Las brañas asturianas, esos pequeños enclaves de pastoreo en altura que salpican la geografía de la cordillera Cantábrica, protagonizan un nuevo documental que busca preservar su memoria y abrir un debate sobre su futuro. "El semblante", dirigida por Juanjo Menéndez, se proyecta el próximo 27 de abril en el marco de una sesión que combina cine, poesía y reflexión colectiva sobre uno de los patrimonios culturales más frágiles de Asturias.
La cita tiene lugar en el Club de Prensa Asturiano, en Oviedo, y no se limita a una proyección convencional. Tras el documental, está previsto un coloquio en el que participarán el propio director, Juanjo Menéndez; Adolfo García, antropólogo especializado en cultura rural; y Xosé Lluis García Arias, fundador y expresidente de la Academia de la Llingua Asturiana, la institución que vela por la normalización del asturiano. La combinación de estas tres figuras apunta a un debate que irá más allá de la nostalgia: la pregunta de fondo es qué puede quedar en pie de este modo de vida y qué papel deben jugar las instituciones y las comunidades locales.
Las brañas son asentamientos temporales de uso ganadero, habitualmente situados en zonas de media y alta montaña, donde los vaqueiros y otros pastores trashumantes pasaban parte del año con sus rebaños. En Asturias, estos enclaves tienen una identidad propia que mezcla arquitectura popular, lengua, costumbres y una relación particular con el territorio. Lugares como la Braña de Tuiza, en el concejo de Teverga, son ejemplos de un paisaje cultural que convive hoy con el despoblamiento, el envejecimiento y la presión de un modelo económico que no siempre encuentra acomodo en estas altitudes.
El documental de Menéndez se adentra en ese territorio con una mirada cercana, sin artificios. "El semblante" no es una pieza de denuncia al uso ni un ejercicio de folclorismo, sino un retrato de la cotidianidad de quienes aún habitan o frecuentan estos espacios, y de lo que significa mantener viva una forma de entender el mundo que no encaja fácilmente en los parámetros urbanos contemporáneos. El título ya anticipa esa voluntad de mirar a la cara, de no apartar la vista de lo que está en riesgo.
La velada incorpora además dos momentos poéticos que refuerzan el carácter cultural del evento. Se leerá el conocido poema de Ángel González, el poeta ovetense cuya obra es uno de los referentes de la lírica española del siglo XX: "Para que yo me llame Ángel González". Y se proyectará el poema "El corazón del silenciu: La inquietú que nos quema", de Xuan Bello, uno de los escritores asturianos más reconocidos en lengua asturiana, cuya obra ha contribuido a dignificar literariamente el asturiano en las últimas décadas. La inclusión de ambas piezas no es casual: la identidad, la tierra y el tiempo son hilos comunes que conectan la poesía de González y Bello con el universo del documental.
La presentación del acto correrá a cargo del periodista Tete Bonilla, figura conocida en el ecosistema cultural asturiano. Su presencia subraya el tono de la sesión: una propuesta que aspira a llegar tanto al público interesado en el cine documental como a quienes siguen de cerca los debates sobre el medio rural, la identidad regional o la situación del asturiano como lengua.
El evento se enmarca en un contexto más amplio de creciente interés por el patrimonio rural en Asturias. En los últimos años, varias iniciativas públicas y privadas han intentado documentar, digitalizar o poner en valor los modos de vida de las zonas de montaña, en parte como respuesta a la aceleración del despoblamiento rural que afecta a toda España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, muchos concejos asturianos del interior han perdido más de la mitad de su población en las últimas cinco décadas, un proceso que convierte la documentación de estas realidades en una tarea con cierta urgencia.
La sesión del 27 de abril en el Club de Prensa Asturiano ofrece así una oportunidad poco habitual: ver un documental sobre las brañas y luego discutir, con sus protagonistas intelectuales, qué implica preservar este patrimonio vivo y qué decisiones —culturales, políticas, económicas— determinan su futuro. Una tarde que mezcla imagen, palabra y debate en torno a una pregunta sencilla pero exigente: qué queda de las brañas y qué queremos que quede.