El vestuario del FC Barcelona salió del Metropolitano con una mezcla de rabia e incredulidad tras quedar eliminado de la Copa del Rey ante el Atlético de Madrid. Entre todos los jugadores azulgranas que tomaron la palabra al finalizar el choque, fue Raphinha quien lanzó la crítica más contundente contra el colegiado francés Clément Turpin, señalado como uno de los grandes protagonistas de la noche.
El extremo brasileño, que no pudo jugar por lesión pero viajó hasta Madrid para apoyar a sus compañeros desde la banda, no escondió su malestar ante los micrófonos: acusó directamente al árbitro de condicionar el resultado con sus decisiones y calificó el encuentro como un partido robado. Sus palabras generaron un debate inmediato tanto en el vestuario colchonero como en la opinión pública futbolística.
Según Raphinha, la permisividad del árbitro con la intensidad física del equipo de Diego Simeone resultó llamativa. El conjunto rojiblanco acumuló numerosas faltas a lo largo del partido sin que el colegiado recurriera a la tarjeta amarilla con la frecuencia que, a juicio del brasileño, habría sido lógica. Para Raphinha, esa actitud arbitral no fue casual: llegó a apuntar que podría tratarse de un temor a que el Barcelona pudiera dar la vuelta a la eliminatoria y clasificarse para la final del torneo.
Las declaraciones del jugador no tardaron en llegar al vestuario rival. Juan Musso, portero titular del Atlético de Madrid, salió al paso de las palabras de Raphinha con contundencia pero sin perder la calma. El guardameta argentino recordó que su equipo había ganado el partido de ida por 0-2 como visitante en el Camp Nou, y defendió que la clasificación rojiblanca fue del todo merecida. Musso también aludió a la roja directa que se señala habitualmente por intervención como último hombre, uno de los momentos más polémicos del choque, y subrayó que ese tipo de decisiones forman parte del reglamento. Calificó de "una locura" intentar presentar la eliminatoria como un robo.
El vestuario culé, unido en la crítica a Turpin
Más allá de Raphinha, el malestar con Turpin se extendió por toda la plantilla barcelonista. Dani Olmo, designado MVP del partido a pesar de la derrota, también dejó comentarios críticos sobre la dirección arbitral, aunque sin llegar al nivel de dureza del brasileño. La sensación generalizada en el grupo era que algunas decisiones del colegiado habían perjudicado de forma notable las opciones de remontada del equipo visitante, que llegaba al partido con desventaja en el marcador global.
Este tipo de polémicas arbitrales no son nuevas en los encuentros de alta tensión entre clubes de la élite española. La figura de Turpin, árbitro internacional con amplia experiencia en competiciones europeas como la UEFA Champions League, ha estado en el centro del debate en otras ocasiones, aunque en esta oportunidad el foco recayó sobre su gestión de las tarjetas y los criterios de falta aplicados durante el partido.
Un Atlético que defiende su pase con convicción
Desde el lado atlético, la respuesta fue de satisfacción y cierta indignación ante las acusaciones. Musso encabezó la réplica pública, pero el mensaje en el vestuario de Simeone fue claro: la clasificación se ganó en el campo, con un trabajo defensivo sólido y aprovechando una victoria clara en la ida. El Atlético aspira ahora a seguir en la Copa del Rey tras superar a un rival de la entidad del Barcelona.
El FC Barcelona, por su parte, queda eliminado de un torneo en el que buscaba un título que alivie la presión de una temporada exigente. La derrota reabre el debate sobre la solidez del equipo en partidos de eliminatoria directa y sobre la capacidad de remontar en campos difíciles como el Metropolitano, feudo del Atlético de Madrid donde el ambiente y la presión suelen inclinar la balanza a favor del conjunto local.
Las palabras de Raphinha, más allá de la controversia puntual, reflejan la frustración de una plantilla que siente que el arbitraje condicionó una noche que podría haber tenido un desenlace diferente. Si esas críticas tienen fundamento o no es algo que corresponde analizar a los organismos competentes del fútbol español, como el Comité Técnico de Árbitros de la RFEF, aunque históricamente este tipo de reclamaciones rara vez derivan en consecuencias formales para los colegiados.