El fabricante suizo Swatch ha presentado una demanda contra Samsung en Londres, alegando que el gigante tecnológico ha copiado el diseño de esferas digitales de sus relojes de lujo. Swatch reclama una indemnización de 170 millones de dólares (unos 150 millones de euros) por la supuesta "apropiación a gran escala" de estas creaciones entre 2015 y 2019.
La disputa judicial se centra en 26 aplicaciones que contienen esferas para relojes inteligentes, las cuales Swatch sostiene que son replicas directas de marcas prestigiosas bajo su paraguas, como Omega, Tissot y Breguet. Esta acción judicial se desarrolla en el Tribunal Superior de Londres y tiene implicaciones para todo el mercado europeo.
Este pleito sigue el historial de conflictos entre ambas compañías. En 2022, el Tribunal Superior de Londres ya dictaminó que Samsung había infringido marcas registradas de Swatch al permitir que desarrolladores terceros incluyeran estas esferas en su plataforma. Tras perder la apelación, Samsung fue considerada responsable en parte por su gestión en la revisión y comercialización de estas apps. El tribunal ahora decidirá la compensación económica adecuada.
Swatch fundamenta su demanda en la violación de propiedad intelectual, señalando que las aplicaciones se descargaron alrededor de 160.000 veces en Reino Unido y la Unión Europea durante el período en cuestión. El fabricante asegura que nunca concedió licencias para usar sus diseños a ninguna empresa, y menos a rivales de relojes inteligentes.
Según Sylvain Dolla, director general de Tissot, permitir la presencia de esferas de lujo en dispositivos masivos como los smartwatches perjudicaría gravemente el valor y la exclusividad de la relojería suiza. Esta visión evidencia la preocupación del sector tradicional frente a la digitalización y la proliferación de tecnologías que pueden diluir su prestigio.
El abogado de Swatch, Daniel Selmi, enfatizó que la demanda apunta a la "apropiación indebida a gran escala" de marcas cuidadosamente protegidas. En contraste, la defensa de Samsung sostiene que la reclamación presentada es exagerada y no refleja los daños reales sufridos ni los beneficios obtenidos.
Daniel Alexander KC, representante legal de Samsung, argumentó que las aplicaciones acusadas ni siquiera fueron utilizadas en campañas comerciales de la propia empresa y que fueron retiradas apenas se detectó la infracción. Además, aseguró que la mayoría de estas apps eran gratuitas y solo generaron ingresos marginales, de poco más de 1.000 dólares en total, repartidos entre desarrolladores y Samsung.
Los abogados de Samsung subrayan también que Swatch no sufrió un perjuicio económico real y que su cálculo de indemnización está basado en supuestos alejados de la realidad del mercado y sin fundamento en daños concretos, pidiendo al tribunal un análisis crítico y basado en evidencias.
Este caso cobra relevancia no solo por la cifra milionaria reclamada sino por su alcance jurídico: el tribunal londinense mantiene competencia para decidir la indemnización en todo el territorio europeo gracias a que la demanda fue presentada antes de que concluyera la transición del Brexit. Esto podría sentar precedentes en la protección de marcas en la era digital y el comercio electrónico en la Unión Europea.
Además, existen procedimientos paralelos en Estados Unidos, que aguardan la resolución del juicio en Londres para avanzar. La atención de la industria tecnológica y de la relojería está puesta en la sentencia que el juez Marcus Smith deberá emitir próximamente.
Este conflicto pone sobre la mesa el choque entre la tradición artesanal de la relojería suiza y el auge de los dispositivos tecnológicos que redefinen cómo se perciben los relojes. La importancia de la propiedad intelectual en el entorno digital se reafirma como un terreno disputado, con implicaciones para marcas, desarrolladores y usuarios finales.
Para ampliar, se puede consultar la información oficial de Swatch Group y los registros del Tribunal Superior de Londres.
Este caso refleja cómo la innovación tecnológica puede generar tensiones legales en sectores con un fuerte valor intangible y demuestra la complejidad de proteger diseños en un mercado digital globalizado donde las aplicaciones y plataformas de terceros juegan un papel cada vez más central.