Los llamados "siete magníficos" —Nvidia, Meta, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon y Tesla— han sufrido una caída conjunta de más de 2,3 billones de dólares en su valor bursátil durante junio, registrando un descenso aproximado del 10%, el peor mes para este grupo en más de un año. En el semestre, estas empresas pierden alrededor de un 3% de su capitalización.
Este retroceso se produce en un contexto en el que los inversores han reajustado sus carteras alejándose de las compañías tecnológicas que destinan enormes sumas a infraestructuras de inteligencia artificial (IA), y en cambio, apuestan por los fabricantes de chips, que se benefician directamente del gasto en este campo.
El índice de semiconductores de Filadelfia, que sigue a los fabricantes estadounidenses de chips, ha casi duplicado su valor en lo que va de año, reflejando el interés creciente en este sector. Empresas como Sandisk, Micron, Intel, Western Digital y Seagate Technology han multiplicado por tres sus valoraciones, impulsadas por una demandad que se espera que se mantenga al alza hasta 2028 debido a la escasez de memorias.
TSMC, el principal productor mundial de semiconductores avanzados, registra un aumento cercano al 50% este año y alcanza una valoración superior a los dos billones de dólares. Su proveedor líder, la empresa neerlandesa ASML, también ha experimentado un incremento del 60% en su valor bursátil.
Analistas y gestores de inversión, como Simone Ragazzi de Algebris, explican que evitan invertir en la mayoría de los siete magníficos, salvo una pequeña posición en Nvidia, mientras mantienen posiciones fuertes en compañías que suministran componentes y servicios para la infraestructura tecnológica, como sistemas de refrigeración y conectores.
El auge de los fabricantes de chips contrasta con la creciente preocupación entre los inversores sobre las grandes cantidades que algunas tecnológicas destinarán a la infraestructura de IA, especialmente Meta, Amazon, Microsoft y Alphabet. Se pone en duda si estas inversiones masivas generarán beneficios suficientes para justificar las altas valoraciones alcanzadas en los últimos años.
Además, los márgenes de estas compañías se ven presionados por el aumento en los costes de los componentes, particularmente en chips de memoria y equipos eléctricos, lo que ha provocado incrementos de precios para los usuarios finales. Por ejemplo, Apple y Microsoft ya han anunciado subidas vinculadas al encarecimiento de la memoria, que se ha duplicado y se espera que vuelva a hacerlo antes de 2028.
Este reajuste en las carteras se interpreta como un cambio en la dinámica del mercado tecnológico, alejándose de las empresas de software e internet y dirigiendo el foco hacia sectores que fabrican componentes clave para la IA y la infraestructura de datos, tal y como señala Vincenzo Vedda de DWS. La transición refleja un cambio de liderazgo en Wall Street hacia aquellos que activamente suministran a la industria tecnológica, independientemente de cuándo las grandes tecnológicas consigan monetizar sus inversiones en IA.
No obstante, la incertidumbre persiste respecto a cuándo y en qué medida estas empresas grandes conseguirán transformar los gastos en IA en ganancias tangibles. Empresas como Meta, Microsoft y Alphabet han incrementado sus inversiones en OpenAI y Anthropic, y estas firmas planean salir a Bolsa próximamente, lo que añade complejidad al panorama.
Paralelamente, algunas compañías pioneras en adoptar IA, como Walmart y Uber, han comenzado a limitar su uso o a redefinir sus estrategias debido a los altos costes operativos, señalando que la implantación masiva de esta tecnología aún enfrenta retos de eficiencia y rentabilidad.
Mientras tanto, los llamados hiperescalares continúan invirtiendo cerca de un billón de dólares en nuevos centros de datos para cubrir la creciente demanda de IA, que actualmente supera la capacidad de suministro disponible, según expertos del sector.
En resumen, el descenso de las grandes tecnológicas se acompaña de un repunte en los fabricantes de chips y proveedores industriales relacionados, iluminando una transformación en las prioridades y percepciones de los inversores sobre el valor y futuro retorno de la inversión en inteligencia artificial.
Para entender mejor estas dinámicas, puede consultarse el análisis detallado del sector de semiconductores en el índice de Filadelfia o los informes financieros de TSMC y ASML disponibles en sus webs oficiales.
Esta evolución pone sobre la mesa la gran pregunta que enfrentan los mercados: ¿lograrán las grandes tecnológicas rentabilizar sus gastos récord en IA o el liderazgo del mercado cambiará definitivamente hacia el hardware y los proveedores de infraestructura?
El panorama bursátil deja claro que la respuesta a esta cuestión marcará el rumbo tecnológico y económico en los próximos años.