La inteligencia artificial lleva años prometiendo una revolución igual de disruptiva que Internet. Pero los datos empiezan a revelar una verdad incómoda: no todo el mundo está sacando partido de ella. Según un reciente análisis de PwC, el 74% del valor económico generado por la IA va a parar a apenas el 20% de las empresas. El resto experimenta, prueba pilotos y anuncia estrategias, pero sin trasladar esa apuesta a resultados reales. La brecha entre líderes y rezagados no para de crecer, y el tiempo para cerrarla se agota.
El mecanismo detrás de esta concentración es sencillo de explicar, aunque difícil de revertir. Según las predicciones empresariales de PwC para 2025, las empresas de alto rendimiento tienen el doble de probabilidades de obtener valor de la IA generativa en comparación con el resto. Lo que les diferencia no es el acceso a la tecnología —los modelos de lenguaje están al alcance de cualquiera— sino cómo la integran: no como una herramienta aislada, sino como una capa transversal que transforma sus operaciones de arriba abajo. Según la encuesta Pulse Survey de PwC de octubre de 2024, el 49% de los líderes tecnológicos ya afirma que la IA está "totalmente integrada" en la estrategia comercial de sus empresas. En ese selecto grupo están los que capturan el grueso de las ganancias.
Qué hacen diferente los que ganan
La distinción entre líderes y seguidores no es tecnológica, es estratégica. Los que generan valor real con la IA evitan lo que PwC llama "la trampa de los casos de uso": lanzar pruebas piloto aisladas que producen resultados locales pero nunca escalan. En lugar de eso, priorizan patrones de uso que pueden replicarse a lo largo de toda la organización. El resultado, según datos de la propia consultora, son mejoras de entre el 20% y el 30% en productividad, velocidad de comercialización e ingresos, aplicadas primero en un área y luego en otra hasta transformar la compañía entera.
Otro diferenciador clave es el tratamiento de los datos. La IA generativa puede parecer fácil de desplegar, pero aprovechar todo su potencial exige una arquitectura de datos robusta: fuentes autorizadas, gobernanza clara, integración con la nube y modelos adaptados al conocimiento institucional propio. Las empresas que ya habían modernizado su infraestructura de datos antes de la llegada de la IA generativa son las que hoy recogen los frutos. Las que no lo hicieron se enfrentan ahora a una doble inversión: digitalizar el pasado mientras intentan competir en el presente.
A esto se suma el factor humano. Según el Barómetro Global de la IA en el mundo laboral 2025 de PwC, la IA está aumentando la productividad de los trabajadores y generando una ventaja salarial medible para quienes dominan habilidades en IA. En ese informe, elaborado a partir del análisis de cerca de mil millones de ofertas de empleo en seis continentes, se detecta que el cambio de habilidades en los empleos expuestos a la IA se está acelerando. Las organizaciones que invierten en formación y rediseñan sus flujos de trabajo en torno a agentes de IA —con personas orquestando y supervisando en lugar de ejecutando tareas rutinarias— obtienen ventajas duraderas que los rezagados tardan años en replicar.
España, en fase de experimento permanente
El diagnóstico para las empresas españolas es preocupante. Según datos del Banco de España basados en su Encuesta sobre la Actividad Empresarial (EBAE), casi el 20% de las empresas españolas emplea sistemas de IA, pero en la mayoría de ellas el uso se encuentra aún en una fase experimental. Los principales obstáculos identificados son tres: la falta de mano de obra cualificada, los altos costes de implantación y la indisponibilidad de datos estructurados. Las empresas españolas usan la IA principalmente para optimizar procesos internos y en marketing, mientras que la automatización de tareas de mayor valor y la innovación tienen un uso muy limitado.
El retraso es aún más pronunciado en el tejido empresarial mayoritario, las pymes. Según el II Informe de Pymes y Autónomos de Hiscox, cuatro de cada diez pymes españolas siguen sin percibir ninguna ventaja en la IA, a pesar de que su adopción se ha triplicado desde 2022. Un 23,3% de las pequeñas empresas ya la utiliza, pero la inversión media sigue por debajo del nivel de 2022. La incertidumbre, la falta de recursos y el desconocimiento actúan como frenos estructurales difíciles de remover sin apoyo externo.
La comparación con otros países europeos deja el retrato completo. Un análisis de Microsoft detectó que solo el 20% de las empresas españolas ha ido más allá de fases iniciales de prueba de concepto, frente a una media del 32% en el resto de países europeos participantes. Es decir, España no solo está por debajo del grupo líder global que capta el 74% del valor: también va a la zaga dentro de su propio entorno regional.
El riesgo de quedarse fuera de esa élite del 20% no es abstracto. Según investigaciones de PwC sobre reinvención empresarial, las organizaciones con la combinación ganadora de capacidades capturan más del 80% del crecimiento rentable actual, y los líderes de hoy tienen todas las papeletas para seguir siéndolo mañana. Eso significa que el coste de esperar no es cero: cada mes sin una estrategia real de IA es un mes en el que la distancia con los líderes se amplía. Para las empresas españolas, la pregunta ya no es si adoptar la inteligencia artificial, sino si quedan suficientes huecos en ese 20% al que todavía aspirar.