Bélgica y Egipto, consideradas las dos selecciones más fuertes del grupo en el Mundial, empataron 1-1 en su primer encuentro del torneo. El partido, que se disputó con intensas emociones y varias ocasiones para ambos conjuntos, tuvo un protagonista indiscutible: Romelu Lukaku. El delantero belga fue decisivo poco después de entrar al campo, forzando un gol en propia puerta del egipcio Mohamed Hany que permitió a su equipo rescatar un punto crucial.
Desde el inicio, Egipto mostró una actitud valiente y dominante en el control del balón. Liderados por Hossam Hassan, los egipcios mantuvieron más del 60 % de posesión y buscaron manejar el ritmo de juego con fluidez. En contraste, Bélgica, que confía en la creatividad de Kevin De Bruyne y la velocidad de Doku, tuvo dificultades para imponer su juego ofensivo en la primera mitad.
El primer gol del encuentro llegó en el minuto 19, cuando Emam Ashour recibió un pase de Mohamed Salah y disparó con potencia desde la frontal del área. La defensa belga concedió demasiado espacio y tiempo para ejecutar el disparo, que terminó batiendo a Thibaut Courtois, a pesar de su estirada. Este tanto anotado por Ashour significaba el 0-1 y ponía a Egipto por delante, intensificando la presión sobre Bélgica.
Durante los siguientes minutos, la defensa egipcia, en especial el lateral Mohamed Hany, se encargó de neutralizar a la principal amenaza belga, el extremo Doku, cerrándole cada intento de desborde. Bélgica consiguió algunas oportunidades tímidas, como un disparo de De Bruyne que rozó el palo y un remate de Doku, pero Sin haber logrado disparos a puerta en esta primera parte. Courtois evitó que Egipto ampliara su ventaja con una doble intervención decisiva cerca del descanso tras errores de la zaga belga.
En la segunda mitad, el entrenador Rudi García mantuvo el esquema inicial pero adaptó la posición de Doku para potenciar la presión ofensiva. De Bruyne estuvo muy activo y estuvo cerca de empatar con un libre directo que se estrelló en el poste. Egipto respondió con acercamientos peligrosos, incluyendo un cabezazo de Salah detenido por Courtois y un disparo alto de Marmoush, evidenciando la voluntad de ambos equipos por ganar el partido.
El punto de inflexión llegó en el minuto 66 cuando Romelu Lukaku saltó al campo, relevando a De Ketelaere. Apenas segundos después, Lukaku presionó con gran intensidad y generó una acción que llevó al despeje forzado de Mohamed Hany hacia su propia portería, equilibrando el marcador en 1-1. Este gol en propia puerta fue un golpe anímico para Bélgica, que intensificó su ataque en busca de la victoria.
Posteriormente, el encuentro se volvió más abierto y los belgas dispusieron de más opciones para marcar. Destacó una buena oportunidad de Mechele, cuyo cabezazo fue despejado con una mano salvadora por el portero Shobeir. Lukaku también tuvo un cabezazo desviado que pudo haber cambiado el desenlace. A pesar de la insistencia de Bélgica, el empate permaneció hasta el final del choque.
Este empate supone un resultado importante para ambas selecciones en un grupo donde se espera gran competencia. Bélgica, subcampeona en la última Eurocopa, cuenta con una plantilla cargada de talento, pero aún muestra algunos problemas para encontrar fluidez en su juego colectivo. Egipto, por su parte, busca revalidar su buen papel en torneos internacionales, apoyándose en figuras como Salah y jugadores jóvenes que están empezando a destacar.
De cara a los próximos encuentros, ambos equipos tendrán que ajustar sus aspectos tácticos. Bélgica necesita mejorar su elaboración ofensiva para aprovechar mejor los recursos de jugadores como De Bruyne y Lukaku, mientras que Egipto deberá mantener su intensidad y concentración defensiva para resistir ante futuros rivales de alto nivel.
El Mundial 2026 continúa desplegando sorpresas y emociones, y partidos como este entre Bélgica y Egipto prometen un torneo competitivo y disputado en cada fase. La actuación de Lukaku, en particular, destaca como un ejemplo de cómo la entrada al campo en el momento justo puede cambiar el curso de un partido y aportar esperanza a un equipo que busca avanzar con firmes pasos.