Edna Imade irradia una mezcla poco habitual de determinación y cercanía. Con 179 centímetros de altura y raíces que cruzan tres continentes —Nigeria, Marruecos y España—, la delantera del Bayern de Múnich se ha convertido en pocos meses en una de las referencias de la selección española femenina. Dos goles en cuatro partidos avalan su impacto, pero su historia va mucho más allá del marcador.
Nació en Marruecos de padres nigerianos y llegó a España con apenas tres meses. Criada en el país, formada aquí y con el pasaporte ya resuelto tras meses de gestiones burocráticas, Imade eligió jugar con la Roja cuando Nigeria y Marruecos también llamaron a su puerta. «Tenía claro que quería jugar con España y fue la mejor decisión que tomé», afirma sin dudarlo. La seleccionadora Montse Tomé fue quien dio el primer paso antes de la Eurocopa de 2025, pidiéndole paciencia mientras se resolvían los trámites. Esa espera mereció la pena.
Su salto al FC Bayern de Múnich femenino en enero de 2026 ha sido tan vertiginoso como exitoso en lo estadístico: siete goles y una asistencia en su estreno. Sin embargo, la propia jugadora reconoce que la adaptación al fútbol alemán, al vestuario y a un estilo de juego diferente sigue en proceso. El idioma tampoco ayuda: «El alemán es muy difícil. Me estoy centrando en el inglés, que es el que habla todo el mundo en el equipo», bromea. El club bávaro afronta el tramo final de temporada con opciones reales de ganar la Bundesliga, la DFB Pokal y la Champions League, donde se cruzará en semifinales con el Barcelona.
Antes de ese duelo europeo, Imade tiene un compromiso ineludible con la selección: el partido ante Inglaterra en Wembley, decisivo en la clasificación para el Mundial Femenino de 2027 que se disputará en Brasil. «Jugar en estadios como Wembley es el sueño de cualquier futbolista», reconoce, aunque advierte que el equipo prefiere ir partido a partido sin mirar demasiado lejos. «Si Dios quiere, espero poder disfrutar de un Mundial al menos una vez en mi vida», añade con convicción. La fe forma parte de su discurso con naturalidad: «Creo que Dios me ha dado el don del fútbol para ayudar a mi familia».
Esa familia —su madre Floren y su hermano Paul— es el motor que mueve todo. «Son los pilares principales de mi vida. Todo lo que hago es pensando en ellos», dice. Su hermano ha vivido episodios de racismo similares a los que han sufrido jugadores como Vinicius Jr. o Lamine Yamal en el fútbol masculino, pero Edna asegura no haber sufrido incidentes graves de forma personal. Sobre si España es un país racista, su respuesta es directa: «Yo creo que no. A mí me han tratado muy bien aquí y estoy muy agradecida por eso». Quienes cometen esos actos, matiza, «son una minoría que no representa a ningún país».
Fuera del campo, Imade se define como sencilla, familiar y trabajadora. De pequeña soñaba con regatear como Ronaldinho o Neymar; ahora mira a Haaland, Kane o Lukaku como referentes para su posición. Una evolución que resume perfectamente su trayectoria: de las virguerías del barrio a perseguir títulos con el club más laureado de Alemania y un sueño mundialista con España.