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Keiko Fujimori, a un paso de la presidencia de Perú

La líder de Fuerza Popular gana la primera vuelta y se enfrenta a López Aliaga en el balotaje, lo que puede diluir el voto antifujimorista.

Por Carlos García·martes, 14 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·4 min lectura·1 vistas
Ilustración: Keiko Fujimori, a un paso de la presidencia de Perú · El Diario Joven

Keiko Fujimori ha ganado la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas y se convierte así en la favorita para alcanzar la presidencia del país en su cuarto intento. La líder de Fuerza Popular, hija del expresidente Alberto Fujimori, no había logrado superar la segunda vuelta en ninguna de sus anteriores candidaturas —2011, 2016 y 2021—, pero el escenario político que se abre ahora presenta diferencias relevantes respecto a esos ciclos.

El elemento que más puede condicionar el resultado del balotaje es la identidad de su rival. Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y candidato de derecha, ha conseguido el segundo puesto suficiente para disputar la segunda vuelta. Este hecho altera una dinámica que ha marcado la historia electoral reciente del país: el llamado voto «antifujimorista», que en anteriores ocasiones se movilizó de forma masiva en torno a candidatos de perfil muy distinto —desde Ollanta Humala hasta Pedro Castillo— con el único objetivo de impedir que Keiko llegara al poder.

Con López Aliaga como contrincante, esa coalición de votantes heterogéneos que habían encontrado en el «antifujimorismo» su único denominador común se fragmenta. Muchos de quienes votaron contra Fujimori en elecciones anteriores no se sienten identificados con el candidato de derecha dura, lo que podría traducirse en abstención o en un voto reluctante hacia la propia Fujimori, algo impensable en los ciclos electorales previos.

Perú lleva más de una década inmerso en una inestabilidad política estructural. Desde 2016, el país ha tenido seis presidentes diferentes, varios de ellos destituidos por el Congreso o inhabilitados judicialmente. Pedro Castillo, elegido en 2021 tras imponerse precisamente a Keiko Fujimori en segunda vuelta, fue detenido en diciembre de 2022 tras intentar disolver el Parlamento de forma inconstitucional. Su sucesora, Dina Boluarte, ha completado el mandato entre protestas sociales y una popularidad muy reducida, según diversas encuestas publicadas en medios peruanos.

En ese contexto, una hipotética victoria de Fujimori cerraría un ciclo de lo que muchos analistas definen como «impasse» político: la incapacidad del sistema para generar gobiernos estables con mayorías parlamentarias funcionales. Fuerza Popular, el partido que ella dirige, ha protagonizado en los últimos años un papel principalmente obstruccionista desde el Congreso, utilizando su peso legislativo para bloquear o condicionar a los ejecutivos de turno. Gobernar desde la presidencia implicaría un giro de rol sin precedentes para la formación.

La trayectoria personal de Keiko Fujimori también pesa en su candidatura. Ha enfrentado varios procesos judiciales por presunta corrupción y lavado de activos relacionados con la financiación de sus campañas electorales, casos que permanecen abiertos en distintas instancias. Sus defensores argumentan que se trata de una persecución política; sus críticos señalan que los expedientes judiciales son una sombra que no debería ignorarse a la hora de valorar su idoneidad para el cargo. La Fiscalía peruana ha mantenido abiertas diversas investigaciones en su contra, aunque Fujimori ha negado siempre cualquier irregularidad.

El legado de su padre, Alberto Fujimori —fallecido en septiembre de 2023 tras ser liberado por razones humanitarias—, sigue siendo uno de los ejes de la polarización política peruana. Para una parte de la sociedad, representa modernización económica y victoria contra el terrorismo de Sendero Luminoso en los años noventa. Para otra, encarna graves violaciones de derechos humanos y corrupción sistémica, avaladas por sentencias judiciales firmes. Keiko arrastra ese legado de forma inevitable, lo que explica en gran parte la intensidad del rechazo que ha generado históricamente en las urnas.

Ahora, la segunda vuelta se presenta como la oportunidad más clara que ha tenido hasta la fecha. Si el voto «antifujimorista» no encuentra en López Aliaga un receptor natural, la aritmética electoral podría inclinarse por primera vez a su favor. Las próximas semanas determinarán si esa ventana se consolida o si Perú vuelve a repetir el patrón de los últimos quince años: una segunda vuelta reñida en la que el rechazo a Fujimori termina siendo el factor decisivo.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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