Poco antes de la medianoche del domingo, cuando los resultados aún se estaban consolidando en Budapest, Volodímir Zelenski ya había publicado su mensaje de felicitación a Peter Magyar y al partido Tisza. La velocidad del gesto no era casual. Con la derrota de Viktor Orbán y su partido Fidesz, Ucrania ve abrirse una ventana diplomática que llevaba años cerrada a cal y canto.
En las calles de la capital húngara, miles de personas celebraban el resultado con el grito «Ruszkik haza!», que en español vendría a ser «¡Rusos, a casa!». Una consigna cargada de historia: fue la misma que lanzaron generaciones húngaras durante la revolución de 1956 contra la ocupación soviética. Que reapareciera en 2026 no es un detalle menor: habla de cómo una parte significativa de la sociedad húngara ha interpretado la política exterior de Orbán durante los años del conflicto en Ucrania.
En su mensaje en redes sociales, Zelenski fue directo: «Estamos listos para reuniones y trabajo conjunto constructivo en beneficio de ambas naciones». Una frase breve pero con mucho peso político, dado el estado de las relaciones bilaterales durante el mandato del líder saliente. Orbán había bloqueado o frenado sistemáticamente varios mecanismos de ayuda a Ucrania dentro de la Unión Europea, utilizando su posición en el Consejo para ejercer una influencia que muchos socios europeos consideraban alineada con los intereses de Moscú.
El obstáculo que Magyar puede despejar
El asunto más urgente en la agenda ucraniana tiene nombre y cifra: 90.000 millones de euros. Ese es el volumen del crédito europeo que Ucrania necesita para sostener su esfuerzo de guerra y que, según diversas fuentes diplomáticas europeas, ha encontrado trabas relacionadas con la postura húngara dentro de las instituciones comunitarias. La llegada de un nuevo ejecutivo en Budapest, con una orientación proeuropea y crítica con Moscú, podría cambiar el mapa de apoyos internos en la UE de forma sustancial.
El partido Tisza, liderado por Magyar, se ha presentado durante la campaña como una alternativa a lo que denominaba la deriva autoritaria y el acercamiento a Rusia de Orbán. Si esa posición se traslada a la política exterior real, Ucrania pasaría de tener un vecino incómodo a un potencial aliado dentro del bloque europeo, algo que tendría consecuencias directas en los debates sobre financiación y armamento que se siguen produciendo en Bruselas.
La Unión Europea lleva meses intentando articular paquetes de apoyo más ágiles para Kiev, y Hungría ha sido señalada repetidamente como un escollo en ese proceso. Un giro en la política exterior de Budapest no resolvería todos los problemas, pero eliminaría una de las piezas de bloqueo más visibles del tablero diplomático.
Un cambio con implicaciones regionales
La derrota de Orbán no es solo un asunto húngaro. En el contexto de la guerra en Ucrania y de las tensiones dentro de la propia Unión Europea, el cambio de gobierno en Budapest tiene lecturas que van más allá de las fronteras nacionales. Durante años, el líder de Fidesz construyó una red de relaciones con formaciones de extrema derecha y con gobiernos como el de Bielorrusia o la propia Rusia que le colocaron en una posición singular dentro de la UE: formalmente dentro del bloque, pero con una política exterior que chocaba frontalmente con la mayoría de sus socios.
Países como Polonia, que ya completó su propio giro político tras las elecciones de 2023, o los Estados bálticos, que han sido los más firmes defensores del apoyo a Ucrania, verán con alivio el resultado húngaro. La posibilidad de un frente europeo más cohesionado en torno al conflicto se percibe como una señal positiva tanto en Kiev como en varias capitales occidentales.
Aun así, conviene no precipitarse. Magyar todavía tiene que formar gobierno, definir su equipo diplomático y trasladar su discurso de campaña a decisiones concretas. Los cambios de política exterior después de elecciones son procesos graduales, y Hungría mantiene intereses económicos y energéticos con Rusia que no desaparecen de un día para otro. Según los datos disponibles sobre dependencia energética en Europa del Este, varios países del entorno aún gestionan transiciones complejas en sus relaciones con proveedores rusos de gas.
Lo que sí es inmediato es el simbolismo. Que Zelenski felicitara a Magyar en cuestión de horas, y que lo hiciera con una invitación explícita a colaborar, marca el tono que Ucrania quiere dar a la nueva etapa. Kiev necesita aliados, necesita financiación y necesita que la UE funcione sin vetos cruzados. Con Orbán en la oposición, al menos uno de esos frentes parece más despejado que hace 48 horas.