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Kepler activa el mayor clúster de computación orbital del mundo

La empresa canadiense conecta 10 satélites con 40 procesadores Nvidia mediante enlaces láser, marcando un antes y un después en la infraestructura espacial.

Por Carlos García·martes, 14 de abril de 2026·3 min lectura
Ilustración: Kepler activa el mayor clúster de computación orbital del mu · El Diario Joven

La computación en el espacio ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en infraestructura real. Kepler Communications, empresa canadiense especializada en conectividad espacial, ha activado el mayor clúster de computación actualmente operativo en órbita. No es un anuncio ni un proyecto en papel: el sistema lleva funcionando desde enero de este año.

El clúster no responde al modelo de un gran centro de datos flotando sobre nuestras cabezas. Se trata de una arquitectura distribuida formada por 10 satélites que, en conjunto, integran alrededor de 40 procesadores Nvidia Orin orientados al edge computing. Todos ellos están interconectados mediante enlaces láser, lo que permite mover datos entre los nodos con una latencia muy baja. La propia compañía describe la red como una constelación capaz de transportar información en el espacio casi en tiempo real.

La diferencia entre esta propuesta y las grandes visiones orbitales que llevan años circulando es relevante. Mientras actores como SpaceX, Blue Origin o Google trabajan en proyectos de mayor escala —redes masivas de satélites para IA, chips alimentados por energía solar o constelaciones de más de 5.000 naves—, Kepler apunta a algo más inmediato y concreto: procesar los datos donde se generan, sin necesidad de enviarlos a tierra. Eso tiene un valor claro para sensores avanzados y para aplicaciones que requieren respuesta rápida.

El sistema ya opera con datos reales. Según recoge TechCrunch, la compañía transporta y procesa tanto información subida desde tierra como datos captados por cargas útiles alojadas en sus propios satélites. Su modelo de negocio se orienta a ofrecer servicios de procesamiento y conectividad entre distintos activos espaciales, aunque Kepler insiste en no definirse como una empresa de centros de datos, sino como infraestructura para aplicaciones espaciales en órbita baja y más allá.

Uno de los casos más llamativos vinculados a esta constelación es el de Sophia Space, una startup que planea desplegar su sistema operativo propietario sobre seis GPU distribuidas en dos satélites de la red. En un entorno terrestre eso sería algo rutinario, pero en órbita nunca se ha hecho antes. Para Sophia, la prueba tiene además un valor estratégico claro: reducir el riesgo tecnológico antes de su primer lanzamiento previsto para finales de 2027. La empresa también trabaja en ordenadores espaciales con refrigeración pasiva, una solución que busca resolver uno de los grandes retos del sector: el sobrecalentamiento de los componentes en el vacío.

Lo que Kepler ha puesto en marcha no cierra ningún debate, pero sí cambia el tono de la conversación. La computación orbital ya no vive exclusivamente en las presentaciones de inversores. Con este clúster activo y varias empresas —Starcloud, Aetherflux, los gigantes tecnológicos— acelerando sus propios proyectos, la carrera por la infraestructura digital fuera de la atmósfera ha comenzado en serio.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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