La guerra en Irán y su impacto en Oriente Próximo están generando alarmas en el ámbito económico global. La Comisión Europea ha calificado la actual situación como la posible "crisis energética más grave de la historia", tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo y gas mundial. Esta interrupción ha impulsado una nueva escalada en los precios del crudo y amenaza con ralentizar el crecimiento económico global.
El informe del Pulso Económico Trimestral de EY Insights de primavera de 2026, basado en la opinión de cerca de quince casas de análisis y entidades financieras españolas, entre ellas Funcas, BBVA Research, CEOE y Esade, señala que el conflicto provoca principalmente un shock de oferta moderado que eleva los precios, aunque el PIB español mantiene resiliencia por ahora.Más detalles en EXPANSIÓN
Sin embargo, existe preocupación sobre el canal financiero, ya que los expertos prevén un endurecimiento en las condiciones para acceder al crédito, especialmente en mercados de intermediación no bancaria, lo que podría profundizar en un escenario de crisis macrofinanciera si la guerra se prolonga. Juan Pablo Riesgo, socio responsable de EY Insights, destaca que si la tensión se extiende, la probabilidad de choque macrofinanciero crece significativamente.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) también ha alertado sobre la estabilidad financiera mundial en este contexto. En su informe reciente, reconoce un endurecimiento de las condiciones financieras desde el inicio del conflicto, aunque sin alcanzar niveles críticos previos. No obstante, advierte que la volatilidad y las ventas masivas podrían desatar tensiones a causa del elevado apalancamiento y concentración en mercados financieros, además del riesgo de cortos diferenciales crediticios.Informe del FMI
Por otra parte, las sanciones y el bloqueo del estrecho también afectan sectores clave como la agricultura, ya que el paso restringido lleva a alertas de posible crisis alimentaria debido al impacto sobre el transporte de fertilizantes, señalada por la ONU.
Los efectos en España no serán menores. Tres de cada cuatro analistas consultados estiman que la guerra reducirá entre 0,2 y 0,4 puntos el crecimiento del PIB en 2026, situándolo en torno al 2-2,5%. Además, la inflación anual se prevé que aumente hasta 3,1%, un punto por encima de las cifras anteriores al estallido del conflicto. En paralelo, la mayoría espera que los tipos de interés suban entre 0,2 y 0,6 puntos porcentuales a lo largo del año, en línea con el endurecimiento global de la política monetaria.
Según Funcas, la situación se podría clasificar como una crisis transitoria, aunque siempre condicionada a que el conflicto no se extienda más. Sin embargo, tanto el riesgo geopolítico como la escalada arancelaria global, especialmente la aplicada por Estados Unidos sobre la industria automotriz, son las amenazas principales para la economía española, relegando preocupaciones internas a un segundo plano.
Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, con Pakistán participando como mediador, son vistas con esperanza, aunque la normalización del paso energético por Ormuz tardaría semanas o meses en conseguirse. Bjorn Beam, analista de Arcano Partners y exoficial de la CIA, apunta que despejar la congestión de miles de buques es un proceso que puede demorar un mes o más, y que los daños materiales en infraestructuras clave para la exportación tardarán años en repararse.
El Pentágono ha comunicado que la retirada completa de minas colocadas en la zona podría tardar hasta seis meses después de un acuerdo formal, lo que implica que el suministro energético significativo no se recuperaría antes del final del verano. Estos factores mantienen alta la incertidumbre sobre la recuperación económica y los riesgos financieros derivados del conflicto.
En definitiva, la prolongación del conflicto en Oriente Próximo amplía sus efectos más allá del shock energético inicial, con riesgos crecientes en el sistema financiero global y en la estabilidad macroeconómica, mientras las tensiones geopolíticas configuran el mayor riesgo actual para la economía española y mundial.