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El biopic de Michael Jackson y sus cinco polémicas

La película de Antoine Fuqua llega cargada de controversias legales, cambios de guion y dudas sobre su objetividad

Por Carlos García·domingo, 19 de abril de 2026Actualizado hace 1 h·5 min lectura·7 vistas
Ilustración: El biopic de Michael Jackson y sus cinco polémicas · El Diario Joven

El biopic sobre Michael Jackson dirigido por Antoine Fuqua llega a los cines cargado de años de conflictos, reescrituras millonarias y un debate público que no ha hecho más que crecer. Más de tres años de producción, unas huelgas de Hollywood que paralizaron el rodaje y un acuerdo legal de 1994 que ha condicionado qué puede y qué no puede aparecer en pantalla. El resultado es una película que aún antes de estrenarse ya genera más preguntas que respuestas sobre cómo narrar una vida tan compleja como la del Rey del Pop.

El primer y más espinoso problema es el de las acusaciones de abuso sexual. El documental Leaving Neverland, estrenado en 2019, reabrió heridas al recoger los testimonios de Wade Robson y James Safechuck. Aunque ninguna acusación fue probada en juicio, su peso en el imaginario colectivo es innegable. El guion original de John Logan abordaba el asunto desde el principio, arrancando con el registro policial de Neverland en 1993. Sin embargo, según informaciones de abril de 2026, la producción destinó alrededor de 15 millones de dólares a regrabar escenas para eliminar cualquier referencia a esas acusaciones. La razón está en el acuerdo de 1994 alcanzado durante el caso Jordan Chandler, que incluye una cláusula que prohíbe su representación en cualquier dramatización cinematográfica. Ignorar ese pacto habría supuesto un litigio, pero cumplirlo implica contar una historia con un agujero enorme en el centro.

El segundo foco de polémica tiene que ver con quién controla el relato. El Michael Jackson Estate supervisa cada detalle del proyecto, desde el vestuario hasta el tono de las escenas. Sus albaceas velan por la imagen pública del cantante, lo que reduce significativamente el margen de maniobra del director para ofrecer un retrato con aristas. Esta tensión se hizo pública cuando Paris Jackson, hija del artista, calificó en abril de 2026 partes del guion como mentiras y criticó que la película da lo que quiere una parte del fandom que vive en la fantasía. La pregunta que queda en el aire es si Fuqua puede construir un personaje genuinamente humano dentro de esos límites o si el resultado será una versión edulcorada de una vida que difícilmente admite edulcorantes.

Un guion que evita los años más oscuros

Los sucesivos cambios en el guion constituyen el tercer motivo de controversia. Ante la imposibilidad legal de incluir el escándalo de 1993, la película ha sido reconfigurada para cerrarse en torno al Bad World Tour de finales de los años ochenta. Es decir, el relato termina justo cuando la vida pública de Jackson empieza a complicarse de verdad. Este recorte cronológico es una decisión narrativa con consecuencias claras: convierte lo que podría haber sido un drama denso y reflexivo en algo más parecido a una celebración de grandes éxitos. Los biopics musicales llevan años siendo criticados por sus licencias históricas, como ocurrió con Bohemian Rhapsody. Pero el de Jackson tiene el agravante de que su historia transcurrió en gran parte delante de las cámaras, lo que hace más evidente cualquier omisión.

El cuarto frente abierto es el de la familia. La relación de Michael Jackson con su padre Joe, interpretado por Colman Domingo, es uno de los ejes dramáticos del filme. La producción sitúa su tensión central en el control casi dictatorial que Joe ejerció sobre sus hijos durante los años de formación del grupo Jackson 5. Mostrar esa dinámica obliga a elegir entre dos retratos igualmente incómodos: el del visionario que forjó leyendas a costa de la salud mental de sus hijos, o el del padre abusivo que dejó heridas permanentes. Una versión demasiado suavizada ofendería a quienes conocen los testimonios históricos de maltrato. Una demasiado cruda podría generar fricción con el propio Estate, que financia el proyecto. Ninguna de las dos opciones está exenta de riesgo.

El reto de retratar la transformación física y la adicción

El quinto y último desafío es el de la representación física y médica del artista a lo largo de las décadas. La película debe abordar los cambios de apariencia de Jackson, relacionados con el vitíligo y las intervenciones de cirugía estética, así como su adicción a los analgésicos, que se originó tras el accidente durante el rodaje de un anuncio de Pepsi en 1984. Mostrar esa espiral sin caer en el morbo de la prensa sensacionalista, pero sin ocultar la realidad de su dependencia, es uno de los equilibrios más difíciles que tiene que resolver el filme.

El encargado de encarnar todo eso es Jaafar Jackson, sobrino del cantante, cuyo parecido físico natural con su tío fue determinante para el casting. Aun así, el actor necesitó meses de entrenamiento intensivo para replicar la coreografía y el timbre vocal del artista, y la producción tuvo que detener el rodaje en varias ocasiones para ajustar prótesis y vestuario. El resultado estará bajo el escrutinio de millones de fans y de un número similar de detractores, que esperan ver si la película logra humanizar al hombre o se limita a imitar al icono.

Michael llega, por tanto, con una deuda difícil de saldar: la de una historia que ha sido podada, supervisada y reescrita hasta el punto de que la gran pregunta ya no es solo si será una buena película, sino si podrá ser una película honesta sobre uno de los artistas más influyentes y controvertidos del siglo XX.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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