Kevin Warsh, el candidato elegido por Donald Trump para sustituir a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal a partir de mayo, compareció ante el comité bancario del Senado con un mensaje claro: sus decisiones de política monetaria serán "estrictamente independientes" de la Casa Blanca. Sin embargo, la sesión dejó más preguntas que respuestas sobre la verdadera autonomía que podría ejercer si es confirmado para el cargo.
La comparecencia arrancó con tensión. La senadora demócrata Elizabeth Warren le acusó directamente de ser "una marioneta de Trump", a lo que Warsh respondió negando cualquier subordinación política. Aun así, el candidato evitó sistemáticamente las preguntas que podrían haber incomodado a quien lo ha propuesto para el cargo: se negó, por ejemplo, a reconocer que Trump perdió legítimamente las elecciones de 2020 frente a Joe Biden. Esa evasión fue suficiente para que varios senadores, incluidos algunos republicanos, aumentaran su escepticismo.
El propio Trump no ayudó a despejar dudas. El presidente estadounidense afirmó públicamente que "los tipos bajarán cuando mi chico esté en la Reserva Federal", una declaración que resume el interés del Ejecutivo en moldear la política monetaria a su conveniencia. Warsh intentó desvincular esa coincidencia de intereses de cualquier sujeción formal, argumentando que "la independencia hay que ganársela eliminando los sesgos políticos". Que su hoja de ruta apunte en la misma dirección que los deseos del presidente es, según él, algo meramente circunstancial.
Los conflictos de interés, un escollo de cien millones
Más allá del debate sobre la autonomía institucional, la audiencia dejó al descubierto la complejidad patrimonial del candidato. Warsh ha declarado activos por encima de los 100 millones de dólares, aunque la cifra exacta permanece sin confirmar. Entre sus posiciones figuran participaciones en SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk que podría protagonizar una de las mayores salidas a bolsa del año, y en Polymarket, una plataforma de predicción de mercados. Además, mantiene dos participaciones en el fondo Juggernaut, vinculado al multimillonario Stanley Druckenmiller, al que Warsh asesora de manera habitual.
Su cartera incluye también fondos de inversión, cuentas bancarias, participaciones en decenas de startups tecnológicas e incluso una empresa relacionada con las carreras de caballos. A todo ello se suma el hecho de que está casado con Jane Lauder, heredera de la firma de cosméticos Estée Lauder, aunque ese patrimonio queda fuera del alcance del comité ético que supervisará sus desinversiones. Para intentar neutralizar las críticas, Warsh se comprometió a vender una parte significativa de estos activos en un plazo de 90 días desde su eventual confirmación, aunque no especificó cuáles ni de qué forma.
La sombra de Powell complica el relevo
La confirmación de Warsh no depende solo de su propia imagen ante el Senado. El proceso enfrenta obstáculos adicionales que podrían retrasarlo considerablemente. El senador republicano Thom Tillis amenazó con bloquear la nominación hasta que el Departamento de Justicia archive una investigación en curso sobre la gestión de Powell, a la que considera parte de una estrategia de Trump para presionar al actual presidente de la Fed a dimitir antes de tiempo y forzar así un recorte más rápido de tipos.
Este pulso podría contar con el apoyo de los demócratas, lo que convertiría el relevo en la Fed en un conflicto político de primer orden. La situación se complica aún más porque Powell ha dejado claro que, una vez finalice su mandato como presidente en mayo, tiene intención de continuar como miembro del consejo de la institución, al menos mientras dure la investigación sobre su gestión. Trump ya ha amenazado con forzar su destitución, lo que podría derivar en una batalla legal que añadiría más incertidumbre al proceso. Tener a Powell y a Warsh simultáneamente en el consejo sería una situación sin precedentes y dificultaría enormemente la capacidad del segundo para implementar su propia agenda.
Recorte de tipos sí, pero sin números concretos
En cuanto a la política monetaria en sí, Warsh defendió su intención de rebajar tipos, aunque sin ofrecer cifras ni calendarios. Prefiere, según explicó, guiarse por la tendencia estructural de la inflación más que por los datos puntuales del IPC tradicional. A su juicio, la trayectoria a medio plazo dibuja un camino descendente que justificaría las bajadas que tanto reclama Trump, incluso en un contexto en el que las presiones inflacionistas han repuntado recientemente por la crisis energética y las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo.
Warsh también confirmó su objetivo de reducir el balance de la Fed a un ritmo más acelerado del actual, en colaboración con el Departamento del Tesoro. Esta estrategia, que en la práctica supone un endurecimiento monetario encubierto, serviría para compensar los recortes nominales de tipos y equilibrar el impacto global sobre la economía. "No he hecho todavía los números", reconoció ante los senadores, una admisión que no contribuyó precisamente a reforzar la confianza en su candidatura. El voto del comité de política monetaria de la Reserva Federal será, en cualquier caso, imprescindible para que su hoja de ruta pueda materializarse.