En julio de 2023, Gianluigi Donnarumma, por entonces guardameta del Paris Saint-Germain, y su pareja Alessia vivieron una noche de terror en su domicilio parisino. Un grupo de asaltantes irrumpió en la vivienda, agredió físicamente a la pareja y se marchó con un botín valorado en torno al millón de euros entre relojes, bolsos y joyas. Lo que entonces pareció un golpe audaz pero relativamente convencional resultó ser, según reveló la investigación posterior, una operación de una complejidad y una crueldad muy superiores a lo que sugería el primer vistazo.
El nombre que ha surgido como presunto cerebro de todo el asunto es el de Ilyas Kerbouch, conocido por el alias Ganito, un joven de 21 años que, en el momento del robo, se encontraba cumpliendo condena en prisión. Según los investigadores, Kerbouch reclutó a varios miembros de la banda desde su celda, los coordinó a través de redes sociales y siguió el desarrollo del asalto en tiempo real mediante videollamada. Los asaltantes accedieron al interior de la vivienda por el tejado, golpearon a Donnarumma causándole al menos dos heridas y ataron a Alessia con cables mientras la amenazaban con cuchillos. El nivel de violencia empleado superó con creces lo que se esperaría de un robo de oportunidad.
El caso tiene además un antecedente que añade contexto al perfil de la víctima como objetivo. El chef particular de la pareja, Simone Zanoni, cocinero con una estrella Michelin, ya había sufrido un episodio similar junto a su pareja en mayo de 2022, poco más de un año antes del asalto a Donnarumma. Que el entorno más inmediato del portero hubiera sido blanco de un robo violento con anterioridad abre preguntas sobre si existía un seguimiento deliberado o simplemente una acumulación de mala suerte vinculada al mismo círculo social.
La tortura que siguió al robo
Lo que convierte este caso en algo verdaderamente perturbador es lo que ocurrió después del asalto. Según la investigación, Ganito no solo dirigió el robo desde prisión, sino que posteriormente ordenó el secuestro y la tortura de dos de los propios integrantes de la banda que habían ejecutado el golpe. El motivo apuntado es un ajuste de cuentas interno, posiblemente relacionado con el reparto del botín o con alguna traición percibida dentro del grupo.
Los dos hombres habrían sido retenidos durante al menos 24 horas y sometidos a tortura mientras el presunto organizador, todavía entre rejas, seguía la escena en directo a través de su teléfono móvil. Se habría llegado incluso a grabar parte del episodio, lo que supone una evidencia de notable peso para la instrucción judicial. La combinación de un robo violento, la coordinación desde prisión y el secuestro posterior de los propios ejecutores configura un caso de criminalidad organizada de considerable gravedad.
La fuga y la recaptura
El caso dio un giro adicional el mes pasado cuando Kerbouch logró escapar del centro penitenciario donde cumplía condena. La fuga se produjo con la ayuda de tres cómplices que se hicieron pasar por agentes de policía, una modalidad de evasión que las autoridades francesas conocen pero que sigue siendo relativamente infrecuente por la logística que requiere. La operación de escape tuvo éxito durante un breve periodo: apenas dos semanas después, Kerbouch fue detenido de nuevo por la policía francesa, esta vez sin disfraces de por medio.
El caso se enmarca en un contexto más amplio de inseguridad que ha afectado a varios deportistas de élite en Francia en los últimos años. Según informaciones publicadas por medios como L'Équipe, los robos a domicilio protagonizados por bandas organizadas que tienen como objetivo a futbolistas y otros deportistas de alto nivel se han convertido en una preocupación real tanto para los propios afectados como para los clubes. La concentración de riqueza visible, los horarios predecibles por los calendarios deportivos públicos y la habitualmente escasa presencia policial en zonas residenciales de lujo crean una combinación que, al parecer, determinados grupos criminales han aprendido a explotar.
Donnarumma, que desde su etapa en el PSG ha continuado su carrera profesional bajo los palos, no ha hecho declaraciones públicas recientes sobre el estado de la investigación. La causa judicial sigue su curso en Francia, donde el sistema penitenciario ha tenido que responder también por las condiciones que permitieron a Kerbouch coordinar operaciones criminales desde su celda y, posteriormente, planificar su propia fuga. Ambas cuestiones apuntan a fallos de seguridad interna que las autoridades deberán explicar con independencia del desenlace del proceso penal principal.