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Kevin Warsh, el candidato que quiere reformar la Fed

El nominado de Trump para presidir la Reserva Federal afronta su confirmación en el Senado con una agenda de cambios profundos y la presión de la Casa Blanca.

Por Carlos García·lunes, 20 de abril de 2026Actualizado hace 2 h·5 min lectura·2 vistas
Ilustración: Kevin Warsh, el candidato que quiere reformar la Fed · El Diario Joven

El Comité Bancario del Senado de Estados Unidos ha iniciado las audiencias de confirmación de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal, el banco central más influyente del mundo. Warsh, de 56 años, lleva años esperando este momento y llega con una agenda de reformas que va mucho más allá de los tipos de interés. Lo que está en juego no es solo la gestión de la economía más grande del planeta: las decisiones de la Fed tienen consecuencias directas sobre el resto de mercados globales, desde la devaluación de activos en países emergentes hasta las condiciones de financiación en Europa.

Warsh no es un recién llegado a la institución. En 2006 se convirtió en el gobernador más joven de la historia de la Fed, y durante la crisis financiera de 2008 actuó como enlace entre el entonces presidente Ben Bernanke, Wall Street y el Capitolio. Su trayectoria previa incluye Morgan Stanley y la Casa Blanca bajo la presidencia de George W. Bush. Hace ocho años perdió la nominación frente a Jay Powell, y ahora regresa con el respaldo de Donald Trump para ocupar el puesto que siempre ha ambicionado.

Una agenda de cambios que tensará la Fed por dentro

Warsh quiere transformar la institución desde dentro, y eso implica chocar con algunos de los pilares actuales de su funcionamiento. Su principal crítica apunta a la política de comunicación: considera que la Fed habla demasiado y que eso genera ruido innecesario en los mercados. En concreto, detesta el llamado 'dot plot', el gráfico que se publica cuatro veces al año y que recoge las previsiones anónimas de 19 miembros del organismo sobre la trayectoria de los tipos. Su argumento es que, una vez que los responsables de política monetaria revelan su pronóstico, quedan atrapados por sus propias palabras y pierden margen de maniobra.

Otra de sus prioridades es reducir el balance de la Fed, que actualmente ronda los 6,7 billones de dólares tras años de compras masivas de deuda pública durante la crisis financiera y la pandemia. Personas cercanas a Warsh admiten que cualquier ajuste sería gradual y precedido de un análisis exhaustivo, descartando un retorno brusco a los niveles previos a 2008. Aun así, Chris Waller, uno de los economistas más respetados dentro del consejo de la institución, ya ha tachado de "absurda" la idea de reducir el balance hasta esos niveles, advirtiendo del riesgo de generar turbulencias en la liquidez bancaria.

Warsh también discrepa con el diagnóstico oficial sobre las causas del repunte inflacionario de principios de esta década. Mientras la Fed atribuye ese episodio a los efectos de la pandemia y la guerra en Ucrania, Warsh apunta directamente a las compras masivas de deuda del propio banco central como factor determinante. Quiere incorporar más datos en tiempo real al proceso de análisis y fomentar lo que él llama "disputas internas" constructivas dentro de la institución para afinar las decisiones de política monetaria.

La tensión con Trump: el factor que nadie puede ignorar

El escenario más delicado para Warsh no es técnico, sino político. Trump lleva meses reclamando bajadas de tipos de forma reiterada, incluso a través de su red social Truth Social, donde ha pedido que la Fed actúe "inmediatamente". El problema es que el contexto macroeconómico no acompaña esa exigencia: los precios del petróleo se han disparado tras la escalada del conflicto con Irán, y las operaciones con futuros reflejan menos de un 50% de probabilidad de que haya algún recorte de tipos a lo largo de este año.

Warsh defiende que un auge de productividad ligado a la inteligencia artificial podría allanar el camino para recortes más adelante, una tesis que otros miembros del Comité Federal de Mercado Abierto rechazan. Pero si la inflación se mantiene elevada y Warsh no baja tipos, el enfrentamiento con la Casa Blanca es prácticamente inevitable. Don Kohn, exvicepresidente de la Fed y miembro del centro de estudios Brookings Institution, lo resume con claridad: "Trump no siempre actúa según la lógica".

El precedente es relevante. Trump ya intentó destituir a la gobernadora Lisa Cook por acusaciones de fraude hipotecario que ella niega y que ha llevado ante la Corte Suprema. Y la investigación penal que el Departamento de Justicia abrió contra Powell fue interpretada en Wall Street como una maniobra de presión para forzar recortes de tipos, lo que finalmente precipitó la candidatura de Warsh frente a la de Kevin Hassett, la primera opción de Trump, descartada tras la fuerte resistencia de los grandes bancos de inversión.

Los obstáculos en el Senado

Warsh cuenta con apoyos transversales. Austan Goolsbee, presidente de la Fed de Chicago, ha declarado que Warsh "se tomará el trabajo muy en serio". La exsecretaria de Estado Condoleezza Rice también ha respaldado su candidatura. Sin embargo, el proceso de confirmación tiene un escollo concreto: el senador republicano Thom Tillis ha anunciado que bloqueará la votación en el pleno hasta que se archive la investigación penal contra Powell, cuyo mandato oficial expira el 15 de mayo.

Eso abre la posibilidad de que Powell siga en el cargo de forma interina más allá de esa fecha, algo que Trump ha rechazado públicamente y que complica aún más un proceso ya de por sí tenso. Sin el respaldo de al menos 51 de los 53 senadores republicanos, la nominación de Warsh fracasaría en un Senado muy polarizado. La mayoría en Washington y en los mercados de predicción política sigue apostando por su confirmación final, pero el calendario y las condiciones son más inciertos de lo que parecían hace unas semanas.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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