El plan de pensiones colectivo de los empleados de la Administración autonómica vasca, Itzarri, cerró 2025 rozando una rentabilidad del 8%. En concreto, la entidad de previsión social voluntaria (EPSV) registró un rendimiento del 7,95% durante el ejercicio, con un beneficio neto de 144 millones de euros y un patrimonio total de 1.605 millones, lo que supone un incremento de 205 millones respecto al año anterior. Los datos fueron presentados este miércoles en la asamblea general celebrada en Vitoria.
Los responsables de Itzarri subrayaron la "solidez" de la entidad y su política de gestión del riesgo, que califican de prudente. El número de socios partícipes creció hasta los 134.655 durante 2025, mientras que la entidad abonó 264 millones de euros en prestaciones a sus beneficiarios. Estas cifras consolidan a Itzarri como una de las referencias del ahorro previsional en el País Vasco.
Una rentabilidad muy por encima de la media
El dato que más destaca en el informe anual es la diferencia de rendimiento frente al conjunto del sector. En los últimos diez años, Itzarri ha logrado una rentabilidad media anual del 4,45% TAE, frente al 3,6% que registra la media de los planes de pensiones en España, según los datos del sector. En 2025, esa brecha se amplió hasta casi dos puntos porcentuales, lo que refuerza el argumento de quienes defienden los planes de empleo colectivos frente a los planes individuales como vehículo más eficiente para el ahorro a largo plazo.
Esta diferencia de rendimiento no es un fenómeno puntual ni coyuntural. La gestión colectiva permite reducir costes de administración y acceder a activos con mayor potencial de rentabilidad ajustada al riesgo, algo que los planes individuales tienen más difícil por su menor masa crítica y por los incentivos comerciales que a veces condicionan las decisiones de inversión.
El impulso de la reforma fiscal foral
Los buenos resultados de Itzarri llegan en un momento en el que las instituciones vascas han apostado de forma clara por incentivar el ahorro privado para la jubilación. La última reforma fiscal foral introduce cambios relevantes en el tratamiento tributario de las EPSV: las aportaciones seguirán tributando como rendimiento del trabajo, pero la rentabilidad generada pasa a considerarse rendimiento del capital mobiliario y quedará exenta de tributación si se cobra en forma de renta vitalicia o temporal con un plazo superior a quince años.
Esta modificación supone un incentivo significativo para quienes opten por cobrar su pensión de forma periódica en lugar de en un único pago, algo que encaja con el objetivo de garantizar ingresos estables durante la jubilación. El Gobierno Vasco lleva años trabajando en el desarrollo de un sistema de previsión complementario robusto, y este cambio normativo refuerza ese marco.
La reforma responde también a una tendencia más amplia en Europa, donde los modelos de pensiones mixtos —públicos y complementarios— ganan terreno frente a los sistemas puramente de reparto, bajo presión demográfica creciente. En España, la reforma de los planes de pensiones de empleo impulsada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones en los últimos años busca replicar parcialmente ese modelo a nivel estatal.
Inversión local como seña de identidad
Más allá de los números de rentabilidad, los gestores de Itzarri destacan su compromiso con la economía vasca. El 10,62% de su patrimonio, unos 170,6 millones de euros, está invertido en empresas radicadas en Euskadi o en deuda pública vasca. Para una entidad de este tamaño, esa cifra no es menor: implica que una parte relevante del ahorro de los funcionarios vascos revierte directamente en el tejido productivo de la región.
Este enfoque de inversión local tiene una doble lectura. Por un lado, refuerza el vínculo entre el ahorro de los empleados públicos y el desarrollo económico del territorio. Por otro, plantea interrogantes sobre la concentración geográfica del riesgo, aunque en el contexto de una cartera diversificada y con un horizonte de inversión largo, el impacto en la gestión del riesgo global es limitado.
En definitiva, los resultados de Itzarri en 2025 ofrecen un argumento sólido a favor de los modelos de previsión social colectiva: más rentabilidad, más eficiencia en costes y un mayor alineamiento con los intereses a largo plazo de los partícipes. La clave ahora estará en si estos resultados sirven de palanca para extender este modelo a otros sectores más allá de la función pública.