Cada verano, los incendios forestales vuelven a ponerse en el centro de la atención pública en España. Las imágenes de montes en llamas y superficies reducidas a cenizas son habituales, pero muchas veces queda en segundo plano el impacto sobre la fauna silvestre. Mamíferos, aves, reptiles, insectos y especies acuáticas sufren grandes consecuencias no solo durante el incendio, sino también en los meses y años posteriores.
Cómo afrontan los animales un incendio
Aunque existe la percepción general de que la mayoría de los animales perecen atrapados entre las llamas, la realidad es distinta. Muchas especies identifican el peligro con antelación gracias al calor, el humo o vibraciones específicas, y logran escapar. Aves y mamíferos de mayor tamaño, como ciervos, rapaces o jabalíes, son capaces de desplazarse a tiempo y aumentar sus posibilidades de supervivencia. Sin embargo, especies menos móviles —como reptiles, anfibios, pequeños mamíferos o crías dependientes de nidos o madrigueras— tienen menos opciones y sufren una elevada mortalidad cuando no consiguen huir.
Una estrategia de algunos animales para evitar el fuego es ocultarse bajo tierra. Hormigas, roedores y ciertos reptiles aprovechan galerías y madrigueras, donde la temperatura puede ser más baja, para refugiarse mientras dura el incendio. No obstante, esta táctica solo funciona si el calor no es excesivo o si el fuego no permanece demasiado tiempo en el área, ya que en esos casos ni siquiera estos refugios resultan efectivos, según datos del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).
Riesgos tras el fuego: el reto de la recuperación
El principal desafío para la fauna suele comenzar tras apagarse las llamas. La desaparición de la vegetación destruye fuentes de alimento, cobijo y áreas de reproducción. La mayoría de los animales deben abandonar la zona quemada y buscar nuevos territorios, donde frecuentemente compiten con especies ya establecidas, lo que genera un aumento de la presión por recursos limitados. Además, con la cobertura vegetal reducida, los animales que sobreviven quedan mucho más expuestos a los depredadores.
La falta de sombra, agua y alimento afecta de forma diferente a cada grupo. Las aves suelen recolonizar rápidamente el terreno, especialmente las adaptadas a áreas abiertas. Algunas especies se benefician temporalmente de los terrenos despejados que quedan tras el fuego. Sin embargo, anfibios y reptiles, muy sensibles a los cambios de temperatura y humedad, necesitan mucho más tiempo para recuperarse. Los insectos muestran una gran variedad de respuestas; algunos desaparecen, mientras que otros colonizan la nueva vegetación en regeneración. Estos cambios, sobre todo en insectos, pueden alterar procesos clave del ecosistema, como la polinización y el reciclaje de materia orgánica.
Impacto a largo plazo: ¿puede la naturaleza volver a su estado original?
En los ecosistemas mediterráneos, el fuego ha formado parte del ciclo natural e incluso algunas plantas han desarrollado mecanismos para rebrotar tras un incendio. Sin embargo, los expertos advierten de que una frecuencia alta o incendios demasiado intensos superan la capacidad de recuperación del entorno. El cambio climático, junto con olas de calor y sequías recurrentes, dificulta aún más la regeneración natural entre un incendio y otro, según investigaciones recogidas por SilvaWorld.
Si los fuegos se repiten sin dejar tiempo suficiente para que la vegetación y la fauna se restablezcan, el ecosistema puede degradarse de forma irreversible. Las consecuencias no solo afectan a las especies que desaparecen, sino que también alteran el equilibrio y funcionamiento de todo el entorno.
Recomendaciones de expertos para ayudar a la fauna tras el incendio
Tras el paso del fuego, no es raro ver animales desorientados, heridos o en busca de alimento cerca de núcleos urbanos o carreteras. Los organismos de gestión ambiental recomiendan avisar siempre a los agentes medioambientales o a un centro de recuperación especializado si se encuentra fauna en situación vulnerable. Es importante evitar manipularlos directamente o acceder sin autorización a zonas recién quemadas, ya que esto puede aumentar el estrés de los animales y dificultar las labores de recuperación.
Los especialistas insisten en que la mejor forma de proteger la fauna silvestre es la prevención de grandes incendios. Esto se logra mediante una gestión forestal adecuada, la reducción del material combustible, la vigilancia en épocas de riesgo y la restauración activa de los ecosistemas dañados.
El aumento de incendios forestales en España obliga a reflexionar no solo sobre la pérdida de cobertura vegetal, sino sobre el futuro de la biodiversidad y la estabilidad ecológica. Proteger los bosques es también garantizar la supervivencia de miles de especies que dependen de ellos, muchas de ellas invisibles ante el gran público, pero esenciales para el equilibrio natural.