Las acciones de Accenture cerraron con una caída del 18%, registrando su nivel más bajo desde 2017. Esta caída se produjo después de que la firma de consultoría tecnológica ajustara a la baja sus previsiones de ingresos anuales, lo que ha generado preocupación sobre el efecto disruptivo que la inteligencia artificial (IA) podría estar teniendo en el modelo tradicional de negocio de TI y externalización.
En el último trimestre cerrado en mayo, Accenture reportó ingresos por nuevas contrataciones de 19.300 millones de dólares, un descenso del 3% en moneda local en comparación con el mismo periodo del año anterior. La empresa estimó que su crecimiento de ingresos para todo el año fiscal no superará el 4%, una revisión a la baja frente al rango previo del 3% al 5%.
Este ajuste ha supuesto un fuerte varapalo para la compañía, cuya capitalización bursátil se ha reducido de más de 200.000 millones de dólares tras la pandemia a menos de 80.000 millones en la actualidad. El descenso refleja un creciente temor entre inversores de que las tecnologías de IA puedan desintermediar a los consultores tradicionales, ya sea automatizando tareas o generando competencia a través de nuevas startups especializadas.
La consejera delegada de Accenture, Julie Sweet, señaló que, pese a estas preocupaciones, la compañía continúa captando clientes interesados en asesoría para integrar la IA en sus negocios. Sin embargo, reconoció que factores externos como la guerra en Oriente Próximo afectaron negativamente a los ingresos en aproximadamente 100 millones de dólares durante el último trimestre. Además, esta situación ha ralentizado las decisiones de inversión de diversos clientes globales.
Desde hace varios años, Accenture y sus competidores enfrentan una baja inversión en proyectos de consultoría considerados discrecionales, un síntoma interpretado por analistas como reflejo de la disrupción causada por la IA en la industria. Surinder Thind, analista de Jefferies, calificó los resultados como decepcionantes y advirtió que la demanda podría continuar debilitándose en un entorno dominado por modelos avanzados de IA y agentes automatizados.
Sweet también destacó que, en general, los presupuestos de tecnología de las empresas no han aumentado significativamente pese a la irrupción de la IA. "Están gastando diferente, pero no más", señaló en una llamada con analistas, lo que obliga a la empresa a buscar nuevas vías de crecimiento.
Como parte de su estrategia para adaptarse, Accenture ha elevado considerablemente su presupuesto para adquisiciones, que en este ejercicio fiscal llegará a 9.000 millones de dólares, más del doble de la cifra inicialmente prevista. Recientemente, anunció la compra de tres compañías especializadas en ciberseguridad: runZero (evaluación de vulnerabilidades), NetRise (seguridad de dispositivos) y una participación mayoritaria en Dragos (protección de tecnología operativa). Estas adquisiciones suman un valor consolidado de 4.200 millones de dólares.
En enero, Accenture también cerró la compra de Faculty, una startup británica de inteligencia artificial valorada en 1.000 millones de dólares. Estas acciones buscan fortalecer la oferta de la consultora para ayudar a sus clientes a protegerse frente a los nuevos riesgos que plantea la IA en el ámbito de la seguridad tecnológica.
Este panorama marca un momento complejo para Accenture y el sector de la consultoría TI, que deben conciliar la incorporación de tecnologías emergentes con un modelo de negocio que se enfrenta a cambios profundos. La respuesta de la firma, impulsada por adquisiciones estratégicas, evidencia la necesidad de reinventarse en un escenario donde la IA condiciona la demanda y los patrones de inversión.
Para más información sobre el impacto de la IA en el sector tecnológico, puede consultarse el análisis detallado en Financial Times.