Samsung lleva años dominando la gama media con su serie Galaxy A, y el nuevo Galaxy A57 intenta mantener ese liderazgo. Con un precio de 559 euros, se posiciona como una opción razonable para quienes buscan un teléfono completo sin llegar a los 700 u 800 euros de la gama alta. La pregunta es si la propuesta justifica ese desembolso frente a rivales cada vez más agresivos.
En diseño, el A57 sigue la línea visual característica de Samsung: bordes rectos, módulo de cámara prominente y un acabado que recuerda a los modelos Galaxy S de gama premium. La trasera, que el fabricante describe como Corning Gorilla Glass Victus+, ofrece resistencia sobre el papel, pero en la práctica acumula huellas y polvo con facilidad. La versión azul oscuro analizada es especialmente propensa a esto. Además, la sensación en mano es algo resbaladiza, lo que prácticamente obliga a usar una funda que, por cierto, no viene incluida en la caja.
Los botones están bien distribuidos en el lateral derecho y resultan accesibles, aunque manejar el dispositivo con una sola mano es complicado por su tamaño de 6,7 pulgadas. El reconocimiento facial funciona bien con luz suficiente, pero falla en entornos oscuros al carecer de sensores 3D. Más llamativo es el sensor de huellas integrado en pantalla: su lentitud resulta perceptible en el día a día, obligando a mantener el dedo apoyado durante un par de segundos, algo que contrasta con el rendimiento de otros modelos de la misma marca.
Pantalla y rendimiento
Donde el A57 brilla con más claridad es en la pantalla. Su panel AMOLED de 6,7 pulgadas con resolución FullHD+ (2.340 x 1.080 píxeles), refresco adaptativo de hasta 120 Hz y un brillo máximo de 1.200 nits ofrece una experiencia visual muy por encima de lo habitual en este rango de precio. Los colores están bien calibrados, los ángulos de visión son amplios y la fluidez al hacer scroll o jugar es notable. Los altavoces son correctos y admiten Dolby Atmos, aunque a volumen alto aparece algo de distorsión.
Bajo la carcasa trabaja el Exynos 1680, el SoC de gama media fabricado en proceso de 4 nanómetros, acompañado de 8 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento interno. En tareas cotidianas —mensajería, redes sociales, navegación, streaming— el rendimiento es completamente fluido y sin tirones. El problema llega con los juegos más exigentes: los gráficos deben bajarse de los ajustes máximos y las caídas de fotogramas son frecuentes. La temperatura sube en esas situaciones, aunque sin llegar a niveles preocupantes. En pruebas comparativas frente a rivales como el Google Pixel 10a o el Nothing Phone (4a) Pro, el A57 queda igualado o ligeramente por debajo en la mayoría de benchmarks, salvo en PCMark Work, donde sorprende superando a todos.
Batería, software y cámara
La batería de 5.000 mAh es uno de sus puntos fuertes. Aguanta sin problema una jornada completa de uso intenso y puede estirarse a día y medio con un uso más moderado. La carga rápida de 45 W es una ventaja competitiva en este segmento, aunque la ausencia de carga inalámbrica puede decepcionar a quienes vienen de gamas superiores.
En software, el A57 llega con One UI 8.5 basado en Android 16, lo que lo convierte en uno de los primeros de su categoría en estrenar la última versión del sistema operativo de Google. Samsung ofrece actualizaciones garantizadas durante varios años, lo que añade valor a largo plazo. La capa de personalización es madura, con opciones de accesibilidad, ajuste de pantalla y funciones de IA integradas para tareas como edición de fotos o resumen de textos.
La cámara, sin embargo, es el apartado que menos convence. El sistema trasero se compone de un sensor principal de 50 MP (f/1.8), gran angular de 12 MP (f/2.2) y macro de 5 MP (f/2.4). Los resultados en condiciones de buena luz son correctos, con buena gestión del color y detalle aceptable. El modo noche funciona, aunque sin destacar especialmente. El gran angular pierde calidad en los bordes y el macro es el sacrificado habitual en estas configuraciones. Lo más llamativo es que la evolución respecto a modelos anteriores de la misma gama es mínima, algo que puede decepcionar a quienes esperaban un salto real.
En resumen, el Samsung Galaxy A57 es un móvil equilibrado que cumple con solvencia en los apartados donde más importa: pantalla, batería y software. Sus debilidades —sensor de huellas lento, cámara sin avances relevantes y diseño que ensucia con facilidad— no lo descalifican, pero sí abren la puerta a que rivales como el Nothing Phone (4a) Pro o el Redmi Note 15 Pro+, generalmente más baratos, resulten más atractivos según las prioridades de cada usuario.