El cambio en el reglamento de motores de la Fórmula 1 para la temporada 2027 continúa sin un acuerdo definitivo. Se pretendía modificar la proporción de potencia entre motor de combustión interna y sistema eléctrico, pasando del actual 50/50 a un 60/40, aumentando el flujo de combustible. Esta propuesta cuenta con el respaldo de la FIA, la mayoría de los pilotos y parte de la afición tradicional.
La idea principal detrás de esta modificación es evitar técnicas de aceleración agresiva y el uso de energía insuficiente en los momentos críticos, buscando carreras más limpias y competitivas. Sin embargo, no todos los equipos están alineados, y para que el cambio sea aprobado hacen falta al menos cuatro votos favorables de los cinco fabricantes involucrados.
James Vowles, jefe de Williams y equipo cliente de Mercedes, ha sido claro en describir las divisiones que persisten entre las escuderías. Tras la reunión durante el Gran Premio de Canadá, señaló que aunque todos los equipos siguen negociando, el consenso aún no se ha alcanzado. La discusión se centra en qué modificaciones pueden implementarse ya en 2027 y cuáles podrían postergarse para 2028.
Honda ha mostrado flexibilidad, aceptando la decisión mayoritaria, mientras que Mercedes y Red Bull están plenamente a favor del nuevo sistema. Por su parte, Ferrari y Audi manifiestan reservas importantes. Estos fabricantes temen que el incremento del flujo de combustible y las correspondientes modificaciones en el chasis, necesarias para adaptarse a depósitos de combustible de mayor tamaño, desvirtúen sus planes de desarrollo ya establecidos para 2027.
Actualmente los coches están diseñados para una distribución igualitaria de potencia entre motor térmico y eléctrico, y un aumento en el flujo de gasolina obliga a rediseñar componentes clave como el depósito de combustible y el sistema eléctrico. Sin embargo, Vowles indica que se estudian soluciones intermedias para evitar un impacto demasiado grande en el chasis y asegurar la viabilidad técnica.
Esta división ha obligado a plantear posibles vías alternativas con cambios menos agresivos que podrían permitir avanzar sin afectar profundamente los planes de desarrollo de ciertos equipos. Pero sin un acuerdo unánime, la implementación final de la nueva normativa para 2027 corre peligro.
El tema es especialmente relevante porque Max Verstappen ha expresado que el futuro de Red Bull en la Fórmula 1 depende de estas decisiones sobre las unidades de potencia. La incertidumbre sobre el reglamento podría condicionar el calendario competitivo y tecnológico a partir de la próxima temporada.
Para contextualizar, los motores híbridos actuales surgieron con una regulación que les daba un equilibrio estricto entre potencia térmica y eléctrica, con miras a la sostenibilidad y la eficiencia. Esta nueva propuesta busca regresar a un mayor protagonismo del motor de combustión, pero con una tecnología más limpia y segura. Aún así, el debate sobre cómo lograr esta transición sin perjudicar a ciertos fabricantes sigue abierto.
La próxima semana se espera un nuevo encuentro decisivo, donde los equipos intentarán cerrar un pacto para definir el rumbo técnico de la Fórmula 1 en los próximos años. La fortuna de la categoría y el desarrollo de la tecnología en competición podrían depender de ese acuerdo, que ahora mismo está más cerca del fracaso que de la unanimidad.
Para seguir la evolución de esta situación, puede consultarse la página oficial de la FIA, donde se publican las normativas y comunicados, además de las declaraciones de los equipos en las ruedas de prensa tras cada gran premio.