La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, anunció que propondrá en la próxima cumbre del G7, que tendrá lugar del 15 al 17 de junio en Évian, Francia, la creación de una reserva común de minerales críticos. Estos minerales, indispensables para sectores tecnológicos y energéticos, se han convertido en un asunto clave para Japón y sus aliados debido a la concentración mundial de su producción y procesamiento, especialmente en manos chinas.
Takaichi explicó antes de partir hacia Europa que la propuesta se basa en un "concepto de reservas coordinadas conjuntas" que permita a los países participantes sincronizar sus sistemas de almacenamiento y suministro. Según menciona el medio económico Nikkei, esto busca evitar interrupciones en las cadenas de suministro que pueden afectar a industrias estratégicas como la fabricación de vehículos eléctricos, aerogeneradores y dispositivos tecnológicos avanzados.
Japón lleva años intentando diversificar sus fuentes de minerales críticos, particularmente de las llamadas tierras raras, un grupo de 17 elementos metálicos que China domina en más del 90% de la capacidad mundial de procesamiento y refinado. Pese a que solo posee el 49% de las reservas globales, China ejerce un control casi total sobre el mercado debido a su capacidad industrial, lo que genera vulnerabilidades para otros países que dependen de estos minerales para tecnologías clave.
Para reducir esta dependencia, Tokio ha firmado acuerdos recientes con países como Australia y Francia para asegurar suministros alternativos. Además, está desarrollando un proyecto para extraer tierras raras en un yacimiento marino cercano a la isla Minamitori, un territorio deshabitado en el Pacífico bajo administración japonesa. Esta iniciativa, catalogada como innovadora, podría aportar nuevos recursos y aumentar la autonomía estratégica del país en materia de minerales críticos.
Este esfuerzo se enmarca en un contexto global complejo donde las cadenas de suministro enfrentan tensiones por conflictos geopolíticos. La rivalidad diplomática y comercial entre Japón y China, endurecida por la situación en Taiwán desde noviembre de 2025, influye directamente en la seguridad de estos materiales esenciales. La creación de una reserva conjunta pretende ser un mecanismo de solidaridad y respuesta rápida ante posibles interrupciones.
Además de la propuesta sobre minerales, Takaichi planea abordar en el G7 otros temas de cooperación estratégica, especialmente en el ámbito energético. La reciente guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado bloqueos en el estrecho de Ormuz, un corredor vital para el transporte de crudo hacia Asia. Esta situación ha desestabilizado el suministro energético en la región y aumentado la urgencia de buscar alternativas seguras y coordinadas entre los socios del G7.
Antes de su participación en la cumbre de Évian, la primera ministra visitará Reino Unido e Italia, donde se reunirá con sus homólogos para tratar asuntos como los conflictos en Oriente Medio y Ucrania, además de la creciente influencia geopolítica en el Indo-Pacífico. Estos encuentros buscan fortalecer la cooperación multilateral y coordinar respuestas ante los desafíos globales actuales.
El endurecimiento de las relaciones con China y los riesgos en materia energética han impulsado a Japón a posicionarse como uno de los líderes en la propuesta de una estrategia común para minerales críticos. Según expertos consultados por EFE, esta iniciativa refleja el reconocimiento de que las vulnerabilidades en las cadenas de suministro pueden tener impactos directos en la seguridad nacional y la estabilidad económica.
La idea de una reserva conjunta no es nueva en materia energética, como sucede con los stock estratégicos de petróleo existentes en varios países. Sin embargo, su aplicación en minerales críticos marca un paso adelante en la cooperación internacional debido a la creciente demanda derivada de la transición energética y la digitalización. Los vehículos eléctricos, las energías renovables y la electrónica avanzada dependen en gran medida de estos elementos, por lo que asegurar su acceso es estratégico para la competitividad y seguridad de los países desarrollados.
Por su parte, la disputa por las tierras raras también ha generado preocupación en organismos internacionales como la Agencia Internacional de Energía. Ha señalado que la concentración del suministro en unos pocos países aumenta la fragilidad global, y ha impulsado recomendaciones para diversificar las fuentes y promover el reciclaje y la eficiencia en su uso.
La iniciativa de Japón en el marco del G7 podría impulsar no solo la creación formal de una reserva común, sino también impulsar la colaboración en exploración, desarrollo de nuevas tecnologías extractivas y un mercado más transparente y resiliente. Este esfuerzo multilátero podría constituir un modelo frente a China, con la que el grupo mantiene posturas contrastadas en temas comerciales y estratégicos, y contribuir a una mayor estabilidad global.
En definitiva, la propuesta japonesa es una señal clara de que la seguridad en recursos minerales críticos se posiciona como uno de los retos estratégicos del siglo XXI, en paralelo con la seguridad energética y la estabilidad geopolítica. Su desarrollo y el consenso en el G7 serán claves para definir la capacidad de reacción colectiva ante riesgos crecientes en los mercados internacionales y tensiones geopolíticas.