Diez personas en el mundo han logrado eliminar el VIH de su organismo. El último caso documentado corresponde a un hombre noruego de 62 años, bautizado como el 'paciente de Oslo', que lleva cuatro años sin terapia antirretroviral y sin señales del virus en su cuerpo. Los resultados han sido publicados en Nature por el consorcio internacional IciStem 2.0, liderado desde el Hospital Universitario de Oslo y con participación del centro de investigación español IrsiCaixa.
El caso sigue un patrón reconocible para los investigadores: el mismo que abrió la puerta a toda esta línea de trabajo cuando el 'paciente de Berlín' se convirtió en el primero en curarse en 2009. El noruego recibió el diagnóstico de VIH a los 44 años y, en 2020, desarrolló un cáncer hematológico grave que obligó a los médicos a realizar un trasplante de células madre para reconstruir su sistema inmunitario. Esa intervención, pensada para tratar el cáncer, acabó siendo también la clave para erradicar el virus.
Por qué este trasplante fue diferente
El elemento decisivo no fue el procedimiento en sí, sino el donante: el propio hermano del paciente, portador de una mutación genética poco frecuente llamada CCR5-delta32. Esta variante modifica los receptores de los linfocitos T, que son las células de defensa que el VIH utiliza como puerta de entrada para infectar el organismo. Con la mutación presente, el virus pierde esa vía de acceso y no puede anclar, ni replicarse, ni cronificarse. Al reemplazar el sistema inmunitario del paciente con células portadoras de esa alteración, los médicos reiniciaron sus defensas haciéndolas estructuralmente resistentes al VIH.
Dos años después del trasplante, el equipo médico retiró la terapia antirretroviral bajo una monitorización estricta. Los análisis posteriores no detectaron ADN viral ni en sangre periférica ni en biopsias de tejido intestinal, un tejido que actúa habitualmente como reservorio oculto del virus. Cuatro años después de retirar el tratamiento, el paciente sigue libre de infección activa.
El papel de la ciencia española
El equipo de IrsiCaixa ha tenido un peso específico en este proceso. El centro, con sede en Badalona y referente en investigación sobre el VIH en Europa, monitoriza actualmente a 40 participantes en condiciones similares dentro del consorcio IciStem 2.0. Su trabajo consiste en analizar con detalle los reservorios virales y evaluar si la remisión se mantiene en el tiempo, lo que aportará datos fundamentales para entender qué condiciones son necesarias para que la erradicación sea duradera.
Este tipo de seguimiento científico es lo que permite pasar de un caso anecdótico a una base de evidencia sólida. Con diez casos documentados, los investigadores ya disponen de un patrón lo suficientemente consistente como para extraer conclusiones y orientar las próximas líneas de investigación.
Lo que no es: una cura universal
El entusiasmo que generan estos resultados tiene un límite claro que los propios científicos se encargan de subrayar. El trasplante de células madre hematopoyéticas es un procedimiento de alto riesgo que deja al paciente temporalmente sin sistema inmunitario, expuesto a infecciones oportunistas y con una tasa de mortalidad elevada. Solo se justifica éticamente cuando el paciente ya enfrenta un cáncer hematológico potencialmente mortal, como ocurrió en los diez casos documentados hasta ahora.
Aplicarlo de forma generalizada a personas que viven con VIH sin otra patología grave sería clínicamente injustificable. Las personas seropositivas que siguen tratamiento antirretroviral hoy en día tienen una esperanza de vida comparable a la de la población general y pueden llevar una vida completamente normal. Sustituir esa rutina farmacológica por un trasplante de alto riesgo no es una opción razonable en el estado actual del conocimiento.
El camino que abre hacia terapias futuras
Donde sí reside el valor transformador de estos diez casos es en lo que señalan como dirección de investigación. Comprender cómo la mutación CCR5-delta32 bloquea el virus permite imaginar formas de replicar ese efecto sin necesidad de un donante externo. Tecnologías como CRISPR, capaz de editar el genoma con precisión, o las terapias CAR-T, que reprograman células del propio paciente, apuntan en esa dirección. El objetivo sería inducir en el organismo de cualquier persona con VIH la misma resistencia que tiene de forma natural quien porta la mutación, de manera segura, escalable y sin trasplante.
Esa meta sigue estando lejos, pero la medicina dispone ahora de diez pruebas de que la erradicación del VIH no es solo teórica. Es posible. Y eso cambia el punto de partida de toda la investigación que viene.