Oviedo lleva semanas respirando deporte. Por las calles del centro de la capital asturiana se cruzan grupos de jóvenes con chándales de distintas ciudades españolas: son los gimnastas desplazados para competir en el Campeonato Nacional de Base, que se disputa estos días en el Palacio de los Deportes. No es un evento aislado. Junto a él, la ciudad acoge la gala anual de la Federación Española de Atletismo, que por primera vez en su historia sale de Madrid. Dos citas de ámbito estatal que coinciden en el tiempo y que, según los responsables municipales, son solo el principio.
La marchadora María Pérez, una de las grandes figuras del atletismo español en los últimos años, ha aprovechado su presencia en la ciudad para visitar colegios y acercar su deporte a los más jóvenes. Es el tipo de acción que, aunque discreta, siembra afición en especialidades que rara vez ocupan portadas. Y en Oviedo, que lleva años intentando sacudirse el letargo en materia deportiva, cada grano de arena cuenta.
El peso de una historia gloriosa
Para entender el momento actual hay que mirar atrás. La ciudad vivió una auténtica edad de oro del deporte en las décadas de los setenta y ochenta, impulsada por la apertura del Palacio de los Deportes. Aquel pabellón recién inaugurado fue el escenario del Mundial de hockey sobre patines de 1976, uno de los eventos de mayor resonancia internacional que ha albergado Oviedo. La pista cubierta del mismo recinto acogió en los años ochenta reuniones de atletismo de primer nivel, con intentos de récord del mundo incluidos, como el que protagonizó José Luis González en los 1.500 metros en 1986, y meetings internacionales en los que participaron figuras de la talla de Carl Lewis.
El punto álgido llegó ese mismo año con el Mundial de Baloncesto de 1986, cuando Oviedo fue sede de la fase de semifinales y recibió a algunas de las mayores estrellas del deporte mundial del momento. Décadas después, en 2012, la Copa Davis dejó en la ciudad uno de sus últimos grandes eventos internacionales, ya con el Palacio en una situación que exigía una renovación urgente. Desde entonces, el silencio.
Un Palacio renovado y un Naranco en construcción
La profunda rehabilitación del Palacio de los Deportes es hoy la gran palanca para recuperar ese protagonismo perdido. La instalación, completamente reformada, se presenta como el escenario ideal para volver a atraer competiciones de nivel nacional e internacional. El Oviedo Baloncesto ya es uno de sus principales inquilinos y está aprovechando el nuevo impulso: la asistencia de público se ha multiplicado en las últimas temporadas, y el club ha crecido en ambición y en estructura.
Pero la apuesta de la ciudad no se queda ahí. En Ciudad Naranco avanza la construcción de una nueva pista cubierta de atletismo, que cuenta con el respaldo expreso de la Federación Española. Las obras están en sus primeras fases, pero la señal política y federativa es clara: Oviedo tiene el apoyo institucional necesario para convertirse en un referente nacional del atletismo bajo techo. El proyecto, si se ejecuta con las condiciones prometidas, podría ser una infraestructura de referencia en el norte de España.
Al margen de estas dos instalaciones, el estadio de atletismo de San Lázaro sigue siendo una asignatura pendiente. Las pistas al aire libre llevan años sin actualizarse en serio y se han quedado desfasadas respecto a los estándares actuales. Su renovación podría ser el siguiente gran reto deportivo para la ciudad, aunque de momento no hay calendario definido.
Ciudad Europea del Deporte, una etiqueta que hay que llenar
Oviedo ostenta el reconocimiento de Ciudad Europea del Deporte, un sello que no es solo honorífico: implica un compromiso con la promoción del deporte en todos sus niveles, desde la élite hasta la base. Ese marco institucional es el que da coherencia a la agenda de los últimos meses y el que justifica la concentración de eventos que está viviendo la ciudad.
La clave ahora no está solo en tener instalaciones, sino en saber qué poner dentro de ellas. Oviedo ha recuperado músculo infraestructural después de años de inversión y reforma. El reto que tiene por delante es programar con criterio, atraer competiciones de calidad de forma sostenida y construir una relación estable entre la ciudad y el deporte de alto nivel. Los brotes son visibles. Convertirlos en algo duradero depende de las decisiones que se tomen en los próximos años.