Los líderes de la Unión Europea se reunirán en sesión informal el próximo jueves en una cita que marca un doble hito: la discusión formal de la cláusula de defensa colectiva del Tratado de la UE y, previsiblemente, la última participación de Viktor Orbán como primer ministro húngaro en una cumbre de este tipo. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ya ha enviado la carta de convocatoria oficial, que especifica como punto central el análisis del artículo 42, apartado 7, del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
Ese artículo, conocido como la cláusula de defensa mutua o de asistencia colectiva, obliga a los Estados miembros a prestar ayuda por todos los medios a su alcance a cualquier país de la UE que sea víctima de una agresión armada en su territorio. Su activación formal es poco frecuente —Francia lo invocó en 2015 tras los atentados de París— y su discusión en el seno del Consejo Europeo refleja el nuevo clima de seguridad que atraviesa el continente desde la invasión rusa de Ucrania.
El contexto geopolítico es determinante para entender por qué este artículo centra ahora la agenda. La guerra que Vladimir Putin desencadenó contra Ucrania en febrero de 2022 ha acelerado el debate sobre la autonomía estratégica europea y la capacidad real de los países miembros para defenderse sin depender exclusivamente de la OTAN. Volodímir Zelenski ha reclamado en múltiples ocasiones compromisos más firmes por parte de los socios europeos, y la cúpula comunitaria lleva meses trabajando en iniciativas de rearme y coordinación militar que ahora buscan respaldo político al más alto nivel.
La presencia de Orbán añade una capa de complejidad simbólica y política a la reunión. El líder húngaro ha sido, durante años, el principal disidente interno de la UE en materia de apoyo a Ucrania: bloqueó durante meses fondos destinados a Kiev, mantuvo una postura cercana al Kremlin y frenó varias decisiones comunitarias que requerían unanimidad. Su salida del poder —si los plazos políticos en Budapest se confirman— aliviaría una de las principales fuentes de bloqueo dentro del bloque, aunque la transición húngara todavía no está cerrada.
La reunión informal del Consejo Europeo no tiene poder de decisión vinculante por sí misma, pero sirve como espacio de debate político al más alto nivel para orientar las posiciones de los gobiernos antes de negociaciones formales. Que el artículo 42.7 figure expresamente en la convocatoria de António Costa indica que hay voluntad de elevar el perfil del debate sobre defensa y de implicar directamente a los jefes de Estado y de Gobierno, no solo a los ministros de Exteriores o Defensa.
Desde Bruselas, los analistas apuntan que la discusión no se limitará a la letra del tratado, sino que servirá para explorar cómo articular mecanismos de respuesta colectiva más ágiles y visibles políticamente. El Consejo Europeo ha aprobado en los últimos meses varios paquetes de apoyo a la industria de defensa y ha impulsado instrumentos como el SAFE (Safe and Affordable Funding for Europe) para financiar compras conjuntas de armamento, pero los compromisos políticos de fondo siguen en construcción.
Chipre, otro de los países mencionados en el contexto de la convocatoria, representa un caso particular dentro del debate de defensa europeo: es el único Estado miembro que no pertenece a la OTAN y cuyo territorio está parcialmente ocupado desde la intervención militar turca de 1974. La isla tiene un interés directo en que la cláusula de defensa mutua de la UE tenga peso real y no sea una declaración retórica.
La cumbre del jueves se celebra en un momento en que varios gobiernos europeos han incrementado significativamente sus presupuestos de defensa, presionados tanto por la guerra en Ucrania como por las señales procedentes de Washington sobre un posible repliegue del compromiso estadounidense con la seguridad del continente. El debate ya no es si Europa debe reforzar su capacidad de defensa autónoma, sino a qué ritmo y con qué instrumentos colectivos. La reunión informal de la próxima semana no resolverá esas preguntas, pero sí trazará el marco político en el que se moverán las respuestas durante los próximos meses.