La tensión entre Estados Unidos e Irán escala de forma acelerada. Un destructor de la Armada estadounidense atacó y abordó el carguero iraní Touska en el Golfo de Omán, según confirmó el propio Donald Trump en su red social Truth Social. El barco, que según Washington intentaba burlar el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos, queda ahora bajo la custodia del Departamento del Tesoro por su "historial de actividades ilegales". Las consecuencias se sienten de inmediato en los mercados de materias primas y en la frágil diplomacia entre ambos países.
Según el Comando Central de Estados Unidos, el USS Spruance, un destructor de misiles guiados, efectuó disparos contra el Touska tras seis horas de advertencias ignoradas. El barco se dirigía al puerto iraní de Bandar Abbas cuando fue interceptado. Tras el ataque, tropas de la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines abordaron la embarcación. Trump describió la acción con contundencia: el destructor perforó la sala de máquinas del carguero después de que este ignorara todas las señales de parada.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya calificó el incidente de "piratería marítima armada" y advirtió que las fuerzas armadas de la República Islámica tomarán represalias "pronto". La agencia iraní Tasnim, vinculada a los servicios militares del país, fue más directa: Irán no enviará negociadores a ninguna mesa de conversaciones mientras Washington mantenga el bloqueo naval que paraliza sus puertos.
El petróleo rompe al alza y los mercados tiemblan
El impacto en los mercados de energía fue inmediato y severo. El crudo Brent, la referencia internacional, llegó a subir hasta un 7,9% en los mercados asiáticos, alcanzando los 97,50 dólares por barril. El West Texas Intermediate, la referencia estadounidense, escaló un 6,1% hasta los 88,99 dólares. Estas cifras representan uno de los movimientos diarios más bruscos del precio del crudo en meses y reflejan el miedo del mercado a una interrupción del suministro a través del estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial.
Las bolsas respondieron con caídas. Los futuros del S&P 500 cedieron un 0,5% y los del Stoxx Europe 600, el índice de referencia europeo, bajaron un 0,8%. Solo los mercados bursátiles asiáticos lograron avanzar, posiblemente sostenidos por la expectativa de que el conflicto pudiera resolverse antes de que afecte a los flujos de suministro a largo plazo.
Las negociaciones de paz, en el aire
Todo esto ocurre en un contexto diplomático enormemente frágil. Trump había anunciado el pasado domingo en Fox News que enviaría a Pakistán una delegación encabezada por Steve Witkoff, su enviado especial, y por Jared Kushner, su yerno, para retomar conversaciones con Irán. El vicepresidente JD Vance, que lideró la última ronda negociadora, también estaba previsto que participara, aunque Trump descartó su asistencia por razones de seguridad.
Irán, sin embargo, no parece dispuesto a sentarse a negociar bajo presión. La agencia Tasnim fue clara: no habrá conversaciones mientras exista el bloqueo naval. Un diputado iraní que participó en rondas previas de negociación en Islamabad publicó en X que "el enemigo parece estar preparándose para una nueva operación militar", lo que ilustra la desconfianza que existe en Teherán hacia la propuesta de Trump.
Los puntos de fricción entre ambas potencias van mucho más allá del incidente con el Touska. En el centro del conflicto están las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido, el futuro del programa nuclear del país y el control del estrecho de Ormuz. Irán ha condicionado la reapertura de esa vía marítima al levantamiento del bloqueo naval estadounidense, que entró en vigor la semana pasada. Trump, por su parte, ha advertido que podría ordenar ataques contra infraestructuras civiles iraníes, incluyendo centrales eléctricas y puentes, declaraciones que han generado alarma internacional por sus posibles implicaciones jurídicas.
Una crisis con muchas variables abiertas
Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante la ONU, corroboró en una entrevista con ABC que Washington está dispuesto tanto a intensificar la presión como a abrirse a un acuerdo, y que Trump incluso podría ordenar que buques iraníes sean interceptados en el Pacífico. La situación es, en cualquier caso, extremadamente volátil: cada declaración, cada movimiento naval y cada sesión del mercado depende en gran medida de lo que ocurra en las próximas horas en esa mesa de negociación que, de momento, permanece vacía.
La comunidad internacional observa con inquietud cómo una crisis que parecía acercarse a una solución diplomática puede derivar en una escalada militar con consecuencias impredecibles para el suministro energético global y la estabilidad de toda la región.