La Asociación Española de Banca (AEB) ha reelegido este martes a Alejandra Kindelán como presidenta para un nuevo mandato de cuatro años. La decisión, adoptada en Asamblea General, consolida el liderazgo de quien ya ocupa el cargo desde abril de 2022, cuando sustituyó a José María Roldán al frente de la principal patronal del sector bancario español. Kindelán llega a este segundo mandato con el sector en una posición de rentabilidad sólida, pero también ante un entorno cargado de interrogantes: tensión geopolítica, transformación digital acelerada y una regulación europea en plena revisión.
El discurso con el que Kindelán ha arrancado su nueva etapa marca con claridad las prioridades. La presidenta ha situado en el centro del debate la necesidad de que la banca deje de verse como un actor pasivo de la economía para convertirse en palanca activa del crecimiento europeo. En un contexto en el que la Unión Europea lleva años debatiendo cómo reducir su dependencia de los mercados de capitales estadounidenses y chinos, la apuesta por financiar “las necesidades estratégicas de Europa” no es una declaración retórica, sino una posición política con implicaciones concretas para la regulación financiera comunitaria.
Uno de los ejes más relevantes del programa que Kindelán ha esbozado es el de la simplificación regulatoria. La banca española, como el resto del sector en Europa, arrastra una capa de normativa acumulada tras la crisis financiera de 2008 que, según sus representantes, ha llegado a un punto en que penaliza la competitividad frente a actores no bancarios, en especial las grandes tecnológicas y las fintech. La presidenta de la AEB ha abogado abiertamente por aliviar esa carga y por avanzar en la integración financiera europea, una agenda que también defiende el Banco Central Europeo como condición necesaria para la Unión de Mercados de Capitales.
Otro punto destacado de la agenda presentada es el apoyo a la interoperabilidad de los sistemas de pagos. Aquí aparece un dato concreto que merece atención: la alianza liderada por Bizum, el sistema de pagos móviles impulsado por la banca española, tiene previsto conectar a 130 millones de clientes en 13 países a lo largo de este mismo año. Esta cifra convierte a Bizum en uno de los proyectos de infraestructura financiera más ambiciosos del ecosistema europeo de pagos, en competencia directa con soluciones globales como PayPal, Apple Pay o las transferencias instantáneas impulsadas por el reglamento europeo de pagos. Para la AEB, consolidar este liderazgo es también una cuestión de soberanía digital.
La innovación y la digitalización aparecen como otro pilar del mandato, algo que no sorprende dado el ritmo al que la inteligencia artificial está transformando desde los modelos de riesgo crediticio hasta la atención al cliente. La banca española lleva años invirtiendo de forma sostenida en tecnología, y entidades como CaixaBank, BBVA o Santander figuran entre los bancos europeos más avanzados en digitalización según diversos rankings sectoriales. Sin embargo, la velocidad del cambio tecnológico plantea también desafíos regulatorios a los que la AEB tendrá que responder: cómo garantizar la ciberseguridad, cómo gestionar el riesgo algorítmico y cómo acompasar la innovación con la protección del consumidor.
Más allá de la agenda económica, la AEB ha querido poner en valor el impacto social del sector. La patronal ha mencionado que la banca ha destinado 1.864 millones de euros a programas de apoyo social, con especial énfasis en educación financiera. Este dato hay que leerlo también en clave reputacional: el sector bancario español todavía gestiona el legado de la crisis de 2008, los desahucios y los escándalos por prácticas abusivas que marcaron la década pasada. Visibilizar la contribución social es, en ese contexto, parte de una estrategia de largo plazo para reconstruir la confianza de la ciudadanía.
El segundo mandato de Kindelán al frente de la AEB arranca en un momento en que la banca española goza de márgenes elevados gracias al ciclo de subidas de tipos iniciado por el BCE en 2022, aunque la progresiva bajada de tipos desde 2024 empieza a comprimir esa rentabilidad. El sector enfrenta, además, el debate político sobre el impuesto a la banca aprobado en España, cuya vigencia sigue siendo objeto de controversia. En ese tablero complejo, la AEB necesita una presidenta con capacidad de interlocución tanto en Bruselas como en Madrid, y la reelección de Kindelán apunta a que el sector considera que ella es esa figura.