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Curazao apuesta por el Mundial para relanzar su turismo

La isla caribeña, la más pequeña en clasificarse para una Copa del Mundo, quiere aprovechar el foco mediático para atraer visitantes.

Por Carlos García·martes, 14 de abril de 2026·4 min lectura
Ilustración: Curazao apuesta por el Mundial para relanzar su turismo · El Diario Joven

Curazao vive un momento singular. La pequeña isla caribeña, territorio autónomo dentro del Reino de los Países Bajos, ha logrado clasificarse para una Copa del Mundo por primera vez en su historia, un hito deportivo que su primer ministro, Gilmar «Pik» Pisas, quiere convertir también en un motor económico. «Estamos en el mapa», ha declarado Pisas a la agencia AFP, sintetizando en tres palabras lo que supone este momento para un territorio de apenas 160.000 habitantes.

Con una superficie inferior a los 450 kilómetros cuadrados, Curazao será el participante más pequeño por población en disputar una Copa del Mundo. Esa dimensión, lejos de verse como un handicap, se ha convertido en parte del relato que las autoridades locales quieren proyectar al exterior: la historia del equipo diminuto que llegó al torneo más visto del planeta. Para el ejecutivo de Pisas, la repercusión mediática generada alrededor del combinado nacional es una ventana de promoción turística que difícilmente podría comprarse con dinero.

El turismo ya es uno de los pilares de la economía curazaleña. La isla, conocida por sus playas de aguas turquesas, su arquitectura colonial holandesa de colores vivos en Willemstad —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO— y su pasado como paraíso fiscal, recibe anualmente a cientos de miles de visitantes procedentes principalmente de Europa y Norteamérica. La clasificación mundialista abre la posibilidad de atraer nuevas audiencias, especialmente de mercados latinoamericanos y asiáticos menos familiarizados con el destino.

La refinería Isla, en un segundo plano

Al margen del fútbol, Curazao carga con otra cuestión pendiente de enorme peso económico: la refinería Isla, una de las instalaciones petrolíferas más grandes del Caribe, lleva cerrada más de cinco años. Su parálisis está directamente ligada a las sanciones que Estados Unidos impuso al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, país que históricamente ha abastecido de crudo a esta infraestructura bajo acuerdos de arrendamiento con el gobierno curazaleño.

Pisas ha dejado claro que no tiene «prisa» por reabrir la instalación. La cautela del primer ministro refleja la complejidad del escenario geopolítico: cualquier movimiento para retomar operaciones en la refinería exigiría negociar con actores venezolanos o encontrar nuevos socios inversores, todo ello en un contexto marcado por la presión de Washington sobre Caracas. La captura de Maduro —o al menos el proceso judicial abierto contra él en tribunales estadounidenses— añade otra capa de incertidumbre sobre el futuro de las relaciones energéticas en la región.

La refinería Isla procesaba en su época de máximo rendimiento más de 300.000 barriles diarios y fue durante décadas el corazón industrial de la isla. Su cierre prolongado ha dejado un vacío económico que el sector turístico no puede compensar por sí solo, pero que tampoco parece urgente para un gobierno que, según las declaraciones de su primer ministro, prefiere la estabilidad jurídica y política antes que una reapertura precipitada.

Un pasado fiscal que se transforma

Curazao arrastra también la etiqueta de antiguo paraíso fiscal, una reputación construida durante décadas gracias a su régimen tributario favorable y su posición estratégica entre América del Sur y Europa. En los últimos años, bajo presión de la Unión Europea y la OCDE, el territorio ha ido ajustando su marco normativo para alinearse con los estándares internacionales de transparencia fiscal, aunque sigue siendo un centro financiero offshore de relevancia en la región caribeña.

Este proceso de transformación de imagen —de paraíso fiscal a destino turístico y sede mundialista— es, en parte, lo que el primer ministro Pisas quiere acelerar con la visibilidad que otorga el Mundial. La Copa del Mundo no solo pone a Curazao en los marcadores deportivos, sino que puede contribuir a reposicionar la percepción internacional de la isla hacia atributos más vinculados al deporte, la cultura y el ocio.

El reto para las autoridades curazaleñas será materializar ese interés mediático en llegadas reales de turistas y en inversión. Los grandes torneos deportivos generan un pico de atención que se desvanece con rapidez, y convertir esa atención en impacto económico duradero exige una estrategia de marketing y una infraestructura turística capaz de absorber la demanda. Por ahora, Curazao tiene algo que pocos territorios de su tamaño pueden presumir: un equipo en un Mundial y, según su primer ministro, la certeza de que el mundo empieza a saber que existe.

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Redactado por inteligencia artificial · Revisado por la redacción

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