La banca española sigue en pie de guerra por captar nóminas. Santander ha lanzado esta semana una campaña dirigida tanto a nuevos clientes como a los ya existentes que todavía no tengan domiciliados sus ingresos. El objetivo es claro: acelerar la entrada de clientes y aumentar su vinculación a través de un sistema de incentivos económicos mensuales que puede llegar a los 840 euros en un plazo de dos años.
La propuesta, abierta a particulares, autónomos y colectivos profesionales, establece un esquema escalonado en función del importe de la nómina y de la operativa que el cliente mantenga con el banco. Para acceder al programa, es necesario trasladar a Santander una nómina de al menos 800 euros mensuales, por debajo de esa cifra no hay incentivo.
Cómo funciona el sistema de incentivos
Los titulares de nóminas de entre 800 y 1.500 euros reciben una bonificación base de 10 euros al mes. A eso se suman 10 euros adicionales si se domicilian al menos dos recibos, y otros 10 euros más si se realizan tres operaciones mensuales con Bizum o se efectúa algún pago con tarjeta de crédito. Sumando los tres bloques, el tope mensual para este tramo es de 30 euros, lo que equivale a 720 euros en dos años.
Para las nóminas que superen los 1.500 euros, la bonificación base sube a 15 euros mensuales. Los incentivos por recibos y por uso de Bizum o tarjeta se mantienen en 10 euros cada uno, elevando el total hasta 35 euros al mes, es decir, 840 euros en el periodo de dos años que dura la campaña.
Este modelo premia la vinculación activa: no basta con domiciliar la nómina, hay que usar los productos del banco de forma recurrente para obtener el máximo beneficio. Es una fórmula que busca fidelizar al cliente más allá del simple traspaso de ingresos, algo que los grandes bancos europeos llevan años intentando perfeccionar ante la creciente competencia de las entidades digitales y las fintech.
Santander replica el modelo de BBVA
La estructura del programa no es nueva en el sector. BBVA implantó un esquema similar hace casi un año, apostando por cuotas mensuales variables en lugar del clásico pago único de bienvenida. La diferencia con Santander está en los detalles: BBVA premia actualmente la domiciliación de nóminas desde 800 euros con 33,33 euros al mes, y añade 8,33 euros por recibos y otros 8,33 euros por uso de tarjetas, lo que suma unos 600 euros al año. Si el cliente mantiene un saldo en cuenta de al menos 20.000 euros, ese importe puede duplicarse hasta 1.200 euros en doce meses.
En términos comparativos, la oferta de BBVA resulta más generosa a corto plazo —hasta 1.200 euros en un año— aunque exige ese colchón de ahorro para alcanzar el máximo. La de Santander, por su parte, distribuye el incentivo en 24 meses y no impone condición de saldo, lo que la hace más accesible para clientes con menor capacidad de ahorro pero que usan con regularidad sus productos bancarios.
¿Es competitiva la oferta de Santander?
Más allá de la comparación con BBVA, la nueva campaña de Santander no se sitúa entre las más agresivas del mercado. Otras entidades ofrecen importes más elevados o plazos más cortos para obtener el mismo nivel de bonificación. Sin embargo, el banco viene defendiendo desde hace tiempo que su estrategia no pasa por liderar la guerra de precios, sino por construir una relación más estable con el cliente a través de la operativa diaria.
La apuesta tiene cierta lógica financiera: un cliente que usa el Bizum, paga recibos y pasa la tarjeta de crédito genera más datos, más transacciones y más oportunidades de venta cruzada que uno que simplemente aparca su nómina. En un contexto en que el Banco de España ha advertido sobre el impacto de los tipos de interés en los márgenes bancarios a medio plazo, fidelizar clientes vinculados es una prioridad estratégica para las grandes entidades.
La iniciativa llega, además, en un momento en que la competencia por la nómina se ha recrudecido. Neobancos como Revolut o N26, junto con entidades como ING o Openbank, han obligado a la banca tradicional a revisar su propuesta de valor para los clientes más jóvenes, precisamente el segmento que más fácilmente cambia de entidad en busca de mejores condiciones. En ese sentido, la campaña de Santander es una respuesta directa a esa presión competitiva, aunque su efectividad real dependerá de si los incentivos son suficientes para mover a los clientes más inertes del mercado.