Entre enero y junio de 2026, los aeropuertos españoles alcanzaron un récord histórico con 156,2 millones de pasajeros, un 3,7% más que en el mismo periodo del año anterior. Este crecimiento estuvo impulsado principalmente por las rutas internacionales, que aumentaron un 5%, mientras que los vuelos nacionales solo crecieron un 1%. Sin embargo, este avance llega frente a un escenario complejo, marcado por tres conflictos internacionales (en Ucrania, Israel e Irán) y el impacto del encarecimiento del combustible debido al bloqueo del estrecho de Ormuz.
Aena, el gestor aeroportuario, ha destacado que este crecimiento es menor que el registrado en la primera mitad de 2025, cuando el tráfico aéreo había crecido un 4,5%. La empresa, liderada por Maurici Lucena, mantiene su previsión oficial de un incremento del 1,3% para el conjunto del año, aunque previamente ha insinuado que esta estimación podría revisarse al alza.
Las aerolíneas, por su parte, muestran una visión más optimista. Según la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), el tráfico está siendo infraestimado por Aena. Los operadores aéreos han programado para la segunda mitad de 2026 alrededor de 150 millones de asientos disponibles, un 6,5% más que en 2025, lo que indicaría un fuerte dinamismo para lo que queda de verano y anticipa un crecimiento más acelerado en el corto plazo.
El motivo de esta tensión va más allá de las cifras de pasajeros. Las previsiones de tráfico determinan en buena medida el nivel de las tasas aeroportuarias que se cobrarán en el periodo regulatorio 2027-2031, conocido como Documento de Regulación Aeroportuaria III (DORA III). En términos generales, un mayor tráfico debería facilitar tarifas más competitivas o con incrementos moderados, mientras que un crecimiento menor implica subidas mayores para compensar inversiones.
Aena plantea un incremento promedio del tráfico del 1,3% anual durante el DORA III, proponiendo un aumento de las tasas del 3,8% cada año. En contraste, las aerolíneas prevén un crecimiento de pasajeros del 3,6% y recomiendan una reducción anual de las tarifas del 4,9%, sobre la base actual que ronda los 11 euros por pasajero. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha sugerido un recorte más moderado del 0,59% en estas tarifas, anticipando un crecimiento del tráfico del 2,2% anual en ese periodo. La Dirección General de Aviación Civil aún debe redactar la propuesta definitiva que será aprobada en el Consejo de Ministros en septiembre.
En juego están miles de millones de euros en inversiones aeroportuarias. Aena ha advertido sobre la necesidad de ejecutar un paquete de inversiones reguladas por casi 10.000 millones de euros hasta 2031, y superando los 12.800 millones si se consideran proyectos no regulados. Esta planificación incluye la expansión de infraestructuras en Madrid y Barcelona, que según Aena verán limitado su crecimiento a partir del próximo verano debido a la capacidad actual hasta que finalicen dichas obras.
Este planteamiento es cuestionado por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) y por las principales aerolíneas españolas agrupadas en ALA, que incluye compañías como Ryanair, Iberia, Vueling y Air Europa. Estas operadoras ponen en duda la necesidad total de las inversiones proyectadas y critican que Aena suele subestimar históricamente la demanda, lo que afectaría la estructura tarifaria y la planificación a medio plazo.
El choque entre Aena y las aerolíneas refleja la complejidad de gestionar un sector estratégico que debe equilibrar crecimiento, calidad del servicio, competencia y costes para consumidores y compañías. Los próximos meses serán decisivos para definir cómo evoluciona este escenario y cuáles serán las reglas del juego hasta 2031.
Para más detalles sobre la regulación aeroportuaria y las perspectivas del tráfico aéreo puede consultarse el informe oficial de Aena y las comunicaciones de la Asociación de Líneas Aéreas.