas contribuyeron a construir. Lo que ocurra el 16 de mayo dentro del octógono determinará si el regreso de ambas es recordado como un episodio glorioso o como una nota al pie en sus respectivas carreras.