El magnate inmobiliario británico Nick Candy ha cerrado la venta de Providence House, su mansión en el barrio londinense de Chelsea, por aproximadamente 275 millones de libras (unos 320 millones de euros). Se trata de la vivienda más cara jamás vendida en el Reino Unido y una de las operaciones residenciales más costosas de la historia. La identidad del comprador no se ha hecho pública, aunque una experta del sector aseguró a The Times que se trata de "alguien para quien pagar 250 millones de libras es algo irrelevante".
La propiedad, bautizada por el propio Candy, ocupa unos 8.000 metros cuadrados con vistas al Támesis y cuenta con el jardín privado más grande del centro de Londres, solo por detrás del Palacio de Buckingham. El terreno tiene una historia notable: allí vivió Robert Walpole, considerado el primer primer ministro de Gran Bretaña, y más tarde formó parte del complejo del Royal Hospital Chelsea, residencia para veteranos del ejército.
De un clip (casi) a un imperio
La historia empresarial de Nick Candy arrancó en 1995, cuando él y su hermano Christian compraron su primera vivienda con un préstamo de 6.000 libras de su abuela. Ambos la reformaron por su cuenta: repintaron, alfombraron y la revendieron 18 meses después con un beneficio de 50.000 libras. La siguiente operación, medio año más tarde, les dejó 109.000 libras. En 1999 fundaron Candy & Candy, un estudio de diseño de interiores y promoción residencial de altísima gama que terminó por redefinir el mercado del lujo en Londres.
El proyecto que los puso en el mapa fue One Hyde Park, un complejo de 86 viviendas de lujo diseñado por Richard Rogers en uno de los enclaves más exclusivos de la capital británica. Las ventas superaron los 2.000 millones de libras, y en 2010 uno de sus áticos se vendió por unos 140 millones de libras, récord en aquel momento. Con el tiempo, la firma amplió su actividad al diseño integral de jets privados, coches y superyates, siempre bajo la premisa de la exclusividad total y la personalización extrema.
Política, poder y una agenda de contactos inigualable
Candy no es solo un empresario inmobiliario. Lleva años involucrado en la política británica y se define como "naturalmente conservador". Tras donar más de 270.000 libras al Partido Conservador, dio el salto en 2024 a Reform UK, el partido liderado por Nigel Farage, donde asumió el cargo de tesorero honorífico. Desde entonces ha canalizado más de un millón de libras hacia la formación de derecha radical. Su entonces esposa, la actriz australiana Holly Valance, aportó por su parte 100.000 libras.
Providence House fue también escenario de un evento de recaudación de fondos para Donald Trump en 2024, al que acudió Donald Trump Jr. El estilo de vida de Candy orbita entre Londres, Mónaco y Beverly Hills, con una red de contactos que incluye oligarcas rusos, magnates industriales, miembros de la realeza y estrellas del entretenimiento. Entre sus clientes han figurado nombres como Kylie Minogue, Gwyneth Paltrow o el magnate del acero Lakshmi Mittal.
Lujo sin complejos y una separación reciente
En el plano personal, Candy se casó con Holly Valance en 2012 en una boda en California que costó tres millones de libras, con invitados como Elton John y las princesas Beatriz y Eugenia de York. La pareja tiene dos hijas. Entre los gestos más extravagantes de Candy destaca haber regalado a Valance un superyate de 26 millones de libras, a pesar de que ella sufría mareos en el mar. En junio de 2024, tras 13 años juntos, anunciaron su separación.
Candy también intentó hacerse con el Chelsea FC en 2022, presentando una oferta de 2.500 millones de libras. La propuesta no prosperó, y el club acabó en manos del consorcio liderado por el estadounidense Todd Boehly. Con la venta de Providence House firmada, todo apunta a que el magnate londinense seguirá buscando récords. La pregunta es cuánto tardará alguien en superarlo.