España se suma a una tendencia que ya existe en varios países europeos: permitir que los jóvenes conduzcan antes de cumplir los 18 años. A partir del 26 de noviembre de 2029, los mayores de 17 años podrán obtener el permiso de conducción de clase B, aunque con condiciones específicas. El cambio llega de la mano de la Directiva Europea 2025/2205, que obliga a los estados miembros a modificar su legislación nacional antes del 26 de noviembre de 2028 para que la medida sea efectiva en la fecha prevista.
El proceso para obtener el permiso no difiere del habitual. El joven de 17 años deberá inscribirse en una autoescuela, completar la formación teórica y práctica, y superar el examen correspondiente. Si lo aprueba, la Jefatura Provincial de Tráfico expedirá el permiso de conducción. La diferencia respecto al carné convencional estará en el reverso del documento: en el apartado 12, reservado a restricciones y condiciones, aparecerá el código 98.02, que indica que el titular no puede conducir sin un acompañante. Esa restricción desaparece automáticamente cuando el conductor cumple los 18 años.
Este sistema se conoce internacionalmente como conducción acompañada o conducción supervisada, y lleva décadas funcionando en países como Francia, Alemania o Austria con resultados positivos en términos de seguridad vial. La lógica es sencilla: más horas al volante bajo supervisión equivalen a conductores más experimentados cuando llegan a la mayoría de edad.
Quién puede ser el acompañante
No cualquier persona puede ejercer como tutor de un conductor novel de 17 años. La normativa establece requisitos concretos: el acompañante debe tener al menos 24 años, ser titular del permiso de clase B con una antigüedad superior a cinco años, y no haber sufrido ninguna privación del derecho a conducir en los últimos cinco años. En la práctica, esto apunta a que suelen ser los padres, madres u otros familiares adultos quienes asumen este rol, aunque la ley no restringe el acompañamiento a familiares directos.
El conductor novel, por su parte, nunca podrá circular sin ese acompañante mientras tenga 17 años. Además, el vehículo deberá llevar la señal V-13, conocida popularmente como la «L», colocada en la parte trasera izquierda. Esta señalización ya es conocida en España para otros supuestos de conductores en prácticas y permite al resto del tráfico identificar la situación del vehículo.
El impacto en las autoescuelas y la formación
La llegada de este sistema abre un debate sobre cómo se adaptarán las autoescuelas españolas. En países donde ya existe la conducción acompañada, la formación previa en autoescuela suele ser más intensiva, ya que el alumno debe acreditar un nivel mínimo de destreza antes de salir a circular con el tutor. En algunos modelos europeos se incluyen sesiones intermedias de revisión con un instructor profesional para corregir hábitos que el acompañante no haya detectado.
España tendrá que definir si adoptará un modelo similar o si se limitará a replicar el esquema básico que establece la directiva. La Dirección General de Tráfico será la institución responsable de concretar los detalles reglamentarios una vez que el Estado transponga la directiva al ordenamiento jurídico interno. Ese proceso de transposición debe completarse, como máximo, antes de noviembre de 2028.
Un plazo que da margen, pero también urgencia
Aunque 2029 pueda parecer lejano, el calendario legislativo europeo no deja demasiado margen. España ha tenido problemas históricos con la transposición de directivas comunitarias dentro del plazo establecido, lo que en ocasiones ha derivado en procedimientos de infracción por parte de la Comisión Europea. En este caso, el plazo es de tres años desde la aprobación de la directiva, tiempo suficiente para tramitar los cambios normativos necesarios, pero que requiere que el proceso se inicie con antelación.
El cambio afectará especialmente a los jóvenes de entre 17 y 18 años que hoy no tienen ninguna posibilidad legal de ponerse al volante fuera de un circuito privado o de las clases prácticas en autoescuela. Para este colectivo, la medida supone un acceso anticipado a una habilidad que en muchos entornos rurales o semiurbanos resulta esencial para la autonomía personal y el acceso al empleo.
Desde el punto de vista de la seguridad vial, los datos de países con sistemas similares son alentadores. En Francia, por ejemplo, los conductores que acceden al carné a través de la vía de la conducción acompañada registran menos siniestros en sus primeros años que quienes lo hacen a través del sistema convencional. España tendrá la oportunidad de replicar ese modelo y, si lo hace bien, de mejorar las estadísticas de siniestralidad entre los conductores más jóvenes, uno de los grupos de mayor riesgo en las carreteras españolas según los datos de la Organización Mundial de la Salud.