Las rutas trashumantes entre Asturias y Babia, conocidas por la "alzada de Torrestío", han marcado durante siglos la vida de familias rurales dedicadas a la ganadería. Esta histórica travesía, que unía los valles asturianos con Torrestío, en León, vuelve a ser protagonista gracias a la reciente publicación del libro "La Alzada de Torrestío donde humanos y ganado dejaron huella" y a un coloquio celebrado el 22 de junio en el Club de Prensa, donde se abordaron relatos, memorias y la recuperación de estos caminos ancestrales.
El evento contó con la participación de Teresa Rodríguez, coordinadora de la obra y descendiente de una familia vaquera; María Luisa Pola, presidenta de la Asociación Vaqueros de Alzada de Torrestío; Jaime Izquierdo, geólogo y escritor; Isabel Méndez, alcaldesa de Las Regueras, y Celso Peyroux, escritor y cronista oficial de Teverga. La mesa redonda sirvió para intercambiar experiencias sobre la trashumancia y destacar la importancia cultural, patrimonial y ambiental de estos trayectos tradicionales.
El viaje trashumante: una herencia viva
Cada primavera, las familias vaqueras emprendían una travesía de dos o tres días hacia Torrestío, guiando su ganado y transportando pertenencias en caballos, mulas o "vaca noble", un animal en el que incluso llevaban los bebés de la familia en cestas improvisadas. Durante la ruta, hacían noche en casas de familiares, terrenos comunales, capillas o sencillos refugios junto al camino, rememorando prácticas heredadas durante generaciones. Esta trashumancia concluía habitualmente en otoño, cuando las primeras nieves obligaban a regresar a zonas costeras más templadas, conocidas como las "marinas" asturianas.
Históricamente, Torrestío fue un concejo independiente hasta el siglo XIX. Sus habitantes vivieron ligados a la ganadería trashumante y a una agricultura de subsistencia condicionada por el duro clima de montaña. Estas costumbres, según destacan la Asociación Vaqueros de Alzada de Torrestío, forman parte de una identidad rural asturleonesa en riesgo de desaparecer.
Recuperando las rutas históricas
Desde 2014, varias asociaciones y ayuntamientos impulsan la recuperación de estos trayectos. La iniciativa partió del entonces alcalde de San Emiliano, Basilio Barriada; la alcaldesa de Las Regueras, Maribel Méndez; y María Teresa Rodríguez, quienes promovieron la recreación anual de la ruta y fundaron la Asociación Ruta Vaqueros de Alzada de Torrestío (Ruvat). El objetivo es rescatar el valor social y cultural de la trashumancia, reivindicando su función ecológica y turística en la actualidad.
Por medio de marchas y actos divulgativos, la asociación ha conseguido redescubrir diversos itinerarios: la vía que cruza Quirós, la que sigue parte de la Calzada de la Mesa, la ruta entre Teverga y Puerto Ventana y el antiguo camino que recorre La Focella y Las Navariegas hasta Torrestío. Estas sendas, muchas con origen romano o medieval, son hoy objeto de iniciativas para su promoción como rutas de senderismo, contribuyendo a dinamizar el medio rural.Según el Ministerio de Agricultura, la trashumancia mantiene un relevante papel en la biodiversidad y la conservación del paisaje.
Entre las actividades más recientes destaca la edición del libro, que recopila testimonios de pastores, relatos de vivencias familiares y referencias a tradiciones transmitidas oralmente. Estas historias permiten comprender cómo se organizaba la vida en el medio rural, la importancia de la colaboración vecinal y la adaptación a un entorno montañoso exigente.
Un patrimonio cultural en evolución
La recorrida de la alzada no solo sirve para dar visibilidad a la riqueza antropológica de la región, sino que también plantea desafíos actuales: el relevo generacional, el abandono de pueblos y la necesidad de conservar senderos y espacios comunales. Las administraciones implicadas, como el Ayuntamiento de Las Regueras, han mostrado su apoyo a estas iniciativas, que suman turismo rural a la preservación de la memoria colectiva.
El interés por estas rutas ha crecido entre jóvenes, senderistas y amantes de la historia, que encuentran en la reconstrucción de la trashumancia una forma alternativa de acercarse a la naturaleza y a las raíces locales. A través de proyectos de divulgación y edición de libros, el objetivo es transmitir el relato de los vaqueros de alzada y fomentar actividades sostenibles que ayuden a revitalizar la vida rural.
La alzada de Torrestío simboliza, en definitiva, un modo de vida que afronta el reto de mantenerse vigente en el siglo XXI. Las rutas recuperadas, el reconocimiento institucional y la revalorización del patrimonio inmaterial son claves para asegurar que la historia de los vaqueros siga siendo conocida y apreciada por las nuevas generaciones en Asturias y León.