Kevin Warsh, el candidato de Donald Trump para presidir la Reserva Federal de Estados Unidos, pasó este martes por una de las audiencias más tensas que se recuerdan en la Comisión Bancaria del Senado. Durante horas, el exmiembro de la Fed tuvo que demostrar ante 24 legisladores que sería capaz de mantener la independencia del banco central, una promesa que sonaba especialmente difícil de sostener dado el contexto: pocas horas antes, el propio Trump había declarado en CNBC que se sentiría decepcionado si Warsh no rebajaba los tipos de interés "de inmediato" tras su confirmación.
El momento más llamativo llegó cuando el senador republicano John Kennedy, de Luisiana, le preguntó directamente si sería un "sock puppet" —un títere— del presidente. Warsh lo negó de forma rotunda y añadió que Trump nunca le había pedido que predeterminara ninguna decisión sobre tipos en sus conversaciones privadas, ni que él lo habría aceptado. "En absoluto", respondió ante Kennedy. "El presidente me ha nominado para el cargo y actuaré de manera independiente si soy confirmado", zanjó. La frase resume bien el tono de toda la jornada: Warsh intentó equilibrar la lealtad que implica ser el nominado de Trump con la exigencia institucional de parecer un árbitro neutral de la política monetaria.
Una audiencia cargada de tensión política
La senadora demócrata Elizabeth Warren fue la interlocutora más incisiva. Le preguntó si creía que Trump perdió las elecciones de 2020, una cuestión que Warsh esquivó con una respuesta ambigua: "Creo que ese organismo certificó esa elección hace muchos años". Warren no quedó satisfecha y advirtió que necesitaba medir su independencia y su valentía antes de decidir su voto. La senadora por Massachusetts también puso el foco en el patrimonio del candidato, estimado en más de 100 millones de dólares, y en posibles conflictos de interés derivados de sus vínculos empresariales. Warsh respondió que había cumplido con los requisitos del comité de ética del Senado y prometió desprenderse de las inversiones que pudieran generar interferencias, aunque se negó a dar más detalles alegando compromisos de confidencialidad.
El senador republicano Thom Tillis, de Carolina del Norte, introdujo otro obstáculo inesperado: anunció que bloqueará la nominación mientras el Departamento de Justicia mantenga abierta la investigación sobre el actual presidente de la Fed, Jerome Powell, por presuntos sobrecostes en la reforma de la sede de la institución. "Si encarceláramos a todos los funcionarios federales cuyos presupuestos se han excedido, necesitaríamos un territorio del tamaño de Texas para alojarlos", dijo Tillis, quien considera la investigación una maniobra política. El senador apoya a Warsh como candidato, pero ha dejado claro que no votará a favor hasta que ese proceso quede cerrado.
El reloj corre: el mandato de Powell termina en mayo
El calendario añade presión al proceso. El mandato de Powell vence el 15 de mayo, y los analistas ya advierten de que, con la postura de Tillis y la insistencia de Trump en mantener abierta la investigación, es poco probable que Warsh cuente con los votos necesarios para esa fecha. Algunos escenarios apuntan a que, si la confirmación no se produce antes de julio, podría retrasarse hasta después del verano. Eso dejaría a la Fed sin un presidente de pleno derecho durante un período de notable incertidumbre económica.
En el plano técnico, Warsh aprovechó la audiencia para esbozar su visión de la política monetaria. Se mostró crítico con las llamadas "orientaciones prospectivas" —las guías que los bancos centrales publican sobre sus decisiones futuras—, y abogó por una reducción gradual del balance de la Fed, con especial atención a la deuda a largo plazo en manos de la institución. También cuestionó la validez de algunos indicadores de inflación actuales, a los que calificó de obsoletos, y criticó que los bancos centrales sobrerreccionen ante perturbaciones económicas puntuales. Sobre el coste de la vida, reconoció que "el legado de la inflación" —en referencia a la respuesta económica a la pandemia— representa "el mayor error de política económica en 40 o 50 años" y que sus efectos aún se sienten.
La IA como argumento para bajar tipos
Uno de los momentos más inesperados llegó cuando Warsh habló sobre inteligencia artificial. Según el candidato, la IA representa "el momento más disruptivo de la historia económica moderna" y provocará aumentos de productividad tan significativos que justificarán tipos de interés estructuralmente más bajos. Es un argumento que, casualmente, coincide con la posición del presidente Trump, aunque Warsh lo presentó desde una perspectiva técnica y no política.
Warsh ya fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011, en plena crisis financiera global, y comenzó su carrera en el banco de inversión Morgan Stanley tras graduarse en Stanford. Su perfil combina experiencia regulatoria con estrechos lazos con Wall Street, lo que le ha granjeado tanto apoyos como suspicacias. La audiencia de este martes no despejó todas las dudas, pero sí confirmó que su camino hacia la presidencia del banco central más influyente del mundo será largo y accidentado.