En vivo
Buscar

Chema Alonso: la IA rompe el negocio de Internet

El vicepresidente de Cloudflare advierte de que los buscadores con IA destruyen el modelo de tráfico y publicidad que sostuvo la red durante décadas.

Por Carlos García·sábado, 18 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Chema Alonso: la IA rompe el negocio de Internet · El Diario Joven

Chema Alonso lleva décadas siendo una referencia en ciberseguridad en España, primero como investigador independiente, después como directivo en Telefónica y ahora desde una posición privilegiada en Cloudflare, la empresa estadounidense que gestiona aproximadamente el 20% del tráfico HTTP global. Aterrizó en la compañía hace menos de un año con el título de vicepresidente y director de Desarrollo Internacional, tras un proceso que él mismo describe como meditado e ilusionante. La razón principal fue lo que considera una visión compartida: construir una red más segura y más respetuosa con la privacidad de los usuarios.

Desde esa posición, Alonso tiene acceso a datos que pocas organizaciones del mundo pueden ver en tiempo real. La infraestructura de Cloudflare abarca más de 330 ciudades en 125 países, se conecta a más de 13.000 redes independientes y bloquea cada día más de 230.000 millones de ataques. Esa escala convierte a la compañía en algo parecido a un sistema nervioso de Internet, capaz de detectar patrones de amenaza con una precisión y velocidad difícilmente replicables por otras entidades.

El crimen organizado adoptó la IA antes que nadie

Uno de los mensajes más contundentes que lanza el directivo tiene que ver con la velocidad a la que los cibercriminales han integrado la inteligencia artificial en sus operaciones. Según Alonso, el mundo del cibercrimen fue un early adopter de esta tecnología, y lo hizo sin las restricciones éticas ni regulatorias que frenan a las organizaciones legítimas. El resultado es que hoy los ataques de phishing son más sofisticados y convincentes, las vulnerabilidades se explotan de forma automatizada y existen agentes autónomos que operan sin intervención humana en tiempo real.

Lo que más sorprende al hacker no es solo la capacidad técnica de estos grupos, sino su dimensión organizativa. Los define como auténticas entidades con canales de distribución en múltiples países, más grandes que muchas compañías tecnológicas convencionales. Para contrarrestarlos, la plataforma de seguridad de Cloudflare se actualiza varias veces por hora. Y aunque los defensores partían en desventaja, Alonso reconoce que los profesionales de ciberseguridad han tardado muy poco en adaptarse al nuevo paradigma basado en IA. La lucha, en cualquier caso, es costosa: mantener esa infraestructura de defensa supone un gasto enorme para la compañía.

Un tercio del tráfico ya no lo generan humanos

Más allá de la seguridad, Alonso pone el foco en una transformación estructural que afecta a toda la economía digital. Según sus estimaciones, alrededor de un tercio del tráfico en Internet ya procede de bots e inteligencia artificial, una proporción que no deja de crecer. Esto implica un cambio de paradigma en el diseño de tecnologías: ya no se construye solo para usuarios humanos, sino para máquinas que procesan información de forma diferente. Las páginas web tradicionales están cediendo terreno a APIs, protocolos como MCP, frameworks de agentes autónomos y contenido estructurado en formatos como Markdown, pensados para que los sistemas de IA los consuman con mayor eficiencia.

Esta transición tiene consecuencias económicas directas que Alonso describe con crudeza. El modelo que sostuvo Internet durante décadas se basaba en un intercambio sencillo: contenido a cambio de tráfico, monetizado mediante publicidad. Ese pacto está rompiéndose. Los buscadores impulsados por inteligencia artificial, como los que están desarrollando Google, Microsoft o nuevos actores como Perplexity, responden directamente a las preguntas de los usuarios sin necesidad de redirigirlos a las webs originales. El resultado es que por cada miles de búsquedas, solo llega un visitante real a las páginas que generaron el contenido. Para muchos medios, editores y empresas que dependían de ese flujo de visitas, el impacto ya es visible en forma de caídas de tráfico y modelos de negocio en pérdidas.

El propio sector está intentando responder a esta presión. Iniciativas como el protocolo Robots.txt actualizado o los debates en torno a la compensación a editores por parte de las grandes plataformas de IA son señales de que el ecosistema busca un nuevo equilibrio. Pero Alonso es claro: hay que redefinir ese pacto en Internet, y hacerlo pronto.

La polarización, el riesgo que más le preocupa

Si hay una preocupación que supera a todas las demás en el discurso de Alonso, no es técnica sino social. El directivo advierte sobre la polarización creciente de las sociedades y la distorsión de la realidad que facilita la manipulación tecnológica a escala. Un problema que, según él, trasciende el debate sobre ciberseguridad o modelos de negocio y se adentra en el terreno de la cohesión democrática.

Frente a ese escenario, Alonso no apuesta por el pesimismo ni por la regulación como única salida, sino por la colaboración. Su tesis es que la tecnología tiene un potencial enorme para mejorar las sociedades, pero que ese potencial depende de las decisiones humanas que se tomen en los próximos años. Desde su posición en una de las infraestructuras más críticas de Internet, trabaja con esa convicción como guía. La pregunta es si el resto de actores del ecosistema digital —empresas, gobiernos y usuarios— están dispuestos a sentarse a redefinir las reglas antes de que el modelo actual colapse del todo.

Compartir:XFacebookWhatsAppEmail

Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

También te puede interesar