León XIV pronunció un mensaje centrado en la unidad y la fraternidad durante su homilía en la Catedral de Barcelona, dirigiéndose a la comunidad en catalán y castellano. Su llamamiento buscó superar tensiones y promover la paz en un contexto social marcado por la polarización y la división.
El pontífice subrayó que nada debe destruir la unidad y apeló a la «acogida» en todos los ámbitos de la vida, recordando la importancia de vivir como un solo pueblo unido en la fe. Este pronunciamiento sirvió para dar respuesta a la polémica lingüística que surgió días antes en el Congreso, cuando portavoces de Junts reclamaron que el Papa hablase en catalán durante su asistencia a una sesión conjunta de las Cortes Generales.
Ya en la Catedral, mientras recorría el templo y visitaba símbolos con arraigo histórico, como el Cristo de Lepanto o la cripta de Santa Eulàlia, León XIV agradeció a los fieles su paciencia y alegría, e hizo un gesto de cercanía utilizando saludos y despedidas en catalán, además del castellano. Este uso bilingüe reflejó su deseo de acercar posturas y promover la convivencia entre las diferentes culturas presentes en la ciudad.
El Papa también hizo referencia a la tradición barcelonesa del 'ou com balla', una costumbre del Corpus Christi de gran valor simbólico que destaca la vida y la resurrección, temas recurrentes en la doctrina cristiana. Esta evocación se enlazó con su mensaje de que fieles y pastores deben seguir juntos el camino trazado por Cristo hacia una vida plena.
En su discurso recordó a predecesores como Francisco, Juan Pablo II y Benedicto XVI, este último relacionado con la consagración de la Sagrada Familia en 2010 y cuya torre principal será bendecida próximamente por el pontífice actual. Destacó especialmente a Juan Pablo II, primer Papa en visitar Barcelona en 1982, quien promovió en sus mensajes la fraternidad y el amor como base del Evangelio.
León XIV resaltó el carácter abierto y amplio tanto de la ciudad de Barcelona como de toda Catalunya, señalando cómo esta tierra ha sabido integrar a numerosas generaciones de migrantes de diversas procedencias, configurando así una sociedad diversa y dinámica. Este espíritu de acogida y convivencia debe reflejarse en la familia, en las parroquias, lugares de trabajo y en todos los espacios sociales.
El Papa advirtió contra la polarización y el individualismo, dos factores que desgarran el mundo actual y que deben combatirse fomentando la fraternidad y el sentido de comunidad. Instó a los creyentes a ser portadores de este clima de unidad y amor fraternal en cada ámbito de su vida, en un momento marcado por conflictos y divisiones.
Este pronunciamiento, además de cerrar la controversia sobre la lengua usada, refuerza el mensaje de que la Iglesia debe actuar como un puente en sociedades plurales y complejas, promoviendo el respeto mutuo y la paz social. Así, su visita a Barcelona se convierte en una llamada al reencuentro y a la construcción conjunta de un futuro más unido.