Diego Pablo Simeone no mordió el anzuelo. Tras la eliminación del Atlético de Madrid ante el FC Barcelona en los cuartos de final de la Champions League, el entrenador rojiblanco optó por no entrar en las polémicas que habían sobrevolado la eliminatoria: las quejas del conjunto azulgrana sobre el arbitraje y el estado del césped del Estadio Metropolitano. En lugar de eso, el Cholo eligió el camino de la perspectiva y la valoración deportiva de lo que había conseguido su equipo durante la temporada en Europa.
El técnico argentino resumió su postura con una frase que dejó poco margen a la interpretación: "Qué bueno es estar entre los cuatro mejores de Europa". Con esas palabras, Simeone dio por zanjado cualquier debate sobre factores externos y trasladó el foco hacia el rendimiento colectivo del Atlético, que había plantado cara al Barça en una eliminatoria muy disputada antes de ceder el pase a las semifinales.
El partido de vuelta en el Metropolitano terminó con victoria barcelonista por 1-2, resultado que permitió a los de Hansi Flick avanzar a la siguiente ronda. El encuentro estuvo marcado por la intensidad física, varias acciones polémicas y un gol de Lamine Yamal que desató la remontada visitante. Tras el pitido final, desde el entorno del Barça surgieron críticas al estado del terreno de juego del estadio colchonero, una queja que el presidente atlético Enrique Cerezo ya había calificado como "una tontería de mucho cuidado".
Simeone, por su parte, tampoco quiso alimentar ese frente. El entrenador, que tardó más de un minuto y medio en acercarse a saludar a Flick al término del encuentro, mantuvo en sala de prensa un discurso centrado en lo deportivo. El Atlético había llegado a los cuartos de final de la máxima competición europea y había competido de tú a tú con uno de los favoritos al título. Eso, para Simeone, era suficiente argumento.
El Atlético en el contexto europeo de esta temporada
La trayectoria del Atlético en esta edición de la Champions League había sido notable. El equipo rojiblanco superó la fase de liga con solvencia y se plantó en cuartos de final, donde se topó con un Barcelona que venía de una temporada doméstica irregular pero que en Europa había mostrado su mejor versión. La eliminatoria fue equilibrada y los colchoneros mantuvieron sus opciones hasta que el gol de Lamine Yamal rompió el partido en el Metropolitano.
Para el Atlético, llegar a cuartos supone confirmar que el proyecto sigue siendo competitivo a nivel continental, algo que no siempre ha estado garantizado en los últimos años. El club ha alternado campañas brillantes en Europa con otras de menor recorrido, y esta temporada se sitúa en un término medio positivo: eliminación ante un rival de primer nivel sin haber desaparecido del mapa en la fase de grupos.
Las quejas del Barça y la respuesta rojiblanca
Las críticas del entorno barcelonista sobre el césped del Metropolitano generaron cierto revuelo en los días previos y posteriores al partido. Desde el club catalán se señaló el estado del terreno de juego como un factor que había condicionado el juego combinativo de su equipo. Una queja que no fue bien recibida en el Atlético, donde tanto la directiva como el cuerpo técnico rechazaron de plano esa narrativa.
Cerezo fue el más explícito al calificar la queja de "tontería", pero Simeone optó por una estrategia diferente: el silencio y la reorientación del discurso. En lugar de responder directamente, el técnico elevó el tono hacia lo positivo, poniendo en valor el hecho de haber competido al más alto nivel europeo. Es un recurso habitual en Simeone, que prefiere no desgastarse en debates externos cuando considera que lo importante está en el campo.
El golpe de Musso a Fermín, que dejó al centrocampista del Barça sangrando en el partido, fue otro de los episodios que añadieron tensión al encuentro y que alimentaron las quejas visitantes sobre la dureza del juego atlético. Sin embargo, ninguno de estos incidentes alteró el mensaje final del técnico argentino, que se mantuvo fiel a su guion de valorar lo conseguido y mirar hacia adelante.
El Atlético de Madrid cerrará su temporada europea con la cabeza alta, según el mensaje de su entrenador. Simeone sabe que en el fútbol los debates sobre el césped o el arbitraje se olvidan rápido, pero que llegar a cuartos de final de la Champions y competir con el Barça deja una huella más duradera. La próxima ventana de mercado y la preparación de la siguiente temporada marcarán si el club puede aspirar a ir todavía más lejos en Europa.