BMW ha anunciado un recorte de cerca del 60% en sus previsiones de beneficio operativo para su división de automóviles en 2026, afectada principalmente por sus dificultades en el mercado chino, según comunicó la compañía el pasado martes. Esta rebaja refleja la creciente presión que afrontan los fabricantes europeos debido a la consolidación y expansión de los productores chinos de vehículos eléctricos.
El mercado automovilístico chino, otrora amplio y lucrativo para compañías europeas como BMW, Mercedes-Benz, Volkswagen o Stellantis, se ha ido reduciendo. El auge de vehículos eléctricos (VE) nacionales, más asequibles y con una fuerte política de apoyo estatal, ha desplazado a los modelos tradicionales de alta gama fabricados por estas marcas europeas. Por ejemplo, Porsche registró una caída aproximada del 66% en sus ingresos en China durante el período 2022-2025 según datos de S&P Capital IQ.
La importancia del mercado chino para estas empresas era notable: en sus mejores años representaba cerca del 50% del beneficio operativo total para BMW y Mercedes-Benz, según analistas de Citigroup. Ahora, esta fuente de ingresos se ha reducido drásticamente o desaparecido, evidenciado también por la caída casi a la mitad del beneficio operativo generado por Volkswagen en sus empresas conjuntas chinas, situándose en 958 millones de euros el año pasado.
El propio mercado chino muestra señales de estancamiento debido a un debilitamiento económico y la eliminación progresiva de subvenciones a los vehículos eléctricos, lo que contribuye a la creciente presión sobre los fabricantes europeos. Esta situación ha permitido a sus rivales chinos acumular capacidad productiva excedente, que están utilizando para aumentar sus exportaciones, incluyendo una expansión significativa en Europa.
Esta entrada china al mercado europeo ha sido vertiginosa: desde prácticamente cero en 2021 han conquistado casi un 10% de la cuota europea, de acuerdo con los analistas de Jefferies. Aunque las ventas europeas han experimentado una leve recuperación gracias a nuevos modelos más accesibles, la competencia adicional en un mercado que no está creciendo pone a la industria europea en una encrucijada complicada.
Desde el punto de vista industrial, la situación es crítica. S&P Global señala que las fábricas europeas utilizan solo cerca del 70% de su capacidad productiva, lo que implica un alto coste fijo con menores volúmenes. Además, las inversiones en plantas para vehículos eléctricos aumentan la presión para alcanzar rentabilidades aceptables, haciendo que cualquier problema, desde tarifas arancelarias hasta conflictos geopolíticos, pueda afectar gravemente a estas empresas.
Por esta razón, la Unión Europea está valorando implementar normas "Made in Europe" para proteger su industria a través de medidas que limiten el acceso a contratación pública y a subvenciones por parte de fabricantes extranjeros. Esta estrategia busca sostener el tejido industrial y los empleos asociados. Paralelamente, algunos fabricantes europeos están explorando colaboraciones con sus competidores chinos, como fue el caso de las negociaciones de Stellantis con Dongfeng para rentabilizar la capacidad ociosa de sus plantas en Francia.
En definitiva, el panorama para los fabricantes europeos de automóviles está marcado por la necesidad urgente de adaptación frente a un mercado global en transformación, con China jugando un papel decisivo. La competencia es más intensa y las estrategias tradicionales deberán evolucionar para mantener la competitividad y sostenibilidad en un sector vital para la economía europea.
Para profundizar puede consultarse el análisis completo de Financial Times o los informes de S&P Capital IQ, que ofrecen detalle sobre los movimientos en el negocio automotriz global.