La guerra entre Rusia y Ucrania, que arrancó con la invasión ordenada por Vladímir Putin el 24 de febrero de 2022, sigue marcada esta semana por una escalada tecnológica en el uso de drones y por movimientos diplomáticos que redefinen los apoyos a Kiev.
En el frente ruso, la corporación armamentística Rostec anunció que ha probado con éxito un sistema capaz de coordinar hasta diez drones de asalto de forma simultánea, compartiendo datos de inteligencia en tiempo real y seleccionando objetivos de manera automática. Los prototipos están basados en el modelo Supercam y, según la propia empresa, ya superaron las pruebas en polígono con impactos satisfactorios en los blancos designados. Es un salto cualitativo que preocupa a los analistas de defensa occidentales.
En paralelo, la Fuerza Aérea ucraniana informó de que Rusia lanzó 98 aparatos no tripulados en una sola noche, entre ellos drones Shahed, Gerbera e Italmas, desplegados desde varias regiones rusas y desde Crimea. Las defensas ucranianas lograron neutralizar 87 de ellos, aunque nueve impactaron en distintas localizaciones. Moscú, por su parte, cifró en 33 los drones ucranianos derribados por sus propias defensas antiaéreas en las horas posteriores al fin de la tregua pascual.
En el plano diplomático, España ratificó su compromiso con Ucrania. La ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó en una videoconferencia con su homólogo ucraniano que Madrid aportará 1.000 millones de euros en asistencia militar durante 2026, con sistemas de defensa antiaérea y drones entre los materiales comprometidos. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, destacó además que Irak ha solicitado colaborar en materia de seguridad con Kiev, sumándose a otros países de Oriente Próximo y el Golfo.
Desde el norte de Europa llegan también novedades relevantes. La Policía finlandesa confirmó que un dron con explosivos hallado en un bosque del municipio de Iitti era de origen ucraniano, igual que otros tres encontrados en marzo en la misma zona. Las autoridades sospechan que todos penetraron en territorio finlandés por interferencias rusas en las señales GPS, y no descartan que aparezcan más restos similares.
En Hungría, el próximo primer ministro Péter Magyar anticipó que pretende recomponer las relaciones de Budapest con la Unión Europea y con Ucrania, revertir la salida del país de la Corte Penal Internacional y desmantelar lo que él mismo describe como el legado político de Viktor Orbán tras 16 años en el poder. Un giro de timón relevante para la cohesión de la OTAN y la UE en su respuesta al conflicto.
Mientras tanto, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, insistió en que Europa ha perdido el acceso al gas y al petróleo baratos rusos, y que la seguridad que hasta ahora garantizaba Washington ya no puede darse por sentada. Un mensaje que, más allá de la retórica, refleja la tensión creciente entre Moscú y Occidente en todos los frentes.