SpaceX hizo historia el 12 de junio con la mayor salida a Bolsa jamás vista, debutando en el Nasdaq con un precio de 150 dólares por acción, un 11% más que la OPV fijada en 135 dólares. Ese mismo día, cerró en 161 dólares, valorando la empresa en 2,1 billones de dólares. La euforia inicial atrajo a inversores minoristas que compraron acciones por casi 370 millones de dólares en las primeras sesiones, impulsando el precio hasta un máximo de 225,64 dólares apenas cuatro días después.
Sin embargo, el entusiasmo se convirtió pronto en cautela. Para el 23 de junio, la acción había bajado a 147,11 dólares. Este retroceso responde a varios factores corporativos clave. SpaceX anunció la adquisición más grande de su historia, comprando Anysphere —una plataforma de programación asistida por IA— por 60.000 millones de dólares en acciones, lo que generó dilución en el capital. Pocos días más tarde presentó resultados trimestrales con pérdidas de 4.300 millones, y anunció una emisión de bonos corporativos por 25.000 millones de dólares para reembolsar un préstamo puente ligado a la fusión de la startup de IA xAI y la plataforma social X dentro de la compañía.
La colocación de deuda despertó amplio interés, con órdenes por 85.000 millones, pero los inversores prefirieron tramos a corto y medio plazo, evidenciando incertidumbre en horizontes más largos. El debut en el mercado secundario fue problemático, con ampliación rápida de diferenciales y pérdidas no realizadas de más de 300 millones.
Más allá de la actividad propia de SpaceX, el contexto del mercado tecnológico no ha ayudado. La volatilidad de sectores de crecimiento y tecnología ha aumentado por temores a tipos de interés elevados y cuestionamientos sobre la rentabilidad de inversiones millonarias en IA y tecnología. Además, la rotación hacia sectores cíclicos ha restado atractivo a valores como SpaceX.
No obstante, SpaceX no es solo una empresa aeroespacial. Combina Defensa, conectividad satelital, infraestructura estratégica y servicios en IA y datos, donde Starlink y otras divisiones ganan protagonismo frente al negocio tradicional de cohetes. Esto hace que sus ingresos y crecimiento potencial se perciban bajo una luz particular.
A pesar de estos desafíos, la inclusión de SpaceX en índices como Russell 1000 y Nasdaq 100 a finales de junio ha impulsado compras significativas por parte de ETFs e inversores institucionales. Varios analistas de Wall Street comenzaron cobertura simultánea con recomendaciones mayoritariamente positivas y precios objetivos que oscilan ampliamente, con una media en torno a los 236 dólares a doce meses.
Analistas como Raymond James son optimistas, destacando que SpaceX podría construir la base para una nueva generación industrial, mientras otros mantienen reservas importantes por la dilución y riesgos tecnológicos aún no superados. Morgan Stanley señala que el negocio espacial depende de desarrollos por validar comercialmente, y Goldman Sachs destaca la trayectoria innovadora de la empresa, aunque subraya las incertidumbres.
Por su parte, Morningstar mantiene una posición más crítica, considerando que la valoración actual ya refleja un crecimiento futuro muy ambicioso y recomienda vender.
El ejemplo de Tesla es relevante para entender a SpaceX. La empresa de Musk tuvo al principio una acogida mucho más moderada en Bolsa y enfrentó dudas sobre valoración y resultados durante años, antes de consolidarse como líder en su sector.
SpaceX se encuentra en un momento clave. El fuerte potencial de crecimiento generado por sus tecnologías en IA y comunicaciones satelitales suscita interés, pero su elevada deuda, la incertidumbre sobre la rentabilidad futura y la volatilidad del mercado obligan a mantener una prudente visión sobre su evolución en Bolsa.