La reapertura del estrecho de Ormuz, anunciada de forma conjunta por Donald Trump y el ministro de Exteriores iraní con vigencia inmediata y un plazo previsto de diez días, ha desencadenado este viernes un reajuste en cadena de los principales activos financieros globales. El dólar, que ejerció de gran refugio durante el conflicto, ha perdido en una sola jornada todo lo que acumuló a lo largo de las semanas de tensión bélica.
La divisa estadounidense cotiza ahora en el entorno de 1,18 dólares por euro, su nivel más bajo desde la víspera del inicio de los ataques contra Irán. Durante las dos primeras semanas del conflicto, el billete verde llegó a apreciarse con fuerza —el euro llegó a caer por debajo de 1,15 dólares—, y se mantuvo en esa zona hasta principios de abril, cuando comenzó a ceder ante los primeros indicios de distensión diplomática. El movimiento de hoy no es, por tanto, el primero, pero sí el más contundente desde el alto el fuego del 7 de abril, cuando el retroceso del dólar llegó a ser el doble del registrado este viernes.
Por qué el dólar fue el gran refugio de este conflicto
La lógica detrás de la fortaleza del dólar durante el conflicto combina dos factores estructurales. El primero es que el comercio mundial del petróleo se denomina en dólares, lo que convierte a la divisa estadounidense en un activo de demanda garantizada cuando el suministro energético global se ve amenazado. El segundo es que Estados Unidos es uno de los mayores exportadores de crudo del mundo, lo que lo posiciona como beneficiario relativo cuando el petróleo escasea en otros mercados. Daniel Ghali, estratega de materias primas en Toronto Dominion Bank, describía el dólar a mediados de marzo, en declaraciones recogidas por Bloomberg, como "el refugio definitivo durante este conflicto".
Ahora que el estrecho vuelve a estar abierto, aunque sea provisionalmente, esa prima de riesgo se disuelve. El precio del petróleo cae con fuerza y las bolsas rebotan, eliminando la necesidad de mantener posiciones defensivas en dólares.
El oro recupera terreno, pero sigue lejos de sus máximos previos a la guerra
Mientras el dólar retrocede, el oro avanza cerca de un 2% y cotiza en torno a los 4.900 dólares la onza, un nivel que no se veía desde mediados de marzo. El metal amarillo tuvo un comportamiento atípico durante el conflicto: en lugar de actuar como refugio clásico, se comportó de forma correlacionada con las bolsas, cayendo cuando los mercados bajaban y el dólar se fortalecía. Los analistas apuntan que la creciente popularidad de los productos de inversión vinculados al oro en los últimos años —fondos cotizados, derivados— ha estrechado su vínculo con la renta variable, diluyendo su papel tradicional como activo defensivo.
Con todo, el rebote de hoy no borra el daño acumulado: el oro sigue cotizando aproximadamente un 7% por debajo de sus niveles previos al inicio del conflicto.
Los bonos soberanos caen y el BCE revisa sus expectativas de tipos
En los mercados de deuda, el escenario de distensión ha provocado una oleada de ventas en los bonos soberanos europeos. La lógica es directa: si el petróleo baja, la presión inflacionista remite y los bancos centrales tienen menos motivos para endurecer la política monetaria. Eso reduce el atractivo de mantener bonos a largo plazo comprados en plena expectativa de subidas de tipos.
Las caídas en precio —equivalentes a subidas en rentabilidad— superan los diez puntos básicos en la deuda a largo plazo de Alemania, Francia, Reino Unido y España. El bono español a diez años rinde ahora cerca de un 3,4%. Aun así, los niveles de rendimiento siguen siendo unos 30 puntos básicos superiores a los registrados la víspera del inicio de los ataques, lo que refleja que el mercado no descarta completamente la incertidumbre.
La mayor sacudida se produce en las expectativas sobre los tipos de interés. Según los mercados de futuros, el Banco Central Europeo situará sus tipos de referencia a finales de año en torno al 2,25%, frente al 2,75% que llegó a descontarse a principios de abril, cuando el mercado llegó a poner en precio hasta tres subidas adicionales. Actualmente, los tipos se encuentran en el 2%. Es decir, el mercado ha pasado en pocas semanas de esperar tres alzas a prever un único recorte de un cuarto de punto.
En Estados Unidos, la probabilidad que asignan los futuros a una bajada de tipos de 0,25 puntos porcentuales se sitúa ya en torno al 40%, según los datos disponibles. Los recortes vuelven a ser el escenario central para la Reserva Federal, algo que había quedado completamente desplazado durante las semanas de mayor tensión geopolítica.
El reajuste de este viernes es, en definitiva, el primer gran test de cómo los mercados procesan una desescalada todavía frágil. La reapertura de Ormuz tiene una vigencia declarada de diez días, lo que significa que la estabilidad de estas tendencias dependerá, en buena medida, de lo que ocurra en las próximas negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán.