Hansi Flick se agachó, tocó el césped con las manos y acabó dirigiéndose a un delegado de la UEFA para plantear una queja formal. El técnico del Barcelona no estaba convencido de la altura del tapete del Metropolitano a menos de 24 horas de la vuelta de cuartos de final de Champions, un partido que marcará en buena medida el rumbo europeo de ambos clubes.
La lógica detrás de la protesta es sencilla: cuanto más alto está el césped, más lenta rueda la pelota, algo que históricamente ha incomodado al Barcelona, cuyo estilo se basa en la circulación rápida del balón. El Nou Camp suele mantener su tapete a unos 2,3 centímetros, por debajo del límite máximo que establece el reglamento europeo, fijado en 3 centímetros uniformes en todo el campo.
Según el artículo 34.04 del Reglamento de la UEFA, si el árbitro o el delegado del organismo lo considera necesario, el club local puede verse obligado a reducir la altura del césped antes del partido o del entrenamiento. En respuesta a la queja del técnico alemán, la UEFA trasladó que mediría el tapete y lo recortaría en caso de que superara los parámetros establecidos.
Desde el Atlético de Madrid, sin embargo, aseguran que el césped cumple exactamente con las normas, tanto en este curso como en temporadas anteriores, y que incluso ha mejorado su estado en el último mes tras los daños causados por el frío de principios de año, que en su momento generaron quejas de jugadores del propio equipo como Koke y Griezmann. Además, apuntan que la UEFA no habría autorizado el entrenamiento culé si el campo no se ajustara a los requisitos reglamentarios.
Otro elemento clave es el riego. La normativa europea establece que el césped puede regarse dos veces si hay acuerdo entre ambos equipos, una antes del partido y otra después, aunque el riego debe finalizar como norma general 60 minutos antes del inicio. Durante el entrenamiento del Barcelona, los aspersores del Metropolitano entraron en funcionamiento, lo que también llamó la atención del cuerpo técnico visitante.
No es la primera vez que el Barcelona protagoniza este tipo de reclamaciones en estadios rivales. En 2016, en otra eliminatoria de cuartos frente al Atlético, el club azulgrana se quejó del césped del Vicente Calderón. Y en las semifinales de 2011, el equipo que entonces entrenaba Pep Guardiola también cuestionó el estado del tapete del Santiago Bernabéu antes del partido de ida. Una tradición que, con Flick en el banquillo, se mantiene intacta.