Nestlé España ha comunicado este martes a su plantilla la intención de iniciar un expediente de regulación de empleo (ERE) que podría afectar a un máximo de 301 personas, lo que representa algo más del 7% de sus 4.158 trabajadores en el país. La compañía, filial de la multinacional suiza y propietaria de marcas como Nescafé, Kit Kat, Maggi, La Lechera o Nesquik, encuadra la medida dentro de un llamado "plan de transformación operativa" orientado a garantizar la "viabilidad del negocio" a largo plazo.
La empresa justifica el ajuste por una combinación de factores que, según su diagnóstico, están presionando al sector alimentario en España: el encarecimiento de los costes operativos, los cambios en los hábitos de consumo y, especialmente, el avance de la marca de distribución —la conocida como marca blanca— que gana cuota frente a las marcas de fabricante en los lineales del supermercado. Este último punto es especialmente relevante: según datos del sector, la marca propia de las cadenas de distribución ha alcanzado máximos históricos de penetración en los hogares españoles en los últimos años, arañando espacio a gigantes como la propia Nestlé.
El ERE, tal y como ha trasladado la compañía, afectará a perfiles muy distintos dentro de la organización. No se trata solo de recortes en áreas de soporte o administración central: los despidos tocarán a empleados de oficinas, equipos comerciales de ventas y también a trabajadores de centros de distribución y de seis plantas de producción repartidas por la geografía española. En concreto, las instalaciones afectadas son las de Pontecesures (Pontevedra), Sebares (Asturias), La Penilla (Cantabria), Miajadas (Cáceres), Reus (Tarragona) y Girona. La dispersión geográfica del impacto convierte este ERE en un asunto de alcance nacional, con consecuencias directas en comunidades donde la planta de Nestlé supone un pilar económico local relevante.
La respuesta sindical y el inicio de la negociación
Tanto CCOO como UGT han rechazado públicamente los planes anunciados por Nestlé España. Ambos sindicatos se oponen a la supresión de hasta 301 puestos y previsiblemente endurecerán su postura en la mesa de negociación que deberá abrirse a partir de ahora, tal y como exige la ley en este tipo de procedimientos colectivos. La compañía, por su parte, ha subrayado que quiere afrontar el proceso "bajo los principios de transparencia y respeto" y mediante una "interlocución honesta" con los representantes de los trabajadores, dejando la puerta abierta a estudiar medidas que reduzcan el número final de afectados.
En España, los ERE están regulados por el Estatuto de los Trabajadores e implican un período de consultas de al menos 30 días naturales entre empresa y representantes sindicales antes de que el despido colectivo pueda ejecutarse. Durante ese tiempo, es habitual que se negocien alternativas como prejubilaciones, bajas voluntarias incentivadas o recolocaciones internas, lo que puede reducir sensiblemente el número definitivo de salidas forzosas.
El contexto: beneficios al alza, plantilla a la baja
Uno de los elementos que más ha llamado la atención de sindicatos y analistas es la paradoja entre los resultados económicos de la filial y la decisión de recortar empleo. Nestlé España cerró 2024 con un incremento de la facturación del 12%, hasta alcanzar los 2.894 millones de euros. Las ventas en el mercado nacional llegaron a los 1.619 millones, un 4,8% más que el ejercicio anterior, y las exportaciones superaron por segundo año consecutivo la barrera de los 1.000 millones, situándose en 1.274 millones. Son cifras que no encajan, a primera vista, con un ajuste de plantilla de esta magnitud.
La explicación de la empresa apunta a que el crecimiento en ventas no se traduce directamente en rentabilidad si los costes crecen a un ritmo superior. La presión inflacionista sobre materias primas, energía y logística ha erosionado los márgenes de muchas compañías del sector alimentario en los últimos años, y la automatización y digitalización de procesos se presentan como la respuesta estructural para recuperar eficiencia sin depender únicamente del volumen de ventas.
Este movimiento en España no es aislado. En octubre del año pasado, la matriz suiza del grupo anunció un plan global para prescindir de hasta 16.000 empleados en todo el mundo, equivalente al 6% de su plantilla internacional, con el objetivo de recortar costes y simplificar su estructura operativa. Según información del grupo a escala global, la compañía lleva meses inmersa en un proceso de revisión estratégica que pasa por concentrar recursos en sus marcas con mayor potencial de crecimiento y desinvertir o reestructurar las líneas menos rentables.
El caso de Nestlé España ilustra una tendencia más amplia en la industria alimentaria europea: empresas con marcas consolidadas y ventas sólidas que, sin embargo, enfrentan una presión estructural sobre sus márgenes que las obliga a repensar sus modelos operativos. Para los 301 trabajadores potencialmente afectados y para las comunidades donde operan las plantas, el debate sobre eficiencia empresarial tiene una dimensión muy concreta que las próximas semanas de negociación deberán abordar.