La inestabilidad en Oriente Próximo ha provocado un nuevo repunte en los mercados energéticos, llevando el precio del barril de petróleo a superar la barrera de los cien dólares por primera vez desde el pasado mes de mayo. Esta escalada se produce tras una serie de ataques perpetrados por las milicias hutíes de Yemen, respaldadas por Irán, contra dos petroleros de Arabia Saudí en el vital corredor del Mar Rojo. La situación ha generado una fuerte reacción por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha prometido un "duro castigo militar" tanto para los hutíes como para Irán en caso de nuevas agresiones contra Arabia Saudí, un país con el que Washington acaba de cerrar un acuerdo de desarrollo nuclear civil. Este escenario de confrontación y la amenaza a las rutas marítimas clave han encendido las alarmas a nivel global.
El detonante inmediato de esta subida de precios fue la reivindicación por parte de los rebeldes hutíes del ataque a los dos buques saudíes. Este suceso es de gran importancia estratégica, ya que el Mar Rojo, conectado con el Mediterráneo a través del Canal de Suez y con el Océano Índico, se ha convertido en una alternativa crucial para el transporte de crudo y gas, especialmente tras el bloqueo del estrecho de Ormuz. Dicho estrecho, punto de paso tradicional para una quinta parte del petróleo y gas mundial, permanece bajo la amenaza de Irán. Arabia Saudí, actor fundamental en la OPEP, había estado desviando una parte considerable de su producción a través de un oleoducto que culmina en la costa oriental, permitiendo el envío por el Mar Rojo. Sin embargo, los recientes ataques cuestionan la viabilidad y seguridad de esta ruta vital, como ha señalado la firma de inteligencia marítima Lloyd's List Intelligence.
Las consecuencias de esta inestabilidad no se limitan solo a la región. Con el Mar Negro afectado por el conflicto entre Rusia y Ucrania, el estrecho de Ormuz bajo bloqueo de facto, y ahora la amenaza sobre el Mar Rojo, la cadena de suministro global de crudo se encuentra bajo una presión sin precedentes. La propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha manifestado su "preocupación por la seguridad del suministro" mundial de petróleo, lo que ha contribuido al temor de los inversores y al consecuente aumento de los precios. El barril de Brent, referencia en Europa, experimentó incrementos cercanos al 7%, superando los 101 dólares en algunos momentos del día. Por su parte, el crudo Texas escaló un 5% hasta rondar los 92 dólares por barril.
Este repunte de precios tiene implicaciones directas en la economía real, con la gasolina ya superando los cuatro dólares por galón en Estados Unidos. Este factor, en un año marcado por las elecciones de mitad de mandato en noviembre, genera preocupación en la administración Trump. El presidente utilizó su red social, Truth, para lamentar la reanudación de los ataques hutíes, a quienes, según sus palabras, había considerado "profesionales e inteligentes" en su actuación previa durante el conflicto con Irán. Su mensaje fue claro: si los ataques se repiten, Estados Unidos responsabilizará a Irán, imponiendo un "duro castigo militar" a ambos actores.
La escalada no solo ha sido militar, sino también dialéctica. Mientras el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaraba una política de "ojo por ojo" ante posibles ataques estadounidenses, el secretario de Estado, Marco Rubio, respondía con una postura de "cabeza por ojo", advirtiendo que los precios del petróleo "seguirán subiendo cada noche hasta que entren en razón". Esta retórica alimenta la expectativa de una intensificación del conflicto, con un impacto directo en la producción de crudo. Consultoras como Energy Aspects, citada por *Financial Times*, estiman que el embargo de facto de los hutíes podría obligar a Arabia Saudí a reducir su producción diaria de crudo por debajo de los seis millones de barriles, una cifra significativamente menor a su capacidad real.
Es relevante contextualizar la postura estadounidense en la región. Arabia Saudí es un socio estratégico clave para Washington, y la reciente concesión para desarrollar infraestructuras nucleares civiles subraya la importancia de esta alianza. El presidente Trump ha enfatizado que este "acuerdo nuclear civil" negociado entre el Departamento de Energía de Estados Unidos y Arabia Saudita está estrictamente limitado a usos no militares, similar a lo que ya poseen Irán y los Emiratos Árabes Unidos. Además, el pacto exige la adhesión de Arabia Saudí a los "respetados y exitosos Acuerdos de Abraham", que normalizaron las relaciones entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Baréin en 2020. Esta postura de apoyo a Riad y la firmeza ante la amenaza hutí y iraní buscan estabilizar una región fundamental para el suministro energético global, aunque por ahora, el efecto inmediato es una considerable inestabilidad en los precios del petróleo y una creciente incertidumbre en el comercio marítimo internacional.